Cuando uno observa desde el otro lado del cristal el imponente Rolls-Royce blanco que reina estos días en la leonesa Avenida de Europa rodeado de un séquito de impresionantes “Alautos” no puede menos que preguntarse cómo un joven veinteañero consiguió convertir su pasión en una empresa que acaba de cumplir 30 años habiéndose convertido por el camino en una de las más emblemáticas de la ciudad.

Pero una de las claves de ese éxito queda clara nada más cruzar las puertas acristaladas de este concesionario, cuando uno se encuentra con la sonrisa afable y cercana de Alfonso García. Alauto es el acrónimo de “Alfonso Automóviles” y no cabe duda de que es el sello personal de este asturiano de nacimiento y ya, leonés de corazón, lo que ha hecho que cuente con una legión de clientes que se han convertido en los mejores embajadores – o como él prefiere llamarles “alautistas” – de su marca.

¿Cómo ha llegado Alauto a donde está hoy?

Pasión, ilusión y trabajo. Desde niño, escondía bajo los libros los catálogos de Fiat o Lancia – su padre, Celestino, era por aquel entonces gerente del concesionario oficial de ambas marcas en León, así como de los vehículos industriales de Iveco – y en 1989 en la Avenida de la Facultad de Veterinaria, con muy poquitos medios, casi vendiendo un coche para poder comprar otro y con la ayuda de algunos amigos que – seguramente contagiados por su entusiasmo – no dudaban en echarnos una mano o cedernos, como el ya extinto Sánchez Ferrero, vehículos extraordinarios en depósito.

¿Cuál ha sido la mayor dificultad a la que se ha enfrentado? ¿Y su mayor satisfacción?

Pues creo que las mayores dificultades fueron en aquellos primeros años, desde convencer a mis padres de que lanzarme a perseguir aquel sueño era una buena idea – comenta entre risas que, como haría cualquier padre, los suyos abogaban al principio por que buscase la seguridad que da una nómina fija a fin de mes – al ir luchando mes a mes sin saber “si se iba a llegar”.

El mayor logro, estar aquí sentado después de treinta años, con tantos clientes que se han convertido en amigos y prescriptores – los “alautistas” – o cada vez que alguien cruza esa puerta y me pregunta, no por un coche, sino por un “Alauto”.

¿Qué es lo que le diferencia?

Hay algo que yo siempre le digo al cliente “No sé si el coche te fallará, pero yo no”. Aquí, aunque hablemos de “garantía de 3 años”, para mí cada venta es para mí como un “coche compartido”: el cliente sabe que puede apoyarse en mí siempre que lo necesite, sin importar el tiempo que haya pasado.

¿Cuáles son sus metas o próximos retos?

Pues algún día tendré que “retirarme” pero estoy agradecido de seguir viviendo de mi pasión y espero seguir sumando años y clientes, para que siga creciendo ese cariño y ese sentimiento de orgullo que compartimos tantos “alautistas”.

¿Un consejo a alguien que esté pensando en emprender?

Que no se rinda, que se dé tiempo, que aguante, que sea paciente, que no desespere. Habrá días – quizá meses – de cajón vacío. Hay que leer el “prospecto” de montar un negocio… No es fácil y tiene muchos efectos secundarios. Hay que estar preparado para pasarlas canutas, muy canutas y extremadamente canutas.

Siempre digo que para salir adelante en este duro camino que es emprender, hay que provisionar dos cosas, dinero e ilusión, y casi diría que la segunda es casi más importante. Hay rachas en las que las cosas vienen mal dadas y al llegar las dificultades tienes que poder “tirar de las reservas”. Pero si hay ilusión y trabajo, hay muchas posibilidades de conseguirlo.