El último tramo de la desescalada se está revelando esperanzador en el aspecto económico. También, en el sanitario, claro. Todo hace indicar que la pandemia está controlada y que así puede seguir si no nos da por cometer irresponsabilidades colectivas, como no guardar las distancias o abandonar los hábitos higiénicos, que tan buen resultado nos ha dado. El virus sigue ahí, que no se olvide, dispuesto a contraatacar nada más que relajemos los usos que hemos aprendido a base de mucho dolor y sacrificio. Ojo.

Desde el control relativo de la crisis sanitaria es una muy buena iniciativa que la patronal de todas las patronales españolas, la CEOE, convoque en los próximos días una cumbre empresarial al más alto nivel bajo el título de “Empresas españolas liderando el futuro”. El objetivo es debatir  qué, cómo y cuánto pueden hacer las grandes empresas para incentivar la reconstrucción del país. Dice su presidente, el pragmático y patriota Garamendi, que se trata de poner a la empresa en el centro y no en la diana y que los empresarios están para sumar, liderar y apoyar en las tareas de la reconstrucción. Unas 150 grandes empresas van a debatir cómo afrontar un momento crítico para la economía española. Es un paso adelante.

Visto el sainete en el que se ha convertido la comisión parlamentaria por la reconstrucción, presidida por el bienintencionado Patxi López, bien está que, por fin, los empresarios tomen la iniciativa y propongan planes y programas concretos. Alternativas que luego se puedan desarrollar dentro del Diálogo Social, al que los empresarios se acaban de reincorporar tras un amago de protesta.  España necesita pasar de los propagandísticos anuncios de unidad a hechos efectivos. La Unión Europea  nos mira con lupa y están en juego más de 144.000 millones de euros para la reconstrucción de la economía española en condiciones muy ventajosas.

Ya podían los empresarios leoneses imitar el comportamiento de sus mayores nacionales y poner en marcha una plataforma de debate similar en vez de evidenciar en estos momentos críticos las profundas diferencias entre FELE y CEL, claramente exteriorizadas en las recientes concentraciones de protesta contra el Gobierno en León y Ponferrada, unas convocatorias desafortunadas y de las que la FELE se bajó sin previo aviso, por la puerta de atrás y sin explicaciones.

La otra buena noticia de estos días para la economía española es la calificación positiva (A-) y estable (un notable de nota, vamos) de la deuda española por parte de principales agencias mundiales de calificación de rating. En un momento en que se ha conocido que a finales de marzo la deuda española ya era de 1,22 billones de euros, casi el 99% del PIB, es tranquilizador saber que España se puede financiar a sí misma, es decir generar la suficiente confianza entre los inversores internacionales para que éstos nos presten el dinero que necesitamos para financiar la salida de la crisis económica derivada de la pandemia del coronavirus.  Porque vamos a necesitar mucho dinero, mucho, solo este año unos 300.000 millones de euros extras.

En lo que llevamos de año, España ha logrado colocar deuda a medio y largo plazo a un interés medio del 0,32%, lo que supone unos pagos de intereses aceptables para nuestra economía. Claro está, que detrás de esta aceptable contabilidad se esconde el apoyo del Banco Central Europeo (BCE) y de la propia Unión Europea. Esos apoyos tranquilizan a los inversores que nos prestan dinero a un interés relativamente bajo. Por eso debemos mantener ese clima de confianza en nuestras posibilidades.

De ahí la necesidad de aprovechar esta coyuntura y que, ante el bloqueo de alternativas por parte de unos políticos cada vez vergonzosamente más enfrentados, los grandes empresarios de España (Telefónica, Inditex, Mercadona, Repsol, Iberdrola, Eulen, Indra, Alsa, Antolín, Pascual, Aena, Acciona, Enagás, los principales bancos y muchos más) den un paso adelante, debatan, propongan y presionen para hacer realidad la unidad tan necesaria en estos momentos en los que urge diseñar no sólo la reconstrucción sino el nuevo modelo económico del futuro en consonancia con el europeo y occidental.