Los informes anuales del Banco de España ya no son lo que eran. La cada vez mayor dependencia del Banco Central Europeo y los jirones que el banco regulador español se dejó en la crisis de las cajas de ahorro, ha hecho que las recomendaciones anuales del Banco de España sean sólo eso, consejos y poco más. Además, no hay que olvidar que aún se está juzgando en los tribunales la salida en falso de Bankia a Bolsa –con Rato en el banquillo de los acusados- y que aún está muy reciente el tremendo fracaso de la anunciada fusión bancaria entre Unicaja Banco y Liberbank. No, no está el Banco de España para lanzar cohetes ni para imponer muchas recomendaciones.

Así y todo, entre las recomendaciones que el Banco de España hace en su balance anual a los bancos está le necesidad de aumentar su reputación. Cómo si la del propio Banco de España estuviese boyante. Hay que esperar al fallo del juicio de Bankia y ver cuántos pelos se deja en la gatera el propio Banco de España. Mientras, está bien que el banco emisor predique  aquello tan español de consejos doy que para mí no tengo.

Aparte de que los bancos españoles mejoren su reputación, es decir su imagen ante la opinión pública, algo que ya vienen haciendo con continuas campañas publicitarias en algunos medios de comunicación, incluidas informaciones pagadas o remitidas, el Banco de España insiste en la necesidad de que las entidades financieras españolas refuercen su capital, lo que, dado el bajo nivel de rentabilidad debido a unos tipos de interés por los suelos, sólo pueden hacer vendiendo activos dudosos o tóxicos y, sobre todo, racionalizando gastos. Esta recomendación no deja de ser un respaldo a los anunciados Eres par parte del Santander o de Caixabank, que pondrán en la calle a más de cinco mil empleados; o el propio Unicaja Banco, con un proceso en  marcha de 200 traslados más o menos forzosos, la mayoría de ellos de León. Otro proceso de descapitalización humana y personal de la provincia.

El Banco de España justifica la puesta en marcha de estos procesos de ajustes de personal en la necesidad de avanzar en la adaptación al entorno tecnológico; es decir, menos sucursales abiertas a pie de calle y más oficinas virtuales o digitales. Y, por si fuera poco, el banco emisor advierte a la banca tradicional de que está de acuerdo en el aterrizaje de nuevas entidades financieras digitales con el fin de ganar competitividad.

Los bancos tendrán que hacer caso a las recomendaciones del Banco de España por dos grandes razones: 1) Se avecinan nuevos cambios regulatorios desde el Banco Central Europeo, que obligarán a las entidades financieras a mejorar su capital de primera calidad. Y eso va en el camino de fusiones, ampliaciones de capital, OPAs, EREs, cierre de sucursales, maximización de beneficios pata  tener contentos a los accionistas y centrar las inversiones en la banca digital. Y todo ello en un marco prolongado de intereses a tipo cero.

2) El temor al riesgo internacional y no sólo por el cuento de nunca acabar del Brexit sino por las nuevas amenazas de Trump contra el comercio mundial, especialmente contra México, país con fuerte presencia de los bancos españoles. Si la economía mexicana pierde, los bancos españoles pierden, sus accionistas pierden y sus trabajadores pierden. Se avecinan nuevas vueltas de tuerca.

A este panorama se suma la incertidumbre política sobre el nuevo Gobierno de Sánchez. Los bancos no quieren ver ni en pintura a un líder de Podemos en el Gobierno. Y mucho menos en un Ministerio económico. Anatema.