Emilio Gancedo Fernández (León, 1977) es uno de los rostros incontestables de la cultura leonesa. El periodista y escritor ha sido nombrado recientemente – como ya contamos aquí – por el presidente de la Diputación de León, Eduardo Morán, coordinador de Proyectos y Actividades Culturales del Instituto Leonés de Cultura (ILC). Hoy hablamos con él de cultura, de León y de los retos a los que se enfrenta el ILC.

¿Cómo afrontas tu reciente incorporación al ILC como coordinador de proyectos culturales?

Con mucho entusiasmo, mucha satisfacción y también mucha responsabilidad. El Institulo Leonés de Cultura – un organismo autónomo que depende de la Diputación – tiene muchas ramas, es una institución muy singular de la que dependen , entre otros, la Biblioteca Regional, el Centro Coordinador de Bibliotecas y los bibliobuses, el Museo Etnográfico de León, departamentos de Arte, de Patrimonio y de Publicaciones, múltiples subvenciones de carácter cultural…

Alguna vez he dicho que el afán «de hacer algo por mi tierra era una de las cosas más importantes para mí”, y esta es sin duda una gran oportunidad o, de alguna forma, un lugar privilegiado para hacerlo, en la primera línea de fuego de la lucha por la cultura leonesa.

¿Cuál crees que es el mayor reto al que se enfrenta el ILC?

Bueno, creo que ahora nos enfrentamos a un reto global, que afecta especialmente a algunos sectores, entre ellos la cultura. Todo está paralizado – festivales, exposiciones, edición de libros, representaciones – y se avecinan tiempos complicados con la crisis que estamos viviendo, pero es cierto que si algo bueno tiene la cultura es que le sobran creatividad e imaginación para salir adelante. Quizá sea a través de las nuevas tecnologías, quizá haya que buscar nuevos caminos… pero nos reinventaremos, lo hemos hecho siempre.

Como retos más concretos para el ILC, darnos a conocer y que el ciudadano nos perciba como un servicio que llega a todos los ciudadanos, en cada rincón y en cada comarca de la provincia. El Instituto Leonés de Cultura de la Diputación de León hace muchísimas cosas, pero por alguna razón somos poco conocidos entre los ciudadanos. Necesitamos que el Instituto se perciba como lo que es: el gran músculo cultural de León.

¿Cómo valoras la situación de la cultura en León? ¿Y la cultura rural que además de ser uno de los baluartes de nuestra provincia tanto está sufriendo con la tan mencionada últimamente “España Vaciada” (mencionar “Palabras Mayores”)?

En León hay un pulso cultural muy importante que parte “desde abajo”. Me explico: en otros lugares más grandes donde se manejan presupuestos muy amplios parece que las cosas se hacen desde arriba, grandes actos de los que el público es mero asistente. A la gente, aquí, le interesa mucho el patrimonio cultural, la cultura se impulsa desde las comarcas y el medio rural, muchas veces con actos humildes impulsados por los propios ciudadanos que se viven intensamente y a los que acude todo el pueblo.

Para mí la cultura más que “llevarse a cada pueblo y a cada rincón” – que también – debe traducirse en preservar el bagaje cultural generado en las propias comarcas leonesas y hacerlo llegar también a los núcleos poblacionales más grandes. Hay que conocer lo nuestro, no sólo como un vestigio del pasado, sino algo que puede ayudarnos en momentos como el que vivimos hoy. Por ejemplo, la humanización, la cercanía, la ayuda: nuestras facenderas, nuestros concejos… en un pueblo siempre eres alguien y esto cada vez es algo que la gente valora más.

¿Qué destacarías especialmente del Patrimonio Cultural leonés? ¿Cuáles consideras que son sus máximos exponentes en los diferentes campos de la cultura?

El Museo Etnográfico, por ejemplo, que para mí es una auténtica joya. En un lugar como León, donde me atrevería a decir que el 80% de su cultura propia es rural, poder revivir todo ese patrimonio – y es que para mí León tiene un innegable patrimonio histórico, arquitectónico, artístico, monumental… pero también etnográfico, aunque a veces no se ponga tanto de relieve como el resto – es algo maravilloso. Siempre que llevo a alguien a visitarlo, salen gratamente sorprendidos y me confiesan que no esperaban algo tan maravilloso como lo que se han encontrado.

Hay que poner en valor la arquitectura tradicional, que es algo que se está perdiendo porque la gente no está sabiendo apreciarla. Me llena de tristeza ver cómo se siguen tirando casas con un valor incuestionable en los pueblos. Lo mismo ocurre con el leonés, que para mí es un patrimonio de un grandísimo valor que debe reconocerse como algo propio y positivo.

A otros niveles, como la literatura, me vienen a la cabeza una serie de autores que han sabido conectar sus paisajes y cultura propios y lo han sabido transformar en algo universal: Julio Llamazares con “La lluvia amarilla” o Luis Mateo Diez con “Las estaciones provinciales” o el “Apócrifo del clavel y la espina”.

El periodista y escritor leonés, Emilio Gancedo.

¿Dónde y cómo nace el amor de Emilio Gancedo por la cultura?

Es difícil de decir, a algo así no puede ponerse una fecha concreta, pero está claro que la base de todo es haber estimulado la curiosidad desde la infancia. Hay que mostrar a los niños lo divertido que es leer, primero cuentos, luego tebeos… y de ahí se va saltando a literatura infantil, juvenil, clásica, contemporánea…

Yo leía sin parar y lo sigo haciendo, de una manera totalmente anárquica, cambiando de un estilo a otro, de un tema a otro, de un libro a otro…

Alguien curioso e inquieto desde pequeño nunca se cansa de aprender y algo muy importante, es consciente de lo que le queda por aprender, lo que ayuda a ser humilde y mantener los pies en la tierra.

Si le dan a elegir, ¿periodismo o literatura?

A veces me da la sensación, de que el escritor, al menos por un tiempo, le ha tomado el relevo al periodista. Quizá por esa libertad que da la literatura. Es un poco, como dijo un compañero, el también leonés Carlos Fidalgo, que para ejercer de periodista te pones los «zapatos de trabajo» y para ejercer de escritor te pones las «zapatillas». Para nosotros, es más fácil ser libre.

Háblenos de su última novela “La Brigada 22”.

Es la historia de un grupo de maquis que resisten escondidos en el monte sin saber que la guerra ha terminado y que Franco ya ha muerto, imaginando un mundo exterior con el que no quieren enfrentarse.

Una fábula sobre la Historia reciente de España, más concretamente, sobre nuestra incapacidad para cerrar heridas, algo tan actual – al final la historia es circular y quien no la conoce está condenado a repetirla – ya que es necesario digerir el pasado sin vivirlo como si fuera presente para poder mirar hacia el futuro.