Uno intenta encontrar una explicación racional a lo que esta semana ha sucedido en Madrid y  no la encuentra, pero hay una frase lapidaria de esas que pronuncia la gente de la calle sin darse cuenta de su trascendencia y que resume perfectamente la situación: “Priman la política sobre la salud. Juegan con  nosotros”. Así es. Y da igual que sean azules, rojos o naranjas. Ya no hay diferencias entre ellos. Los madrileños se han convertido en rehenes de la peor clase política que les ha gobernado o tutelado en los últimos decenios. A falta de soluciones bien valen los garrotazos y el argumento ya consabido de “y tú más”. A estas alturas ya monta tanto, tanto monta Ayuso como Illa (Sánchez). Ya solo falta que a uno de los dos se le ocurra como última solución, y aprovechando la festividad de mañana, traer el manto de la virgen del Pilar y pasearlo en helicóptero por el cielo de Madrid.  A ver si la tradicional cultura de la expiación española se impone otra vez a la ilustración y a la racionalidad. Para lo que nos sirve pensar.

Contrasta el frente cainita y guerracivilista de Madrid con lo que está sucediendo en ciudades como León, San Andrés del Rabanedo, Palencia u Orense, por poner sólo ejemplos del noroeste, ciudades casi confinadas, con limitaciones severas a sus libertades individuales y donde como es el caso de León o San Andrés, gobernadas por alcaldes socialistas sin que por ello nadie se eche a las trincheras, ponga barricadas ideológicas, ni acuda a los tribunales como excusa justiciera. En todos estos casos y valga el caso de León o de San Andrés, que son los que más conozco,  antes de nada se impone la prioridad de que primero es la salud; segundo es el bienestar de los ciudadanos; tercero, la prevalencia del sistema público de salud; y, quizá, ya en cuarto o quinto lugar, la política.

Se podrá estar de acuerdo o no en si la Junta de Castilla y León ha cumplido sus promesas de dotar con más unidades de Ucis a los hospitales de León, Bierzo y Palencia; si se han cubierto o no las plazas prometidas de personal sanitario en hospitales, centros de salud y consultorios; o si se ha actuado adecuadamente en las residencias de mayores. Ya habrá tiempo de dirimir las responsabilidades políticas a que haya lugar. Ahora, lo que toca es cerrar filas, acatar las normas, apelar a la responsabilidad propia y ciudadana, guardar la distancia social, huir de las reuniones sociales, apoyar a los médicos y enfermeras; en definitiva, actuar con responsabilidad frente a un enemigo común que es este maldito coronavirus, que parece ser no hay manera de doblegar por las buenas ni por las malas. Salvo que lo hagamos con racionalidad y responsabilidad.

Frente a la actitud irresponsable, suicida, cainita y guerracivilista de Madrid existe la alternativa responsable de León, San Andrés del Rabanedo o Palencia, por poner solo tres ejemplos. Al otro lado del Guadarrama pueden armar un nuevo Dos de Mayo y sembrar el caos, el desconcierto y la muerte; aquí, a este lado del Guadarrama se prefiere colaborar y actuar con prudencia y responsabilidad aunque alguna vez sea necesario ponerse una pinza en la nariz. La salud, el interés general del ciudadano debe prevalecer sobre las ganas de guerra política. Ya me imagino a los alcaldes Diez (León) y Cabañas (San Andrés) autocensurándose y reprimiéndose, políticamente hablando,  con tal de dar ejemplo y hacer frente común contra el enemigo de todos: el virus. Porque, no se olvide,  si no hay salud  no hay economía.

Y, por cierto, en economía, al menos alguien tiene un plan. Gustará más o menos, pero hasta ahora el presidente del Gobierno, Sánchez, ha sido el único que ha puesto sobre la mesa un plan a corto y medio plazo de reconstrucción nacional y para hacer frente a la crisis derivada de la pandemia. 72.000 millones de euros para construir una futura España verde, digital, sostenible, cohesionada, igualitaria y moderna. Esta propuesta debería haber centrado el debate y no la estupidez política en la que se ha enfangado Madrid. Una vez más, el árbol  no  nos deja ver el bosque.