Palacio de Grajal
Uno de los profesores, Marcos, actúa en las yeserías/ MC

Quince alumnos y dos profesores de la Escuela de Arte de León realizan en este caluroso mes de julio jornadas intensivas de trabajo en el interior del palacio renacentista (S.XVI) del pueblecito de Grajal de Campos, entrada a la provincia leonesa desde los Campos Góticos castellanos. Su misión es delicada y de vital importancia artística: la recuperación, limpieza y restauración de las yeserías del interior del palacio, localizadas en lo que debió ser la sala principal de este enorme caserón; restauración de pavimentos originales de las salas nobles;  y recuperación de las pinturas murales del oratorio.

Una parte de los alumnos se dedican en cuerpo y alma, y con una alta carga de paciencia y profesionalidad, a quitar con suma delicadeza las capas de cal y yeso a unas yeserías, que según el modelo renacentista italiano, imitan los grutescos y dibujos de la Domus Aurea del emperador Nerón en Roma. Los adornos de estas yeserías aluden a motivos animalísticos y vegetales, entre los que sobresalen diversos armiños como emblemas de los Vega, promotores del palacio.

Palacio Grajal
Alumnas trabajan sobre el pavimento del siglo XVI /MC

Estos alumnos trabajan en las yeserías que decoraban una gran chimenea y, justo al lado, una puerta que comunicaba con las salas privadas de los nobles. Para ello utilizan las mismas herramientas del siglo XVI. Pero lo más importante es la paciencia. Hay que retirar los yesos adosados durante años sobre los originales. Se necesita pulso firme, paciencia y concentración. Al lado, otros compañeros van incorporando a sus ordenadores los datos y las fotografías. Todo se documenta y se guarda para análisis posteriores.

En el claustro alto esperan su turno otras yeserías, que adornaban una gran puerta de acceso a la zona noble alta del palacio y que aún tardarán años en ser rescatadas de varias y gruesas capas de cal.

Palacio Grajal
Otra alumna explica su delicado trabajo en las yeserías/MC

Otra parte de los alumnos, con pinceles en las manos y con botes que contienen una mezcla de agua y jabón natural, limpian, con dedicación y paciencia, el pavimento original de una de las salas principales de la parte alta del palacio. Se trata de una solería de baldosa de terracota y decoración de azulejería. Por numerosas salas del palacio aún quedan restos de esta azujelería, que recuerda a la fabricada en Toledo en el siglo XVI.

En dos campañas ya han rescatado gran parte de este pavimento, formado por incrustaciones geométricas de vivos colores. Luego vendrá la hora de documentar y analizar datos importantes, como la procedencia de estos suelos, su estilo artístico, los autores, cuáles fueron las manos artesanas que lo colocaron y a qué estuvo dedicada la enorme sala palaciega donde se encuentran.

Palacio Grajal
El profesor Montero muestras la decoración del oratorio /MC

Un tercer equipo se afana en limpiar y rescatar de la cal, el polvo y el olvido las pinturas murales de lo que fue el oratorio del palacio. Una pequeña estancia desde la que los nobles gozaban de una tribuna privilegiada para seguir en directo, pero desde la altura y a distancia, las ceremonias religiosas de la iglesia de San Miguel Arcángel, adosada al palacio. Sin moverse de su palacio y protegidos por una verja de hierro forjado del siglo XVI, la familia Vega, los señores de la localidad, no sólo seguían con  devoción las misas y otras ceremonias sino que podían estar en contacto visual directo con la cripta donde reposaban sus antepasados en el suelo del crucero de la iglesia.

Poco se ha rescatado aún de estas pinturas del oratorio privado del palacio. En lo que fue el altar central se adivinan dibujos de  estrellas y otros motivos religiosos, así como palabras por concretar, que bien pudiera ser el lema de la familia noble. Sobre la tribuna que da a la iglesia, ya se dejan ver los escudos nobiliarios de la familia y otros elementos decorativos. Queda mucho trabajo por hacer. Todo realizado con meticulosidad, milímetro a milímetro y bajo una concentración excepcional. Se trata de recuperar elementos artísticos de hace quinientos años sepultados bajo capas de cal, yesos, polvo y olvido.

Palacio Grajal
Un alumno limpia las yeserías de la chimenea/ MC

El trabajo de los alumnos están supervisados por dos profesores de la Escuela, Jorge Martínez y Marcos Cachaldora. No sólo coordinan y enseñan sino que cogen las espátulas y los pinceles para sumarse al trabajo de los alumnos. Y es que hay mucho trabajo por hacer y poco tiempo concedido. Los profesores aportan su trabajo y tiempo de forma altruista. Quitándoselo de sus vacaciones.

LOS VEGA, NOBLES RENACENTISTAS

El siglo XVI fue el auténtico siglo de oro de Grajal de Campos. La familia Vega se hace con el señorío de Grajal e importa el Renacimiento italiano a estas tierras parameras entre lo que hoy es la frontera entre las provincias de León y Palencia. Los Vega habían servido con lealtad, armas y dinero a Carlos I en las guerras contra los comuneros y como premio obtuvo este señorío, sobre el que levantó no sólo este impresionante palacio renacentista sino también la iglesia de San Miguel y el castillo artillero. Todo un mecenas.

Hernando de Vega, el principal señor de estas tierras, fue embajador de Carlos I en el Vaticano y virrey de Sicilia. Hombre culto y de su tiempo, introdujo el Renacimiento en su señorío. Tenía poder, dinero y el apoyo del emperador. Así que no dudó en hacer ostentación de todo ello en un lugar clave: en los campos góticos, desde cuyo palacio divisaba un largo horizonte de tierras mesetarias.

La fábrica del palacio cumple el orden renacentista. Toda la fábrica se distribuye en torno a un gran patio rectangular, de doble piso, sostenido por arcos de medio punto y columnas de piedra, cuyos capitales recuerdan a los palacios de la misma época de la Alcarria, en Guadalajara. Una excepcional y única escalera de piedra resalta la importancia de este patio.