El presidente del Gobierno en funciones ha decidido tirar a la basura el mes de agosto. Él sabrá porqué. Estrenamos septiembre y se estrecha el margen de maniobra. Quedan menos días para la convocatoria obligada de nuevas elecciones generales. Serían las cuartas en cuatro años. Insoportable. Un fracaso absoluto de los partidos de izquierda.

Andaba en estos pensamientos camino del supermercado cuando en la calle de La Rúa me tropiezo con Javier Alonso Cendón, secretario provincial de los socialistas leoneses y diputado nacional. Le pregunto a bocajarro si cree que estamos abocados a repetir las elecciones generales. Me dice que él piensa que habrá acuerdo con Podemos. Que a mediados de septiembre habrá acuerdo para que, al final, sobre la bocina, Sánchez pueda decirle al Rey que tiene suficiente respaldo como para presentarse de nuevo ante el Congreso en una sesión de investidura.

Miro a los ojos a Cendón y descubro la fe del carbonero. Ojalá no le falle su intuición o el análisis de los datos que él maneja. Septiembre es el mes crucial para los independentistas catalanes, para los británicos del Bréxit, para los italianos de Salvini, para los argentinos de Macri, para las autonomías asfixiadas por la falta de financiación, para los plazos que exige Europa para entregar el techo de gasto y el avance de presupuestos, para los pensionistas y funcionarios públicos que esperan una revaloración de sus mensualidades, para la guerra comercial entre Trump y los chinos. Ay, septiembre. Una auténtica cuesta.

Aseguran desde la cúpula socialista que el presidente del Gobierno en funciones presentará pasado mañana, 3 de septiembre, un  extenso documento programático sobre el que sentar las bases de su futuro Gobierno y que Unidas-Podemos no podrá rechazar. Eso sí, nada de coaliciones. Es la tercera vía: ni coalición ni elecciones.  Sánchez aceptará ideas y propuestas de Podemos, pero no a su gente. Y otra vez vuelta la burra a la noria. Y para no sacar agua, que estamos en sequía, al menos en Almagro.

Ha sido curioso agosto. Podemos dijo que sí aceptaba a lo que en julio dijo que no. Y, al revés, el PSOE en agosto dijo que no a lo que en julio decía que sí. Esto suena al mito de Penélope, quien por la noche deshacía lo que tejía por el día. Y vuelta a empezar. Un auténtico diálogo de besugos si no estuviéramos hablando de España y de la necesidad de un Gobierno estable para afrontar unos tremendos desafíos nacionales e internacionales.

Cambio de tercio. Por otra parte, a finales de agosto me saltaban las alertas del wasthsApp en el dolce far niente almagreño: la Consejería de Transparencia de la Junta de Castilla y León hace públicas las inversiones –gastos/subvenciones- con los medios de comunicación de la Comunidad. Inaudito. Más de trece millones de euros al año repartidos con criterios políticos, según el vicepresidente Francisco Igea (Ciudadanos), quien en un  alarde de sinceridad  confiesa la inutilidad de la mayoría de las campañas publicitarias, ya que nunca se midieron los retornos ni el cumplimiento de objetivos. Desde hace muchos años, la publicidad de la Junta sólo sirve para equilibrar los presupuestos de la mayoría de los medios de comunicación –incluidos los de León- y para generar redes de complicidad y clientelismo. Es más, cada año cada medio recibe puntualmente más o menos la misma cantidad que en el ejercicio anterior.  Sin apenas variaciones. Lo ha dicho Igea –que no es santo de mi devoción-: “Hay miles de ejemplos que indican que no estamos usando del todo bien los recursos”. ¿Y nadie se había dado cuenta de ello hasta ahora?

Bueno, al menos, un motivo para recibir con esperanza a este incierto septiembre que hoy inauguramos.