Últimamente se habla mucho de la «huella de carbono», un indicador ambiental que intenta reflejar «la totalidad de gases de efecto invernadero (GEI) emitidos por efecto directo o indirecto de un individuo, organización, evento, producto o sociedad en su conjunto».

Este impacto ambiental se mide en masa de CO2 equivalente llevando a cabo un inventario de emisiones de GEI siguiendo normativas internacionales reconocidas para, una vez calculada, implementar una estrategia de reducción o compensación de emisiones.

Para conocer más sobre la huella de carbono en León basta con echar un vistazo al último informe de evaluación de riesgos y vulnerabilidades climáticas municipal que analizó, entre otras cuestiones, el impacto de las emisiones de la capital, así como sus riesgos y vulnerabilidades en esta materia.

Gracias a esta propuesta pionera, puesta en marcha ya en varias ciudades y municipios en España, León recabará y publicará valiosa información relativa a su sostenibilidad. Con estos estudios, deja la puerta abierta a que los ciudadanos reflexionen sobre sus hábitos de vida y evidencia ciertas situaciones que pueden revelar la necesidad de tomar medidas en ciertos temas.

Los datos (se recogen desde el 2015) han situado las emisiones del último año en 754.687 toneladas de dióxido de carbono, cerca de un 9,5 % más que el año anterior. No obstante, la masa vegetal absorbe gran parte de esta cantidad, por lo que la situación no es tan preocupante como en otras capitales más grandes como, por ejemplo, Madrid o Barcelona.

EL TRANSPORTE Y LA CALEFACCIÓN, LOS PRINCIPALES EMISORES

El transporte privado y el sector residencial suman más de la mitad de las emisiones. El primer grupo representa un 32,23 % del total, mientras que las calderas y aparatos de aire acondicionado aportan un 20,56 %.

El informe destaca que, por su situación geográfica (al ser una capital de provincia sin otras ciudades cerca), León posee los negocios característicos de una gran ciudad, con un fuerte predominio del sector terciario como motor de la economía y escasa relevancia de la producción industrial.

En consecuencia, la huella de carbono de León está producida principalmente por particulares. Se espera que medidas como las campañas de concienciación ciudadana, la creciente peatonalización de las calles del centro y la reducción de la velocidad de circulación contribuyan a paliar este problema.