Alfonso IX, el mismo rey que en 1188 convocaba en León las primeras cortes democráticas del mundo, varias décadas después, en 1225, otorgaba fuero de población a la villa de Almanza, población amurallada, levantada en un lugar estratégico, vigilando el paso de la meseta a la montaña oriental leonesa. Hoy, Alfonso IX tiene dos estatuas en Almanza y su memoria es un punto de apoyo sobre el que este pueblo quiere impulsar su futuro, basado en la diversificación económica y en la apuesta por el turismo. El conjunto histórico medieval de Almanza es bien de interés cultural desde 1949.

Transformar la historia, el arte y el patrimonio en riqueza económica es uno de los objetivos del alcalde de Almanza, Javier Santiago Vélez, quien compatibiliza la Alcaldía con su cargo de senador. La lucha contra la despoblación y la reindustrialización del mundo rural son sus objetivos fundamentales como padre de la patria.

Objetivos que en Almanza se van cumpliendo. Es uno de los pocos pueblos del mundo rural leonés que gana población. En este 2020 ya superan los 600 vecinos, 60 más que en 2017. El 40% de la población tiene menos de 45 años y a las escuelas acuden todos los días 36 niños, incluida un aula de guardería. Son datos modestos, pero relevantes. Marcan un cambio de tendencia en  materia poblacional.

La torre domina todo el caserío/ MC

RECONSTRUCCIÓN DE LA MURALLLA

El símbolo de Almanza es su fina y esbelta torre que corona el punto más alto del pueblo y que es visible desde decenas de kilómetros a la redonda. Es una torre moderna, levantada en la década de los años cuarenta del pasado siglo, en cuya construcción se emplearon materiales de las antiguas murallas y castillo medieval.  Una ocurrencia del entonces arquitecto de la Diócesis, Torbado, que ha terminado por ser aceptada como una genialidad. La torre acaba de ser restaurada y se ha convertido en un cómodo mirador desde el que se divisan las montañas nevadas de los Picos de Europa, la inmensidad mesetaria  de Tierra de Campos, las sombras de Peñacorada y el suave discurrir del río Cea.

Un arco gótico da acceso al casco histórico/ MC

Un cuidado jardín es la antesala de esta torre mirador. Un poco más abajo, los albañiles se afanan en las obras de reconstrucción de parte de la muralla medieval de la villa. Diputación ha destinado algo más de 43.000 euros para esta restauración. Se trabaja en varios paños de muralla y en la reconstrucción de uno de los torreones del antiguo palacio castillo de la villa.

Al lado, el arco gótico del siglo XIII sigue cumpliendo su función de dar acceso franco a la villa. Una calle peatonal bien urbanizada realza el valor artístico e histórico de este arco de piedra, bien conservado.

Obras en un lienzo de la muralla/ MC

La puesta en valor de la muralla, de la casa palacio y de la torre/mirador es parte de la estrategia del alcalde Vélez de diversificar la actividad económica del municipio. Hace unos años, el turismo era irrelevante, ahora ya son más de 13.000 visitantes los que llegan cada año a Almanza. El efecto ha sido inmediato: de dos bares se han pasado a cuatro, que antes generaban menos de diez empleos y ahora, en verano, sobrepasan los 20.

Este dinamismo se ha complementado con la celebración de fiestas medievales y de otras sectoriales dedicadas a la micología, la caza, el senderismo o a la miel. Estos sectores emergentes complementan los tradicionales de la agricultura, ganadería y, sobre todo, el aprovechamiento forestal. El alcalde anda ahora con el proyecto de impulsar un micropolígono industrial, una infraestructura sencilla y básica que atraiga a posibles inversores.

El río Cea bordea el casco urbano/ MC

La asignatura pendiente es la cobertura de internet. Hay que mejorar la conexión e implantar una cobertura potente y de calidad. El secreto de pueblos como Almanza es tomar impulso desde el pasado y exprimir al máximo las oportunidades del siglo XXI. El mundo rural tiene oportunidades de desarrollo y Almanza es un ejemplo.