David contra Goliat en el sector financiero

Artículo de Opinión. Con este primer artículo, Martínez Carrión, abre su sección de análisis LA CONEXIÓN.

La consolidación y crecimiento de la Caja Rural en la provincia de León es una buena noticia para la economía leonesa. El sector financiero leonés necesita cubrir el gran hueco dejado por la desaparición de Caja España, tras su absorción por Unicaja, banco que no ha querido asumir su responsabilidad económica, financiara y social con los leoneses.

Unicaja ha desconectado de la realidad leonesa y de toda Castilla y León. No ha querido asumir la herencia de las cajas España y Duero. Desde hace años se conocen muy pocas de sus iniciativas en la provincia en materia social, cultural, asistencial, educativa o de patrocinio. Son un banco andaluz y sólo cuidan de su territorio a través de una Fundación por y para andaluces. El resto es territorio ocupado que sólo les aporta volumen de negocio. Y oficina que no es rentable se cierra y ya está. Sin buscar alternativas.

En este contexto, pequeñas entidades financieras, muy pegadas al terreno y conocedoras de la sociedad a la que sirven, como la Caja Rural de León, Zamora, Valladolid y Orense, aprovechan este enorme vacío para crecer y expandirse. Su capacidad es limitada y no lo oculta sino que, al revés, lo vende como una oportunidad. Ofrecen cercanía, rigor, contacto personal, modestia, humildad y complicidad. No vienen como nuevos ricos sino como compañeros de negocios de pymes, familias, profesionales y autónomos.

Los grandes bancos son los que han aprovechado el hundimiento de Caja España para arrebatar a Unicaja grandes cuentas y clientes, pero alguien debe cuidar de la gente de la calle, de la señora María, del autónomo y del profesional, de las pequeñas y medianas empresas. Clientes que necesitan una atención personal, eso sí, combinada con una eficaz oferta tecnológica. No es de extrañar, pues, que Caja Rural crezca en el mercado hipotecario leonés. Su centro de decisión no depende de un superordenador ni de decisiones que se toman a cientos de kilómetros. Están aquí, al lado del cliente.

El banco andaluz Unicaja cierra oficinas en la provincia leonesa y en el resto de la Comunidad. Por el contrario, Caja Rural las abre en las capitales de provincia y en el mundo rural, tal y como acaba de hacer en Sahagún. Los bancos como Unicaja echan de sus oficinas a las personas, pero pequeñas entidades como Caja Rural redoblan la atención personal en oficinas sin mostradores.

Puede que sea el combate de David contra Goliat. Es posible, pero todo indica que la batalla será larga y compleja. La supervivencia de bancos como Unicaja sólo depende de futuras fusiones. Europa ya advierte que este tipo de bancos no serán viables por debajo de los 200.000 millones de activos. El amago de OPA lanzado por Abanca sobre Liberbank, ahora en proceso de fusión con Unicaja, ha sido sólo un aviso. Los bajos tipos de interés y los raquíticos márgenes obligan a estos bancos a crecer por fusión o absorción. Y ello conlleva despegarse del territorio. Son entidades que responden ante unos accionistas, a los que deben remunerar de forma generosa. El centro de la toma de decisiones se aleja cada vez más. Las personas les interesa cada vez menos; sólo su rentabilidad.

Este modelo de gestión permite a entidades como Caja Rural mostrar bajísimas tasas de morosidad y elevados y envidiados ratios de solvencia y eficiencia, un control de gasto riguroso y, por todo ello, un beneficio creciente, que este año ha superado los 20 millones de euros. Y de esa cantidad, cerca de un 40% irá destinado a obras sociales en su territorio.

David sigue mareando a Goliat en este complicado sector financiero español.