Adiós, triste adiós

La conexión: artículo dominical de opinión y análisis político

Concluye la legislatura en las Cortes de Castilla y León con más pena que gloria. El último pleno sólo sirvió para que Herrera, en su tardía despedida, esbozara unas lágrimas. De cocodrilo. Se marcha por la puerta de atrás, por la gatera. Nadie le va a echar de menos, ni siquiera en su partido, sobre todo tras el estropicio de las primarias, en las que apostó con todo lo que tenía por su discípulo Silván y el ganador fue el oscuro secretario, Mañueco. Es el peligro de unas primarias en manos de un partido de derechas. Le salió rana Valdeón, le estalló en las manos Silván y ganó Mañueco. Ahora, es posible que la cosecha en el 26M sea como la que se adivina para el cereal de secano. Mala.

Pero hay un aspecto en el que Herrera ha fracasado totalmente: la regeneración de su partido y de la Junta. Han sido demasiados años, dieciocho, en el gobierno como para darse cuenta de que su realidad no es la misma que la de la gente de la calle. Ha estado muchos años autosecuestrado en la autocomplacencia. Ahí están, por ejemplo, las oportunidades perdidas de las comisiones parlamentarias de investigación sobre el edificio de la Perla Negra, el hospital de Burgos, la trama eólica o la bancarrota de las cajas de ahorro. Herrera y los suyos se pusieron de perfil, adoptaron la pose de la esfinge y dieron tiempo a que se terminara la legislatura. Que vengan los siguientes.

Pues, ojalá, venga el cambio porque alguien deberá de levantar las alfombras de esta especie de oasis castellano y leonés. Ya se sabe cómo ha terminado el oasis catalán, en una loca huida hacia el precipicio. ¿Cómo terminará el oasis castellano y leonés? Vamos a esperar a los resultados del 26M.

La comisión de investigación de la desaparición de las cajas de ahorro ha sido un claro ejemplo de disimulo y de hipocresía para ni siquiera hacer un mínimo de autocrítica. ¿La culpa de la debacle de las cajas de ahorro? Pues la crisis que nadie previó y, sobre todo, la negligencia del Banco de España que no cumplió con su obligación de supervisar y auditar hasta el fondo. ¿Y la Junta?, ya se sabe, los mismos que designaban a la mitad de los miembros de los consejos de administración o consensuaban candidatos para las direcciones generales e incluso avalaban nombramientos en los comités de dirección. Nada, cero responsabilidades, aunque siempre hubiese en las comisiones de control de las cajas de ahorro un representante de la Junta. Tampoco se enteró de nada.

Manuel Mitadiel, procurador de Ciudadanos y presidente de la comisión de investigación sobre la desaparición de las cajas de ahorro en Castilla y León ha llegado hasta donde ha podido. Y, la verdad, lo ha intentado con ahínco y honestidad. Por no colaborar con la comisión no lo ha hecho ni el Banco de España. Claro, qué van a decir los del Banco de España cuando su anterior presidente, Fernández Ordóñez, ha confesado que sólo hizo dos cosillas en Bankia, dos cosillas justo antes del fiasco de su salida a Bolsa y de su intervención por parte del Gobierno. Una monumental bancarrota, que aún estanos pagando.

El Banco de España autorizó que las cajas fusionadas –caso de España y Duero, por ejemplo- cargaran a reservas y  no a la cuenta de resultados sus deterioros inmobiliarios. Las pérdidas hubieran sido multimillonarias y se habría provocado una pérdida total de confianza por parte de los clientes en las cajas y de los votantes en sus gestores. Por eso, a Herrera le vino bien el puente de plata que le sirvió el Banco de España. Su honor ya estaba a salvo. La culpable era la crisis y, claro, los de Madrid, siempre el recurso del enemigo exterior. Así que cuando vino Unicaja, en el caso de España-Duero, Herrera recibió a Braulio Medel como el salvador. Y dejó hacer. Hasta la catástrofe total.