Hace sólo unos días que se empezaron a conocer algunos de los indicadores económicos del pasado ejercicio. Titulares como «el paro baja en 38.692 personas en 2019, su menor descenso en siete años» se colaron en las portadas de toda la prensa nacional. Pero ¿esta cifra por sí sola nos sirve para ver realmente el estado del mercado laboral español?. Y si no lo es ¿por qué sigue siendo la más utilizada?

Medir el bienestar de una sociedad o la efectividad de las medidas políticas no suele ser tarea fácil. En algunas ocasiones los economistas y los representantes políticos manejan los datos a su antojo para que la interpretación sea más favorable a sus intereses.

Así, la tasa de desempleo es un indicador imperfecto  e incompleto que puede reflejar lo contrario de lo que está ocurriendo en el mercado laboral aunque paradójicamente  sea el indicador más utilizado para determinar la salud del mercado laboral por políticos y medios de comunicación.

Los incrementos de la tasa de paro no siempre significan que se esté destruyendo empleo y de  la misma forma, su bajada tampoco tienepor qué implicar la creación de puestos de trabajo. La tasa de paro evalúa el porcentaje de la población activa que no encuentra empleo, por lo que no tiene en cuenta a las personas que, por el motivo que sea, ya no forman parte de la cifra que refleja esa población activa, es decir, todos aquellos que no están buscando trabajo activamente o por alguna razón han dejado de hacerlo.

Por ello es recomendable contrastar los datos del paro con otros indicadores como la tasa de empleo.

¿POR QUÉ LA TASA DE EMPLEO ES EL INDICADOR MÁS COMPLETO?

La tasa de empleo considera no sólo el número de ocupados (que es la población que trabaja por cuenta propia o ajena en una economía), sino también la población potencialmente activa o en edad de trabajar (entre 15 y 64 años).

Así, esta tasa mide el cociente entre el número de personas ocupadas y la población total en el mismo rango de edad.

Por ejemplo, si el país A tiene una tasa de paro del 8,6% y el país B del 14,3%, podríamos pensar que las cosas van mucho mejor en el primer caso. Sin embargo, si la tasa de empleo de la población entre 15 y 64 en el país B es del 63,5% y en el país A del 65,5%, la situación no es tan mala en el país B ni tan buena en el país A. La fuerte diferencia entre las tasas de paro podría deberse, en parte, a que la tasa de actividad (personas que buscan trabajo activamente) en el país B es del 73,4% y en el país A del 71,7%, lo que distorsionaría la tasa de paro, pero no la tasa de empleo. Es algo muy a tener en cuenta antes de sacar conclusiones.