Se va completando el puzle político. O casi. En nuestro entorno cercano, el socialista José Antonio Diez se ha sobrepuesto a una cascada de recursos judiciales y ya gobierna en el Ayuntamiento de la capital leonesa. Ahora falta cerrar el equipo de gobierno -que ya está cerrado-, actualizar, ay, las remuneraciones y ponerse a trabajar. El pleno de organización no se convocará hasta la próxima semana, así que otra semana de tanteos. Como si a Diez le hiciera falta. En fin.

La otra pieza del puzle que ha caído al lado del PSOE es la Diputación. Gracias al apoyo de los leonesistas de la UPL. La puesta en escena de la firma del acuerdo ha sido la correspondiente a un pacto de Estado. Bien. Hay que generar expectativas y mostrar voluntades de cambio.

He leído el documento del acuerdo. La mayoría de las clausulas son conocidas. Son reivindicaciones históricas de la provincia. Un catálogo de incumplimientos durante años de los gobiernos del PP y del PSOE. Torneros, Feve, soterramiento del ferrocarril en León ¿Y San Andrés del Rabanedo, qué?, la autovía León-Valladolid, la autovía Ponferrada-Orense, la variante de Pajares, la ronda norte de León, el impulso a la Ciuden y al Incibe, internet en el mundo rural, San Marcos, Teatro Emperador, regadíos, Ciudad del Mayor, inversiones en comarcas mineras, el enlace ferroviario con Villadangos y despoblación. La mayoría son promesas que tanto PP, como PSOE, Ciudadanos y UPL han llevado en sus programas de las elecciones de los últimos diez años. Pocas novedades. Lo único es que ahora se pone en papel la voluntad de cumplir todas estas promesas sistemáticamente incumplidas durante años.

Porque al final se trata de eso, de voluntad política. Porque el cumplimiento de ese acuerdo depende de algo fundamental: que Sánchez sea capaz de formar gobierno. Si, al final, se cumplen los plazos y Sánchez no logra su objetivo, habrá nuevas elecciones generales y el cumplimiento de este pacto quedará, de nuevo, en suspenso hasta los resultados de unas elecciones absolutamente abiertas y llenas de incertidumbre. El avalista de este acuerdo ha sido el ministro de Fomento en funciones, sí, en funciones, y en el caso de que Sánchez logre formar gobierno a medio plaza vaya usted a saber si Ábalos seguirá siendo titular de Fomento. Es decir, se ha firmado un acuerdo en funciones. Muy condicionado.

En este sentido, hay que recordar que los Presupuestos Generales del Estado están prorrogados desde 2017 y las inversiones que se recogen en el acuerdo PSOE-UPL dependen de que haya nuevos presupuestos en 2020. Por ahora poco se puede hacer.

Sorprende que en este acuerdo no se hable para nada de la gestión económica de la Diputación y, sobre todo, de la eliminación de sus recurrentes remanentes.  En los últimos cinco o seis años, Diputación ha dejado de invertir en cada ejercicio entre 80 y 100 millones de euros (400 millones en cinco años). ¿Cuáles son las causas de estos remanentes? ¿ineficacia de gestión de los gobiernos del PP? ¿falta de profesionalidad de la cúpula funcionarial de la Diputación? Seguramente el diputado de la UPL, Matías Llorente, veterano en la Diputación y próximo vicepresidente, sabe las respuestas y podrá aplicar la solución. Porque es una indecencia política la existencia de estos remanentes y que haya sigo ignorada en el acuerdo PSOE-UPL. Hay que empezar por poner en orden la propia casa.

Sólo hay un cambio real en este acuerdo. La elección como presidente de un político berciano, Eduardo Morán, alcalde de Camponaraya. Ya era hora que un berciano y de pueblo ocupase la Presidencia de la Diputación. La solución a los problemas agudos de la provincia pasa por hacer realidad el eje León-Ponferrada, que vertebre y cosa la provincia en un único proyecto, global y con visión de futuro. Eduardo Morán representa la esperanza. Es un político serio, con experiencia, buen gestor, crítico, con criterio y trabajador. A la provincia le puede venir bien un baño de sentido común berciano. Si le dejan, claro.