Aunque de acuerdo a los datos más recientes del INE del pasado junio todas las autonomías – a excepción de La Rioja (+3,3%) – han visto caer su tasa de nacimientos, el saldo vegetativo castiga especialmente a nuestra región y, en particular, a nuestra provincia, en la que por cada nacimiento en 2019 se produjeron tres defunciones.

En Castilla y León el dato es de 14.299 muertes más que nacimientos, el segundo peor saldo vegetativo de España, sólo superada por Galicia, con 15.631. Las demás provincias de Castilla y León tienen unos índices de natalidad más altos, no obstante, en el conjunto de la comunidad hay el triple de defunciones que de nacimientos.

 Mientras, el envejecimiento poblacional de nuestra provincia ha ocasionado un saldo vegetativo de -3.777 personas durante el pasado año, con 2.370 nacimientos y 6.147 muertes.

LA PIRÁMIDE POBLACIONAL SIGUE PERDIENDO BASE

A tenor de los datos del Instituto Nacional de Estadística a finales del año pasado, León, con una tasa bruta de natalidad de 5,68 nacimientos por cada mil habitantes, solo está por delante de dos provincias: Ourense y Asturias.

Estos datos son una muestra más de la situación de deterioro demográfico en la que se encuentra toda España. Esta situación se agravó especialmente a partir de la crisis económica de 2008.

Debido a este estado en el que hay más defunciones que nacimientos, y a que la esperanza de vida sigue en aumento, nos encontramos con una población cada vez más envejecida.

Esto tiene fuertes consecuencias, sobre todo para la economía, y además pone en peligro el relevo generacional. 

Las causas se pueden resumir en razones económicas y en falta de apoyo a la conciliación familiar, una situación que la crisis del coronavirus ha puesto aún más de manofiesto.

Las españolas actualmente tienen menos hijos y los tienen más tarde, alrededor de los 32 años. El 50 % de los niños que nacen ahora en León son de madres que no están casadas. Sin embargo, según también el INE se puede observar que los hombres y las mujeres siguen queriendo tener hijos.

Algo que preocupa a los expertos es que casi tres de cada cuatro mujeres quieren tener al menos dos hijos, pero no los tienen. Esto se traduce en que sigue habiendo precariedad, ya que la natalidad es una tendencia paralela a la economía. 

En definitiva, las familias que quieren tener hijos se encuentran, por tanto, en una situación hostil. Todo esto hace que sea necesario el planteamiento de nuevas políticas efectivas para fomentar la natalidad y la conciliación para esta situación cambie.