Se han cumplido cien días sin gobierno. Y a estas alturas del año, cada día que no hay gobierno la situación se deteriora un poco más. En la última semana se ha vuelto a encender un montón de alarmas rojas: se recrudece la guerra comercial entre USA y China; se acerca un Bréxit durísimo, salvaje; en Italia se anuncia una moción de censura contra el primer ministro por parte de los partidos populistas; la Generalitat de Cataluña no hará más inversiones públicas en lo que queda de año, al mismo tiempo que prevé recortes de un 6% en sus gastos ordinarios; los grandes inversores huyen del riesgo e invierten en oro como valor seguro; cae la inversión en Alemania un 5,2%; la economía de la Unión Europea pierde competitividad por la devaluación de la moneda de China; y, por todo ello, la Bolsa española se apunta una semana negra, con caídas generalizadas (sólo un ejemplo, Unicaja Banco ha perdido cerca del 40% de su valor en Bolsa).

Cien días sin gobierno y cada día que pasa se acerca la amenaza de unas nuevas elecciones generales. Cien días que sólo han servido para generar desafección entre una opinión pública que no entiende a su clase política y, mucho menos, al PSOE, el partido ganador de las elecciones generales del abril pasado. Cien días mareando la perdiz, como si a España le sobrasen recursos ante lo que puede ser una nueva crisis económica de incalculables consecuencias.

Cien días sin dar una respuesta a muchos problemas urgentes, pero sobre todo a la financiación autonómica, lo que anuncia un parón irreversible en las inversiones públicas y en el pago de gastos comprometidos como la Ley de Dependencia. No hay Presupuestos Generales del Estado por lo que ni hay entregas a cuenta a las autonomías y no habrá revaloración de las pensiones según el IPC. Ni aumento del sueldo de los funcionarios. No hay gobierno y el cabreo se hará visible nada más que a la vuelta de las vacaciones se inicie la tradicional cuesta de septiembre, mes en el que las familias deberán hacer frente a gastos cotidianos, pero esta vez con menos ayudas públicas.

Cien días sin gobierno y sin autocrítica. Al revés, el principal candidato y máximo responsable de que no haya gobierno, el socialista Pedro Sánchez, hace una gira de conversaciones y contactos para intentar convencer a sus interlocutores de que él no es el culpable, que los responsables son, por una parte, PP y Ciudadanos, que no se abstienen y, sobre todo, por otra parte, Unidas Podemos porque no acepta sus condiciones para formar un gobierno en solitario. A la portuguesa. Pero él no admite errores, no hace autocrítica. Los culpables son todos los demás.

Cien días sin gobierno y con muy pocos avances. A unas pocas semanas de que Cataluña arda una vez más con la Diada y a la espera de la sentencia del Supremo contra los políticos independentistas presos. Se adivina un otoño/invierno más que caliente al otro lado del Ebro, con lo que –sin gobierno- el Congreso de los Diputados será ingobernable. Y unas posibles elecciones generales en esas condiciones sólo servirán para profundizar la brecha política entre independentistas, populistas y los pocos moderados que van quedando.

Cien días sin gobierno y ni una sola sesión de control al gobierno en el Parlamento. Cien días sin iniciativas parlamentarias, sin debates en las comisiones, sin propuestas de las necesarias reformas que este país necesita. Cien días perdidos.

Cien días sin gobierno y Sánchez (PSOE) anuncia para fin de agosto reuniones con Podemos, PNV, independentistas y otros partidos para presentarles un documento resumen, programático, de las reuniones mantenidas en las pasadas semanas con interlocutores sindicales, culturales, sociales y autónomos. Escasa oferta ante las enormes expectativas que están a punto de quebrarse. Uf.