No entiendo la política de tierra quemada que practica gran parte de la oposición parlamentaria al actual Gobierno central en relación a su estrategia para combatir los efectos de la pandemia del coronavirus. De la extrema derecha no se debe esperar nada. Pueden ser los únicos que saquen rendimiento político y electoral de esta tremenda desgracia. Ellos practican el conocido dicho de “cuánto peor, mejor”. No hace falta que propongan alternativas, sólo dejar que la situación empeore o que el mal se alargue para vender su mensaje de que el Gobierno es incapaz y sus miembros unos ineptos. En eso están. Populismo de manual.

Sin embargo, sorprende la actitud de la derecha más moderada, en este caso el Partido Popular, cuyo líder, Pablo Casado, no para de hacer sonar las trompetas del apocalipsis. Podrá acusar al Gobierno de ocultar muertos y contagiados, de  no haber proporcionado a los sanitarios los medios de protección necesarios, de actuar con negligencia y retraso a la hora de adoptar medidas de prevención, de descoordinación e improvisación o de no proteger suficientemente la viabilidad de empresas, pymes y autónomos.

Olvida Casado que esas críticas se le van a volver en contra del PP allá donde este partido gobierna. No hay que olvidar que la Sanidad es una competencia descentralizada desde hace años a las comunidades autónomas y que  muchas de esas comunidades están gobernadas desde hace años, en algunos casos decenios, por el PP, como sucede en Castilla y León o en Madrid.

¿Es que los gobiernos del PP de Madrid o Castilla y León han actuado con más y mejor diligencia que el Gobierno central a la hora de hacer frente al coronavirus? ¿Es que en estas comunidades no ha habido falta de equipamientos para sus médicos y enfermeros?, ¿en todas estas comunidades ha habido respiradores suficientes?, ¿no ha habido descoordinación o improvisación? No se puede denunciar la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. Lo mismo cabe decir del PNV en País Vasco o de los nacionalistas ex convergentes en Cataluña.

Imagino al portavoz del PSOE de las Cortes de Castilla y León, Luis Tudanca, utilizando los mismos argumentos que Pablo Casado (PP) para atacar al presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco,  ¿o es que en Castilla y León los muertos reales son los que reflejan las estadísticas oficiales de la Junta?, ¿en Castilla y León ha defendido mejor que el Gobierno de Madrid a sus profesionales sanitarios? o ¿todos tenían medios técnicos suficientes desde el primer día?, ¿de quién es la competencia de controlar y supervisar las residencias de mayores?. Las mismas respuestas que Pedro Sánchez va a dar en su defensa ante las críticas del PP, las va utilizar Fernández Mañueco en Castilla y León frente a las acusaciones de la oposición socialista. Las mismas.

Casado escupe hacia arriba en sus críticas contra Sánchez y la saliva va a caer sobre las cabezas de los presidentes de las autonomías gobernadas por el PP. Al menos Casado podría regalar un paraguas a sus presidentes autonómicos.

Moraleja: Más política de Estado, mayor altura de miras, más arrimar el hombro ante un enemigo común y al final, cuando todo esto pase, abrir las comisiones parlamentarias de investigación necesarias para dirimir si cada uno de los gobiernos central y autonómicos han actuado o no con diligencia y eficacia y, sobre todo, cuál ha sido el impacto real de la pandemia en cada territorio y qué medidas de futuro hay que tomar para que no se vuelva a repetir.

Me temo que es una misión imposible. Seguirán escupiendo hacia arriba.