Transmite una reconfortante calidez y cierta serenidad. Una sabiduría musical repleta de claves y corcheas, un indiscutible halo de profesionalidad en todo lo que emprende. Pero sobre todo, irradia un enorme y más que probable infinito amor hacia la música. Carmen Mayo (León, 1961) se enamoró de este arte protegido por el dios Apolo siendo muy pequeña, cuando empezó a estudiar piano en el colegio de las Carmelitas. «Me formé con Margarita Moráis», revela con cariño al mencionar a la actual presidenta de la fundación Eutherpe.

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Camen Mayo, ante el Auditorio de León

Tras terminar el grado profesional de piano en el Conservatorio de la ciudad, donde se examinaba «como alumna libre», se trasladó a la capital para formarse con el destacado pianista y pedagogo franco-español Emmanuel Ferrer-Laloe. «Con él terminé el título superior de piano, en el Conservatorio de Madrid, donde me examinaba también como alumna libre», recuerda, «después he hecho cursos con pianistas muy importantes, grandes maestros como Joaquín Achúcarro o John Salmon».

Más tarde se trasladó a Valencia, donde desarrolla su actividad profesional desde hace casi treinta años como Catedrática de Música de Cámara del Conservatorio Superior de Música. Compagina su trabajo como docente con su labor como intérprete en diferentes formaciones, en las cuales tiene la oportunidad de acompañar las teclas blancas y negras del piano con otros instrumentos como el violín o un cuarteto de cuerda.

Tu profundo amor por la música nació durante la infancia, ¿cómo se generó este sentimiento?

En mi familia no había una tradición musical especial. Nació por pura inercia porque en el colegio había clases de piano, a las que asistía con otras amigas. Cuando me quise dar cuenta, me había enamorado realmente de la música. Veía que para mí era una manera de expresarme y disfrutar.

¿Sigues teniendo esas sensaciones que te conquistaron hoy, después de tantos años?

Cuando estoy tocando siento que entro en un mundo especial, en el que solamente estoy yo y la música. Se profundiza en un sentido de la vida muy auténtico, pero sin olvidar la gran responsabilidad que supone buscar una manera de dar vida a una partitura que fue escrita por un compositor que quería trasmitir determinadas sensaciones o aspiraciones hace mucho tiempo. Es una gran satisfacción y por eso creo que soy una persona muy afortunada.

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Rigor y profesionalidad, señas de identidad de la directora del Festival

Como pianista formas parte de diversas formaciones, ¿qué es lo que te aportan?

No son formaciones fijas, aunque haya tocado más con unos músicos que con otros. He tocado con viola, oboe, clarinete, he hecho tríos con violín y violonchelo… Lo cierto es que me siento más cercana al mundo de los instrumentos de cuerda y el repertorio de música de cámara para ellos es muy amplio, lo que me brinda la oportunidad de tocar música muy diferente. Lo principal es poder tocar con alguien que comparta tus ideas musicales, con el que te puedas compenetrar. Cuando ensayas con una persona pasas mucho tiempo juntos y hay que llegar a acuerdos sobre cómo hay que interpretar.

«La música de cámara no es una música de artificio, sino que habla de lo esencial»

¿A qué se debe tu interés por la música de cámara?

Históricamente, es un género en el que los compositores han dado lo mejor de sí mismos. Es íntimo, porque participan de dos a como mucho seis o siete músicos. Además es un género en el que grandes nombres como Haydn, Beethoven, Mozart, Schubert o Brahms no se sintieron presionados por compromisos de mecenas o de la corte, sino que escribieron la música que quisieron, para su disfrute o para experimentar novedades compositivas y armónicas. No es una música de artificio, sino que habla de lo esencial. El compositor expresa su ser auténtico. Por eso cualquiera de los grandes intérpretes que hay en el mundo reservan una parte importante de su carrera a la música de cámara.

El festival de la Fundación MonteLeón se centra precisamente en la música de cámara, pero también busca promocionar a los jóvenes músicos…

El objetivo del festival ha sido desde sus comienzos promocionar a los jóvenes, pero siempre son músicos que ya tienen una cierta trayectoria. No son jóvenes que acaban de salir de un conservatorio, sino que han ganado concursos internacionales o ya han tocado en salas importantes. Creemos que es importante promocionarles, pero también hay una labor de difusión de la música de cámara entre el gran público, para que la gente de a pie conozca un repertorio con el que se puede disfrutar mucho. Por eso entiendo el festival como una prolongación de mi labor como docente, porque diariamente trabajo con jóvenes de la misma edad que los músicos que participan. Entiendo muy bien su esfuerzo, las horas infinitas que hay detrás de cada concierto, entre estudios y ensayos. Es muy motivador y gratificante poder mostrar su trabajo.

Eres directora artística del festival desde sus comienzos en el año 2010, ¿cuál es tu papel exactamente?

Mi labor es dar contenido musical al festival: seleccionar a los músicos, proponer al artista invitado de cada año (que siempre es un grupo de reconocido prestigio internacional), difundirlo entre instituciones nacionales e internacionales… Todo esto supone un gran esfuerzo que se lleva a cabo durante un año. Lanzo una convocatoria para recibir propuestas de participación de los músicos, quienes rellenan una inscripción con sus datos, un currículum y una idea de programa. Además, nos envían un vídeo de unos veinte minutos en los que tocan obras de dos estilos musicales diferentes para poder conocerles. El trabajo de selección es inmenso porque cada año recibimos más de cien inscripciones de entre las cuales hay que elegir cuatro, siempre hay mucho nivel.

Carmen Mayo, leonesa, que vive en Valencia
Leonesa, formada en la escuela de Margarita Moráis, reside en Valencia

¿Cómo diseñas el programa de cada edición?

Trato de dar forma al festival en su conjunto, procurando que haya variedad de formaciones, repertorio y compositores. Por ejemplo, este año comenzamos con el Trío di Parma como artistas invitados y terminamos con otro trío de violín, violonchelo y piano, el Trío Sora, que son tres jóvenes fantásticas que cierran el festival. Entre medias, un cuarteto de cuerda (Jubilee String Quartet) y dos dúos, uno de clarinete y piano (Duo Aust, formado por los hermanos Bettina y Robert) y otro de violonchelo y piano (Duo Croisé- Shevchenko).

«El festival es un escaparate muy importante porque tiene una imagen consolidada en el mundo de la música»

El festival tiene una innegable proyección internacional…

Así es. Siempre he querido que el público y los estudiantes de música leoneses tengan acceso al talento que hay fuera. Además, los músicos que vienen disfrutan también de la ciudad, aunque desearían tener más tiempo para poder hacerlo. Nos gustaría que, en un futuro, pudieran alargar un poco su estancia y ofrecer actividades complementarias a los conciertos como clases magistrales. Para los jóvenes seleccionados, el festival es un escaparate muy importante porque tiene una imagen consolidada en el mundo de la música, por eso forma parte de la Asociación Española de Festivales de Música Clásica. Además siempre editamos y les regalamos un pack resumen con el vídeo y audio de los conciertos, que se emiten cada día en streaming.

El año que viene, coincidiendo con el treinta aniversario de la Fundación MonteLeón, se celebrará la décima edición del festival, ¿esperas poder organizar algo especial?

Sí, hay interés en festejar un número redondo. Tenemos que celebrar el hecho de que el festival llegue a una décima edición y siga una trayectoria in crescendo. Tengo varias ideas, así que a ver si puedo llevarlas a cabo…