Uno de los nuevos diputados nacionales por León –la verdad es que lo son todos- me confesaba su estupefacción por llevar ya casi siete semanas en el cargo, tras recoger su acta, y estar mano sobre mano, es decir, sin nada qué hacer. Pero cobrando religiosamente a fin de mes y gozando de privilegios como viajes gratis en AVE, estancias en hoteles en Madrid y dietas. Un montón de dinero a cambio de nada, ya que el Congreso no ha constituido aún las comisiones, por lo que los diputados no han sido asignados a las mismas. Es decir, cobran sin trabajar. Matan el tiempo en los pasillos a la espera de trabajo.

Pero es que tampoco hay Diputación Permanente y, sobre todo, no se pueden convocar sesiones plenarias de control al Gobierno. Claro, que el Gobierno está en funciones y con su responsabilidad muy limitada. Desde que se constituyó el nuevo Congreso y se eligió la Mesa presidencial, nadie del Gobierno ha ido por allí a dar explicaciones de su gestión o, mejor dicho, de la parálisis de toda gestión.

España prolonga su dolce farniente, su Badem Badem veraniego, su gran siesta placentera, como si no hubiera nada qué hacer.  Asegura el presidente en funciones desde Bruselas que va a proponer de forma inminente a la presidenta del Congreso una fecha para la investidura oficial del presidente. Será a finales de julio. Casi tres meses después de las elecciones del 28 de abril. Y el diputado leonés que llegaba con tanta ilusión a la Carrera de San Jerónimo se despereza creyendo que ya va a comenzar la movida y que se van a poner a trabajar. Ah, lo que hace la inexperiencia y la novatez. Sánchez, el presidente en funciones, anda ahora de imaginaria en Bruselas para tratar de desbloquear la elección del gran gobierno central europeo. Es el síndrome del gran estadista que todo presidente de Gobierno español ha sufrido alguna vez. Sánchez es incapaz de cerrar un acuerdo –el que sea- para conformar Gobierno en España y se va a Bruselas a sacar músculo y a vender cara su influencia como el líder europeo socialdemócrata más votado. Ya se sabe: consejos vendo que para mí no tengo, como diría aquel viejo cura carlista reaccionario.

Y lo  peor es que se anuncia la posible fecha de investidura del presidente del Gobierno como un ultimátum: O investidura a nuevas elecciones. Qué rápido se olvidan nuestros líderes nacionales de lo que dijeron en la noche electoral. Dijeron aquello de que hemos comprendido el mensaje del resultado de las elecciones, el pueblo español quiere diálogo y consenso. Pues poco han dialogado hasta ahora, al menos con luz y taquígrafos. ¿Eso es todo lo que los responsables políticos nacionales tienen que ofrecer a sus votantes? ¿Sólo ultimátums? ¿Sólo nuevas repetición de elecciones? Y luego se quejarán de la progresiva desafección.

Los barcos en el puerto y el pescado sin vender. Esta es la situación. Hay que poner en marcha este país y acordar reformas urgentes como las pensiones o el Pacto de Toledo, la financiación autonómica y local, el mercado de trabajo, la precariedad laboral, los pactos de educación y sanidad, la fiscalidad, el mercado de la vivienda, la Ley Electoral, Cataluña, los grandes ejes de infraestructura (Mediterráneo y Atlántico)…  Casi nada.

Y los novatos diputados leoneses, brazo sobre brazo, esperando a que alguien les diga qué tienen que hacer. Por ahora, nada de nada. País.