Hoy día, es difícil pensar en un sector o entender una marca o negocio sin hablar de la transformación digital. El ritmo frenético al que ha avanzado la tecnología globalizando a su vez los mercados ha hecho que a muchas empresas les haya sido imposible mantener ese ritmo vertiginoso, más aún en un país como España, donde se han sentido especialmente los efectos de la crisis en un tejido empresarial compuesto por un porcentaje altísimo de PYMES (casi el 40% de las empresas españolas tiene entre 1 y 9 empleados).

Y es que en una pequeña empresa, la limitación de recursos, tanto humanos como económicos, ha hecho que, hasta hace poco, la digitalización fuese el último punto en esa lista de tareas pendientes que nunca se llegaba a completar o, lo que es peor, se dejase en manos de gente inexperta algo tan importante como la imagen digital (todos hemos oído alguna vez eso de “mi primo tiene un perfil con muchos amigos en Facebook y es quien se encarga de gestionar las redes sociales de mi empresa”).

La digitalización, en contra de lo que creen algunos, no se trata sólo abrir un blog o un perfil en redes sociales, sino que debe afectar a la totalidad de la empresa. Todas las empresas son diferentes y por ello, necesitan adaptarse de forma diferente, con unas herramientas, soportes y velocidad que se ajusten a sus características y necesidades. Que todas las empresas tengan un blog, utilicen los mismos canales sociales o repliquen una misma estructura web es tan descabellado como que todas tengan el mismo plan financiero.

Si se lleva a cabo de forma correcta, tiene clarísimas ventajas como la mejora de la comunicación –y consiguiente fidelización – de los clientes, el acceso a nuevos mercados y nuevas oportunidades de negocio, la optimización de procesos y la reducción de costes.

Si tenemos que destacar dos claves para realizar esta transición con éxito, la respuesta es contundente:

  1. Se deben conocer y manejar las herramientas digitales

Es vital tener una estrategia de Social Media Marketing para saber qué redes utilizar y cómo, pero también manejar datos en la nube y tener implantada una política de gestión de crisis o un manual de marca digital.

Además, los canales digitales de la empresa son una fuente inagotable de datos de un enorme valor (Big Data) que pueden ayudarte a evaluar estrategias, reenfocar tu negocio o incluso diseñar productos. Saber interpretar y aprovechar esa información es clave.

  1. Lo más importante son siempre las personas

Los empleados deben estar debidamente formados e implicados en el proceso, que debe estar dirigido a satisfacer las necesidades de los clientes. A ambos lados de la cadena, empledos y clientes deben saber cómo y por qué los esfuerzos digitales de la empresa les benefician.

Si el empleado no percibe las ventajas de formarse en el mundo digital y aplicarlo en su día a día, no lo hará. Si el cliente no percibe que la empresa le aporta valor a través de sus canales digitales dejará de interesarse por ellos y la empresa perderá oportunidades.