La ministra Nadia Calviño

Dieciséis horas de reunión sólo han servido para constatar la profunda división de la Unión Europea entre los ricos países del norte y los desesperados del sur. Los ministros de Finanzas han vuelto a fracasar en la misión urgente de armar una solución a la brutal crisis económica de muchos países europeos provocada por la paralización de actividad económica motivada por la pandemia del coronavirus. Europa está al borde del colapso y, por ende, al borde del abismo.

Países del norte como Holanda, Alemania, Finlandia o Austria, entre otros, están dispuesto a ayudar a los países del sur necesitados, pero con una condición: Que el dinero proceda del mecanismo de rescate (MEDE) y eso quiere decir que a cambio de esos préstamos, los países beneficiados deberán aplicar estrictas medidas de ajustes, austeridad, recortes y de control riguroso del déficit y del gasto público. Unas duras condiciones para devolver ese dinero, con intereses, en un tiempo pactado.

Esta es la misma solución que se aplicó en la crisis de 2008 a países como Grecia, Irlanda o Portugal. Y, en menor medida a España, para favorecer el rescate de la banca. Esa solución comportó duros sacrificios para los países del sur, como un aumento del paro, de la precariedad laboral, de las desigualdades sociales, el empobrecimiento de las clases medias, el éxodo de los jóvenes profesionales, la marginación de los trabajadores mayores de 55 años y una deuda impagable a corto y medio plazo.

Italia, España- representada en esta reunión por la ministra Nadia Calviño-, Francia y Portugal se oponen a que ahora se aplique esta dura solución porque, entre otras razones, esta crisis está provocado por una causa externa, el coronavirus, y no por una mala gestión económica. Una causa que terminará afectando a todos los países europeos, en mayor o menor grado.

Italia, el país más duro de los del sur de Europa, propone la emisión de eurobonos para financiar la gigantesca deuda pública que se avecina, una medida solidaria, que Holanda y sus socios del norte la rechazan absolutamente. España y Francia buscan ya una solución intermedia, una especie de fondo de recuperación económica, a devolver con unas condiciones muy flexibles y a largo plazo. España ya asume que su deuda pública se va a disparar y que condicionará la gestión económica de las próximas generaciones.

En lo que sí ha acuerdo es en el dinero que se puede destinar a combatir los efectos de la crisis derivada de la pandemia y a la reconstrucción de las economías nacionales: Más de medio billón de euros, repartido en 250.000 millones de euros de una especie de red de seguridad de las finanzas públicas;  240.000 millones para dotar de liquidez a las empresas; y 100.000 millones para proteger el empleo y a los trabajadores.

La cuestión de fondo está en el acceso a esos fondos. El norte quiere imponer duras condiciones de rescate de las economías del sur; los del sur piden flexibilidad y solidaridad para combatir una crisis que ellos no han provocado.

Está en juego la continuidad de la Unión Europea. Mañana, jueves, un nuevo asalto.