El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha convocado para mañana a lo más granado del mundo empresarial y social de este país para presentarles su plan de reconstrucción bajo el título general de “España puede”. En la Casa de América de Madrid, lugar elegido para el evento, Sánchez va a escuchar lo que busca oír, al menos de voz de los grandes empresarios del Ibex y de las multinacionales españolas: su respaldo para buscar el consenso con el resto de los partidos políticos para sacar adelante con el mayor apoyo posible los Presupuestos Generales del Estado de 2021, unos Presupuestos que todos consideran absolutamente necesarios para que la Unión Europea acelere el pago de ese maná de 140.000 millones de euros que podrían hacer posible la recuperación económica de este triste país en el que desde hace años sobrevive un pueblo de ciudadanos libres que se siente traicionado por su clase política.

El proyecto de Presupuestos aparece en el mapa político como la clave de bóveda de todo el plan de reconstrucción. Y la clave amenaza con tambalearse por el estruendo de los tambores de guerra que suenan por todas partes. Sí, los empresarios del Ibex y de fuera del mundo de la especulación bursátil necesitan estabilidad y tranquilidad para invertir, planificar y crear empleo. Y los sindicatos necesitan que los empresarios gocen de esta tranquilidad para exigirles un reparto de las cargas para salir de la crisis. No se puede repetir otra vez la devaluación de los salarios de los trabajadores, ni proseguir con la precariedad laboral o con el éxodo del talento joven. Hay que aplicar estrategias expansionistas, de gasto e inversión, e endeudamiento, lo que no significa gastar a lo loco, caso del malogrado Plan E, o similares.

Sánchez se va presentar mañana en esa asamblea de hombres buenos, como diría el recordado Crémer, como un San Sebastián ofreciendo su cuerpo apolíneo para que sea asaeteado por los dardos de los irreductibles líderes de la oposición, más proclives al enrocamiento en las cumbres de la intolerancia que a la templanza, al diálogo y al consenso. Todas son poses tendentes al cuanto peor mejor, creyendo cada uno de esos líderes políticos, incluido al propio Sánchez, que las posiciones irreductibles de los demás le benefician a él, a su partido y a su estrategia electoral. Pero la cuestión es averiguar si hay alguien ahí fuera que de verdad piense en España y en hacer realidad ese excelente eslogan de “España puede”. Claro que se podría poder, pero hace falta que sus políticos quieran, porque poder pueden, pero hace falta voluntad.

En esta guerra civil política en la que nos hemos instalado desde hace años en este sufrido país, donde el contagio del mal hacer político puede provocar más daño que la pandemia del coronavirus, con perdón, desde Podemos ya se ha vetado a un posible acuerdo del PSOE con Ciudadanos para negociar los Presupuestos. En el PP ya han negado previamente el pan y la sal a este Gobierno, a la vez que se apropian del título de propiedad de este país y de ser mejores españoles que nadie. Y en Ciudadanos, partido reducido a la miseria representativa, quedan odios sarracenos como los exhibidos esta semana por el vicepresidente de la Junta de Castilla y León, Igea, quien a falta de mejores argumentos recurrió a la descalificación personal para criticar la gestión del que dijo era el presidente de su Gobierno de España. Con amigos como Igea no hace falta que esta semana vaya Arrimadas al Palacio de La Moncloa. Cuánto odio, insolencia y falta de educación para ocultar tanta incompetencia.

Todo ello conforma el escenario perfecto para que esta semana Sánchez se presente a la opinión pública como el líder que lo intentó pero no pudo, como el político que tendió la mano y solo encontró la espalda del adversario. Un mártir, vamos. Un San Sebastián asaeteado. Un incomprendido. Con el rechazo inicial de los independentistas y de algunos regionalistas, la clave de bóveda puede definitivamente venirse abajo y con ella el tan esperado plan de reconstrucción.

Si no fuera porque el virus sigue ahí fuera y con renovadas fuerzas, alguien podría pensar que Sánchez está impulsado este escenario para convocar unas nuevas elecciones generales. O yo o el caos, vendría a clamar desde la Casa de América. Esperemos a ver qué sucede mañana.