El MUSAC (Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León) ha inaugurado su nuevo ciclo de exposiciones de cara al verano. Son cuatro muestras protagonizadas, en su mayor parte, por mujeres. Se trata de “Dar la oreja, hacer aparecer: Cuerpo, acción y feminismos (1966-1979)”, “María Lara: Sensaciones, registros e impresiones”, “Los laberintos musicales” de Mestres Quadreny y “’Geologías Antropológicas. Monumento [in] material”, que podrán visitarse hasta el 15 de septiembre, junto a la ya inaugurada el pasado mes de enero, “’El giro notacional”.

MARÍA LARA.

María Lara (Loja, Granada, 1940) ha desarrollado a lo largo de su trayectoria como artista, desde inicios de los años setenta, un cuerpo de trabajo centrado en las impresiones sensoriales y emocionales de todo tipo, que en su obra se traducen en sencillos y poderosos elementos —muy a menudo bandas y líneas— que, por un lado, sintetizan esas impresiones, pero por otro las convierten en pura plasticidad. Esta exposición da cuenta de sus intereses plásticos y de su trayectoria artística, aunque centrándose en obras sobre papel de los últimos años.

MUSAC 2019
Una de las obras de María Lara

La trayectoria de María Lara desde los años setenta hasta la actualidad ha ido pasando por diferentes etapas en las que le han interesado temas y formulaciones diferentes, aunque siempre ha permanecido ligada a algunas temáticas como son las evocaciones de la luz, las referencias sesgadas a vivencias cotidianas, los registros de las impresiones sensitivas o de carácter íntimo que le sirven para inspirarse y plasmar, desde el punto de vista de una estética dominada por un enorme economía de medios, la realidad cotidiana en constante cambio y evolución.

De entre toda su producción, la exposición del MUSAC pone el foco en la obra sobre papel realizada desde finales de los años ochenta hasta la actualidad. La exposición se abre con una serie de piezas de las décadas de los años ochenta y noventa que la artista había presentado en el espacio independiente Cruce, en 1996. Se trata de una serie de dibujos abstractos en los que se pueden reconocer esquemáticamente unas hojas realizadas en varios materiales, sobre todo carboncillo, con los que produce una serie de líneas rítmicas sobre el papel hasta conseguir generar una imagen, contundente y a la vez aérea, de una hoja o una rama.

La muestra continúa con otro grupo de obras más recientes, mucho más abstractas, que se ligan con la temática de la luz en la que Lara viene ahondando desde finales de los años noventa. La suya es una abstracción muy aérea, lírica, sintética, analítica, cinética y, a la vez, muy sensitiva. Su apuesta estética parece beber de muchas fuentes de la historia contemporánea de la pintura, pero sin ser fiel a ninguna y consiguiendo mezclar referencias incluso contradictorias, desde las más analíticas hasta las más emocionales.

JOSEP MARÍA MESTRES QUADRENY

La obra de Josep María Mestres Quadreny (Manresa -Barcelona, 1929) en general se presenta como un recorrido sonoro, aunque también poderosamente visual, por su producción artística siguiendo un hilo invisible, como el de Ariana, que permite entrar y a la vez salir de sus laberintos sonoros y visuales que constituyen su obra. Presentar una selección de sus obras y de la documentación que ha donado Jaume Maymó al MUSAC, permite poner también al alcance del público una parte importante de los materiales atesorados por el “Archivo Josep M. Mestres Quadreny” en el Centro de Documentación.

Constituido por programas, catálogos, recortes prensa/revistas, partituras publicadas, libros, colecciones de CD’s, etcétera, el “Archivo Josep M. Mestres Quadreny” es una rica colección de materiales que permite conocer en profundidad las diferentes facetas creativas del artista. En general podemos afirmar que su producción musical se distingue por un espíritu de renovación permanente del lenguaje y por la incorporación de nuevas técnicas, tanto en la propia composición como en el uso de instrumentos o sonidos. Esa innovación y renovación en busca de nuevos caminos puede encontrada también en sus partituras que son rotundamente singulares.

MUSAC 2019
Exposición de verano en el MUSAC

Mestres Quadreny fue, en los años cincuenta, uno de los primeros en introducir en Cataluña la música aleatoria y las creaciones musicales compuestas con ordenador. De formación científica (licenciado en química), se ha interesado por las teorías matemáticas de la probabilidad y por la física del azar, que ha utilizado en sus composiciones electroacústicas. Su capacidad de integrar distintos lenguajes artísticos y la experimentación continua le han llevado a colaborar con algunos de los creadores catalanes más relevantes.

El artista, como un minotauro, nos llevará de la mano a través de varias de sus obras en las que está presente la idea del laberinto. Así, aparecen las partituras de obras como Suite bufa (1966), Variacions essencials (1970), Aronada (1971), Self service (1973) o L»estro aleatorio (1973-1978) que son, además de composiciones musicales, obras de alto valor plástico realizadas con gran libertad creativa en las que parece muy a menudo la idea de laberinto que presenta multiples recorridos (Tocatina) o infinitos (Aronada).

DAR LA OREJA, HACER APARECER: CUERPO ACCIÓN Y FEMINISMOS (1966-1979)

Dar la oreja, hacer aparecer: cuerpo, acción y feminismos (1966-1979) parte de la investigación realizada por su comisaria, Maite Garbayo Maeztu, y publicada en el libro “Cuerpos que aparecen” (Consonni 2016) y constituye un intento de trasladar a sala una investigación compleja pensada inicialmente como escritura, pero que al desplegarse en el espacio reclama repensarse desde la materialidad de los cuerpos, desde el repertorio de gestos y actos que conforman las prácticas de acción.

La exposición aborda las implicaciones estético-políticas de la presencia del cuerpo en las prácticas performáticas durante los últimos años de la dictadura franquista. A través de un recorrido por diversas acciones, aparecen cuestiones como el viraje a la visualidad del último franquismo, la importancia del silencio como estrategia estética, las luchas callejeras del movimiento feminista o la puesta en cuestión de los discursos corporales heredados del nacionalcatolicismo por parte de artistas y activistas feministas. En aquel momento, el cuerpo femenino adquiere cada vez mayor presencia en el espacio público y en el ámbito artístico, y se convierte en el lugar en el que se inscriben las tensiones económicas, sociales y políticas del tardofranquismo y la Transición. La exposición intenta pensar las formas en las que el poder inscribe su ideología en los cuerpos, pero también las estrategias estéticas que proponen reescribirlos, y se pregunta cómo opera la performance como transmisora de memoria y conocimiento corporalizado.

Las acciones que se presentan en esta exposición comparten una voluntad de explorar las posibilidades de juego y resistencia que se esconden en el interior de un espacio fuertemente controlado. La alteración de los usos normativos del cuerpo es capaz de instaurar formas inéditas de aparecer ante otros y de inaugurar espacios liminares de posibilidad. La performance, como estrategia estética, puede convertirse en un espacio de resistencia desde el que torcer la lengua para interrumpir la literalidad del discurso e imaginar visualidades periféricas.

Imágenes y documentos se organizan en torno a fragmentos de conversaciones entre la investigadora y las distintas personas que han formado parte del proceso de investigación: las y los artistas y otros agentes del contexto artístico de la época, activistas feministas, etc. El espacio expositivo acoge un murmullo de voces fragmentarias que a menudo hablan desde un lugar distinto al discurso hegemónico sobre el artista y su obra. Un intento de dar cuerpo a una metodología de investigación basada en el encuentro, en dejarse afectar y transformar por la presencia del otro.

Las voces nos convocan a la escucha y hacen aparecer en el espacio los cuerpos de la performance. Estas conversaciones dan cuenta de una forma concreta de investigar y reconocen la existencia de un tipo de conocimiento corporalizado. Por eso es que, a partir de ellas, se estructura la presentación de los materiales y la forma en que se disponen en la sala.

La exposición se organiza en torno a distintas áreas que nos llevan a reflexionar sobre la performance como forma de conocimiento, las problemáticas que conlleva la aparición del cuerpo femenino en el espacio público, la vulnerabilidad asociada a la presencia del cuerpo, los derechos sexuales y reproductivos, los desafíos a las construcciones socio-culturales del género por parte de artistas y activistas, la importancia del cuerpo como transmisor de memoria y de conocimiento, la violencia, la desaparición, o los gestos que tuercen y sortean los aparatos represivos del franquismo.