En casa, rodeado de sus diez hermanos y al compás de la música. En el colegio, rodeado de compañeros con diferentes historias. El factor familiar y el social han definido a Héctor Escobar. A la persona. De la escuela de Jaime Quindós, es un perfeccionista que respeta más aún el silencio que saber escuchar. Arte y creación en un ser que ha bailado la música —en Los Flechazos—, ha pintado el diseño y se ha reconvertido tras las bambalinas. Decidió crear una editorial y confiesa que a veces sus apuestas le dan pocas alegrías económicas pero sí plenitud. Héctor iniciaba la segunda ponencia del 30 aniversario de la Fundación MonteLeón en el salón de actos del Ayuntamiento reivindicando el apoyo que necesitan los jóvenes artistas autóctonos para evitar el éxodo de talento emergente.

Un momento de la intervención que abrió el evento, de mano del leonés Héctor Escobar

De abandonar León saben bien tres de los cinco oradores de una mesa redonda moderada por Raquel Canseco, que relevó esta vez al periodista Francisco José Carrión, patrono de la Fundación. Darío Siero es uno de los que ya no vive en el pueblín. Lleva una vida de película y apodera un talento innato: gracias a su formación en efectos especiales su trabajo en Juego de Tronos ha sido galardonado. Desde la pantalla —se personaron sus padres en representación— animó a los creadores a seguir luchando por lo que les apasiona.

Aunque canalizar las pasiones es algo complicado, según defendió Alejandro Grande, otro artista, en su caso plástico, emigrado. Comparte ciudad, Giralda y talle con el escultor Pablo Lanchares. Pero también filosofía. Ambos criticaron la escasa implementación social del MUSAC y ambos señalaron la educación como principal bache para fomentar el conocimiento de la literatura, el dibujo, la música o la escultura dentro de la sociedad.

Se generó un animado debate entre los componentes de la mesa redonda (de izquierda a derecha Alvar Adiel, Alejandro Grande, Pablo Lanchares y Carlos Puerta)

Si ellos están entre León y Sevilla —por la cercanía de profesionales complementarios a su mundo laboral— también los hay que prosperan en casa. Alvar Aldiel es auténtico y todos sus dibujos se reconocen con facilidad por su depurado estilo. Él se centró en la importancia del espíritu crítico a la hora de empoderar el arte. «El crecimiento personal es necesario y hay que seguir apoyando las asignaturas artísticas en las aulas». Y además concede una exclusiva: contamos con espacios dedicados a la cultura que ni los paisanos más leonesistas conocemos. El Jardín de las Artes. Ya podéis googlear.

También sigue en la ciudad Carlos Puerta, ilustrador. Afirma que la mayoría de sus encargos provienen de aquí y con el orgullo herido del incomprendido reclama el reconocimiento que merecen todos los artistas: «No sólo hacemos dibujitos».

En el turno de las preguntas del público se habló de la educación y el conocimiento como factores clave para fomentar la valoración real y el disfrute consciente que ha de llevar implícito el arte; de la escuela de arte de León; de la distinta mirada, a veces desdeñosa, con la que la sociedad enfoca a los profesionales de este sector —respecto a otros como la sanidad o la ingeniería, por ejemplo—; y de la duda. «Es como si la sociedad no considerase que hacemos algo útil y no valorase lo que aportamos. No se promueven la inquietud y la iniciativa en la educación en España y es importante que luchemos por cambiarlo», sentenció Alejandro.

Una de las intervenciones de Alejandro Grande durante la jornada, que una vez más contó con el apoyo de AC/E y Caja Rural