La clase política local leonesa está a punto de perder el respeto que le debe a los ciudadanos. El Pleno municipal de esta mañana es una prueba de ello. El centro de debate se ha suscitado en una serie de mociones, de esas denominadas políticas, sin ninguna trascendencia, que no obliga a nada a ninguno de los grupos políticos municipales, que no tendrán  mayor repercusión más allá de los altos del Portillo y que, sin embargo, sirven para fomentar la crispación y el enfrentamiento gratuito entre partidos en el seno municipal. Nunca se ha vertido tanta sangre política a cambio de nada.

Mociones en contra el cambio político, a favor de la construcción de un centro cívico y deportivo en Eras de Renueva, exigir la ejecución de la segunda fase del Hostal de San Marcos o dejar  la capitalidad de la Comunidad de Castilla y León como está, es decir, sin capital fija, son sólo brindis al sol, propuestas tan de sentido común para un leonés que no hace falta perder ni un minuto en decir que sí a toda esta batería de mociones.

Lo que sucede es que apoyar estas mociones no significa compromiso de ningún tipo. Por ejemplo, mejor que debatir una moción sobre si el Ayuntamiento está a favor o en contra del cambio climático, lo lógico habría sido proponer medidas concretas y a escala de cómo el Ayuntamiento puede adoptar medidas concretas para hacer efectiva esa lucha. ¿Saben los  concejales, por ejemplo, cuánta huella de carbono produce la celebración de un pleno municipal? Lo más seguro es que la mayoría de ellos no tengan ni idea de lo que es la huella de carbono.

Y lo mismo con las mociones a favor del centro de Eras o la ampliación del Parador de San Marcos. Pero si todos los partidos sentados en las bancadas municipales llevaban en sus respectivos programas electorales estas cuestiones. Pues claro que todos están de acuerdo. Lo único que se puede debatir es la coherencia de los partidos frente a estas mociones. Es decir, si estas reivindicaciones se usan o no como armas electoralistas. Esa es la cuestión. Estamos en pre campaña electoral y hay que meter ruido.

Y de nada vale que el alcalde, el socialista Diez, intente representar el papel de padre abad o del bueno de la película, apelando al consenso, al diálogo y al esfuerzo en pro del desarrollo de León.  Favoreciendo este tipo de mociones no se progresa adecuadamente sino todo lo contrario.

De la capitalidad de la Comunidad, mejor obviar los comentarios. El Estatuto de Autonomía es tan claro que no merece entrar a la provocación del Ayuntamiento de Valladolid. Discutir a ver quién es más leonés que el vecino es hacer el juego a los rebeldes pucelanos. E insistir en el eterno agravio comparativo sólo sirve para justificar el fracaso de León. A ver si aprendemos de una vez de la historia reciente.

Lo mismo sucedió con el sesudo debate sobre si en la banda que lucen los concejales en las ceremonias oficiales debe primar el color púrpura imperial de León, los dos colores eclesiásticos o el rojo laico castellano. Y aunque no lo crean, llevan un año discutiendo nuestros concejales sobre este asunto, que, sin duda, cambiará el futuro de León. Y, ojo, porque anuncian una nueva moción sobre este asunto tan delicado para dentro de un mes. ¿Por qué no someten a un referéndum si las borlas de esas bandas deben de ser uno, dos o tres colores? Tremendo.

Rebuscando en el orden del día del pleno de esta mañana, no he encontrado ni un solo asunto de peso, de esos que de verdad influyen en la vida de los ciudadanos de la capital. Ni uno. Bueno sí, el concejal de Podemos-Equo, Nicanor Pastrana, está dispuesto a encadenarse en el despacho que se ponga a mano hasta arrancar el compromiso del Gobierno y de Paradores para que se ejecute la segunda fase de las obras de San Marcos. ¿Quién dijo que no quedaban héroes en León?