Uno de esos jóvenes empresarios leoneses de éxito, en plena expansión gracias a su talento, riesgo calculado, diversificación, visión a medio y largo plazo, con capacidad de innovación, con sentido común y de derechas de toda la vida me trata de convencer en plena Plaza de Santo Domingo, centro neurálgico de todas las aspiraciones leonesas, que Portugal es la alternativa al desastre que él pronostica para España con motivo del nuevo Gobierno central de coalición PSOE y Unidas-Podemos, con el apoyo exterior de nacionalistas vascos, regionalistas canarios, gallegos y turolenses e independentistas catalanes. “Un caos”, augura el empresario. Y anuncia que ya está estudiando la posibilidad de materializar en Portugal algunas de sus futuras inversiones.

Le recuerdo que Portugal tiene un gobierno de izquierdas, liderado por el Partido Socialista, con apoyos externos tan sintomáticos como el Partido Comunista y que acaban de aprobar unos presupuestos generales con altas subidas de impuestos. “Ya, pero ellos no tienen un problema catalán”, me responde. Es cierto, aunque han tenido que negociar con diputados de las islas de Madeira para frenar un incipiente sentido nacionalista. “Sí, pero no es lo mismo, ni de lejos”, insiste el empresario leonés, decidido a hacer negocios en el país vecino.

Me temo que el caso de este empresario leonés no es un caso aislado sino un síntoma de cómo la clase empresarial va a recibir al Gobierno que hoy mismo el presidente Sánchez presenta al Rey. En este sentido, esta semana, la FELE reelegirá en su asamblea general a Javier Cepedano como su presidente. Puro continuismo. En su discurso de agradecimiento por la reelección Cepedano hará un análisis de la situación económica general y quizás se atreva a valorar la puesta en marcha del nuevo Gobierno central. ¿Qué le pueden pedir los empresarios leoneses al nuevo Gobierno?, pues más de lo mismo desde hace cuarenta años: bajada de impuestos, mantenimiento de la reforma laboral de los gobiernos de Rajoy, más infraestructuras para el noroeste, oposición inicial a nuevos aumentos del salario mínimo y privatización de servicios públicos.

En cualquier caso es cierto que el nuevo Gobierno central comienza su andadura bajo un general sentimiento de incertidumbre. Y la prueba de fuego serán los Presupuestos Generales del Estado. Quizá por ello, el presidente Sánchez se ha puesto la venda antes de la herida y ha formado un núcleo duro de ministros y vicepresidentas de claro perfil económico y europeísta. Trata de evitar, entre otros riesgos, la huida de inversión empresarial a Portugal o a otros países cercanos. El objetivo es moderar las iniciativas más radicales de los  ministros de Podemos y poner coto a las exigencias económicas de los independentistas, nacionalistas y regionalistas. Europa como escudo y antídoto.

Pero es que Europa exige a España equilibrio presupuestario, descenso del déficit, rebaja de la deuda pública, reformas tributarias y, sobre todo, aumento de la productividad. Se antoja una misión casi imposible ante las promesas electorales de subida de pensiones, del salario mínimo, del sueldo de los funcionarios y mejora de servicios públicos como educación o sanidad.

Ahora mismo, las cuentas no cuadran. Hay comprometido más gasto que ingresos. El incremento de la economía por encima del 1,5% en los próximos años  no va  a ser  suficiente. ¿Cómo cuadrar las cuentas? ¿Cómo hacer compatibles los retos del Gobierno Sánchez con la desaceleración económica y, sobre todo, con el cumplimiento de todas las promesas, muchas de ellas económicas, hechas a los partidos que le han dado su apoyo y que ahora se disponen a alargar aún más la mano de cara a mantener esos mismos apoyos para los Presupuestos?.

“Lo ves. Portugal es la alternativa” me dice a modo de despedida este empresario leonés a quien no le gusta nada los mimbres del Gobierno Sánchez-Unidas Podemos.