Desde la España Vaciada,

En mi adolescencia, tuve una época rockera que últimamente recuerdo cada mañana al leer los titulares de la prensa… Y es que uno de los grupos que más me recuerda a esa época es Los Piratas y para mí, pensar en Los Piratas es pensar en “Promesas que no valen nada”, una de sus canciones por antonomasia.

Supongo que ya tienen clara la razón de mi remembranza. Una de las (muchas) incertidumbres que se plantean con el nuevo gobierno es qué va a pasar con todas esas promesas que se hicieron a los representantes de la “España Vaciada”.

Por lo pronto, probablemente Teruel Existe se lleve alguna que otra prebenda – además de las que, según la prensa, parece haberse llevado ya su único diputado, Tomás Guitarte – por su apoyo decisivo a la investidura y a las votaciones que, previsiblemente, vendrán después. Y también lo harán los nacionalistas, aunque esto más que una novedad, es la continuación de un statu quo perpetuado sin ningún pudor por los dos partidos que se han venido alternando en el poder en nuestros años de democracia (en esto si que parecen estar todos de acuerdo, sean de izquierdas o de derechas).

Pero solucionar los problemas de la España Vaciada es urgente, no sólo por problemas como la fuga de población, la exclusión financiera o la pérdida de cultura en sí, que ya son suficientemente graves, sino también porque si no, al finalizar esta legislatura – dure lo que dure – podemos encontrarnos con un “efecto llamada” que haga pensar a todas y cada una de las provincias de España que para ser escuchadas su única salida es llevar a las urnas su propia propuesta regionalista.

Imaginen que un futuro no muy lejano las bancadas del Congreso se las reparten el Frente Ciudadano de Cáceres, Movimiento por una Cuenca Libre, León es Nación, Aquí está Huelva... así hasta cincuenta. E imaginen que, además, Ceuta y Melilla no quieren ser menos y se suman a la fiesta. Imaginen ahora lo complicado de encajar en esa amalgama de “yo merezco – o simplemente quiero – más para mí”, las propuestas que busquen la igualdad o el avance de todos como país.

Puede sonar ridículo pero si se fijan, esta España hipotética ya no está tan lejos. Menos aún si pensamos que los partidos regionalistas parecen querer usar su nuevo poder para volver a las medidas de siempre.

Y es que parece, que ya en los primeros acuerdos que empiezan a esbozarse, las grandes infraestructuras siguen siendo la promesa estrella. Infraestructuras que no sirven de nada si no se complementan con otras medidas más sencillas – y baratas – como accesibilidad a internet o incentivos fiscales al emprendimiento rural.

Pero la mirada cortoplacista, las medidas populistas y sobre todo, el “pellizco” o  las “cadenas de favores” no son, desgraciadamente, algo nuevo en nuestra política y las grandes inversiones en obras titánicas generan más fácilmente titulares que calman los ánimos de unos mientras llenan los bolsillos de otros. Es, como dirían los anglosajones, un win-win (algo en lo que todos ganan). Y esto es algo que Sus Señorías saben muy bien – de hecho lo hemos visto “a diestra y siniestra” – porque aunque a veces intenten hacernos creer lo contrario, la corrupción política se ha convertido en un mal endémico que, como se ha demostrado en estos años, no tiene lado ni color.

Pero aunque después de ver el debate de investidura albergo escasas esperanzas de que Sus Señorías se pongan de acuerdo en algo buscando el bien de todos, me alegraría de verdad que ese algo fuese precisamente esto. El tiempo dirá.