Francisco Espinosa es el eterno alcalde de Grajal de Campos. Tiene 86 años y suficientes fuerzas para llamar a las puertas de todas las administraciones públicas en busca de ayuda económica para seguir restaurando el palacio renacentista. Si hoy existe este palacio y si está en vías de recuperación es gracias a este casi perpetuo alcalde, por la gracia de los votos de sus vecinos. Cuando llegó a la Alcaldía la primera vez, hace ya casi treinta años, el palacio era una ruina total, había sido desvalijado y varios okupas campaban a sus anchas. Lo primero era hacerse con la propiedad. Y lo consiguió. El Ayuntamiento de un pueblo con apenas doscientos vecinos no tiene grandes recursos. Espinosa logró la propiedad por un precio simbólico: 6 pesetas de los años ochenta.

Palacio Grajal de Campos
La entrada a la bodega tapada por toneladas de escombros/ MC

Diputación, la Junta de Castilla y León, el 1,5% de Cultura del Gobierno central, mecenas internacionales y la Escuela de Arte han obrado el milagro de recuperar en gran parte este palacio del siglo XVI. El patio ya luce casi todo su antiguo esplendor. El perímetro de los muros esta saneado y casi estabilizado. Se han repuesto los tejados en la mitad del palacio. Se está trabajando en la recuperación definitiva de la magnífica escalera y los alumnos de la Escuela de Arte trabajan en la recuperación de yeserías, azulejerías y pinturas murales. Todavía es pronto para tener una imagen exacta de lo que fue este gran palacio renacentista, pero el viajero ya se puede hacer una idea.

Palacio Grajal de Campos
De la galería acristalada sólo quedan muñones de madera /MC

La prórroga de los Presupuestos Generales del Estado desde 2017 ha impedido que el Gobierno dedique el 1,5% Cultural a obras del palacio. Espinosa está pendiente de las negociaciones de Sánchez para formar Gobierno y volver a llamar a la puerta de la Subdelegación del Gobierno de León para insistir en el cumplimiento de viejas promesas. Lo mismo espera del nuevo gobierno regional y de la nueva Diputación. “No me van a fallar las fuerzas para ir a pedir”, asegura el alcalde.

Palacio Grajal de Campos
Uralistas cubren los tejados de dos alas del palacio para evitar su deterioro/ MC

RUINAS

Y es que el palacio, a pesar de la evidente mejoría de sus infraestructuras básicas, aún goza de una muy mala salud de hierro. El trabajo que queda es ingente. Dos alas de edifico y uno de los cuatro torreones siguen en completa ruina. Unos provisionales tejados de uralita o algo parecido frenan su deterioro por las inclemencias meteorológicas. Pero la ruina es evidente. Suelos vencidos por los años, techos en los que sólo quedan enormes vigas ennegrecidas que ofrecen muy poca seguridad, muros desmochados , ventanas desvencijadas y huecos en los gruesos muros que dejan ver el adobe y el ladrillo original, una y otra vez remendado.

Palacio Grajal de Campos
Aspecto ruinoso de una escalera del interior /MC

La bodega está hundida y enterrada bajo toneladas de escombros. En la parte que da a lo que fue un antiguo jardín, la bodega deja ver alguno de su arcos de ladrillo y poco más. Y de lo que fue un jardín romántico no queda nada, salvo una espectacular morera, que da las mejores moras de la comarca, y el vaso de lo que fue una fuente ornamental, hoy casi irreconocible bajo capas de óxido, cal, mugre y excrementos de pájaros.

En la fachada del palacio que da a lo que fue el jardín privado de los nobles quedan los muñones de madera de lo que fue una galería acristalada. De las paredes salen restos de podridas viejas vigas de madera, señales de la ruina de los últimos años.

El resto del palacio está a salvo, pero urgido de limpieza, restauración y mantenimiento. La mayoría de las portadas de piedra, todas ellas renacentistas y adornadas con grutescos y armiños, siguen bajo capas y capas de yeso y cal. Quedan todavía algunos de los azulejos originales de la primera época del palacio. Todos sucios y muchos de ellos reutilizados en otros lugares.

Palacio Grajal de Campos
Quedan numerosas portadas por rescatar

La Escuela de Arte ha comenzado a recuperar las pinturas murales del oratorio, pero sus alumnos y profesores deberán invertir años en este trabajo, dado el corto tiempo del que disponen para realizar su delicada tarea. Lo mismo sucede con las yeserías. Se están recuperando las de la sala principal del palacio, pero en otros lugares esperan otras, como las de la enorme puerta en el patio alto.

Hay esperanzas de que mecenas internacionales se ocupen definitivamente de la restauración total de este gran palacio del siglo XVI en Grajal de Campos, pero mientras se cumplen esas promesas, el futuro del palacio pasa por definir su futura utilización. Sin un uso determinado y su consiguiente mantenimiento todas las obras de restauración que se realizan desde hace años no tendrán mucho sentido.

Grajal de Campos es una joya arquitectónica, histórica, artística y urbanística del siglo XVI, acosada por el mal de la España vaciada. Es un pueblo renacentista en plena paramera cerealista. Con apenas doscientos vecinos censados, Grajal  no tiene futuro si no se da un uso definitivo a un su gran patrimonio histórico, del que el palacio es el santo y seña.