Fin de ciclo en la Diputación

Martínez Majo se despide de la Presidencia, culminando su particular año horribilis 2019, en el que también ha perdido la Alcaldía de Valencia de Don Juan.

Juan Martínez Majo se ha despedido esta mañana de su cargo de presidente de la Diputación de León. Y lo ha hecho sin desvelar su futuro político, asegurando únicamente que el viernes, 19 de julio, fecha en la que se constituirá la nueva Corporación Provincial, él se sentará en el escaño de la oposición.

No le ha faltado en la despedida la media sonrisa que caracteriza su figura. Una sonrisa que bien puede denotar satisfacción u orgullo o bien inquietud e incertidumbre. Por de pronto se ha quitado un peso político de encima, aunque a él le hubiera gustado seguir. Una opción que ha peleado hasta el final. Pero no ha podido ser. 2019 ha sido su particular año horribilis. No sólo ha perdido la Presidencia de la Diputación sino la Alcaldía de su pueblo, Valencia de Don  Juan. Pérdidas a manos del PSOE y con la complicidad, en el caso de la Diputación, de la UPL.

Martínez Majo continúa, de momento, como presidente provincial del Partido Popular. Pero no será por mucho tiempo. En las elecciones municipales y autonómicas, el PP ha obtenido los peores resultados de su historia. Soplan vientos de regeneración y de cambio en el interior del PP y de relevo para políticos que llevan decenios ostentando el poder. Se acaba su tiempo. De ahí que esa media sonrisa sea una aceptación de lo que está por venir.

Se despide Majo de la Presidencia de la Diputación con la satisfacción del deber cumplido. Asegura que el 99% de las decisiones se han adoptado por consenso en la Junta de Portavoces. Será así, pero lo cierto es que en los últimos cuatro años, mejor dicho, en los últimos veinte años, la Diputación no ha sido el motor que la provincia necesitaba para resolver problemas endémicos como la despoblación, el envejecimiento, el abandono del mundo rural, el déficit de servicios públicos, la desindustrialización, la desvertebración, la brecha digital y, en definitiva, la pérdida de peso específico de la provincia leonesa en materia económica, social y política a nivel regional y nacional.

Al final del mandato de Majo, la provincia encara su futuro con una enorme incertidumbre. Este es el balance.

Sí, ha saneado la economía de la Diputación. Ha colocado la deuda a cero, pero no ha logrado evitar los recurrentes remanentes, es decir el dinero presupuestado que no se ha invertido. Ese superávit ronda cada año los cien millones de euros y Majo no ha sido capaz de aplicar una gestión eficaz en Diputación para ejecutar los planes necesarios para reducir esos superávits. Una provincia con tantísimas necesidades no se puede permitir el lujo de cerrar el ejercicio con decenas de millones de euros sin invertir.

El presidente saliente reconoce algunas asignaturas pendientes, como los planes de carreteras en marcha, la comarcalización de los parques de bomberos o la deuda y gestión de Gersul. También deja empantanada la Diputación de recursos y denuncias judiciales, algunas de ellas de coste multimillonario, como el Caso Carflor. La gestión del Instituto Leonés de Cultura ha sido, asimismo, irrelevante, al optar por su ultra politización.

Enemigo político acérrimo de su predecesora, la asesinada Isabel Carrasco, Martínez Majo logró devolver el sentido común a la gestión diaria de la Diputación, eso sí optando por una Presidencia de perfil bajo. Quizá los casos de corrupción en los que Diputación anda aún metida, debido a la gestión de sus antecesores y compañeros de partido, ha maniatado la voluntad política de Majo a la hora de ser más ambicioso como presidente provincial. Una oportunidad perdida, porque lo que la provincia necesitaba era precisamente lo que le ha faltado a Martínez Majo: empuje, energía, riesgo, ambición, capacidad de liderazgo, arrojo y decisión.

Poe eso, Majo decidió arroparse de colaboradores políticos de perfil bajo, de alcaldes y concejales bienintencionados y honestos, pero con poca capacidad ejecutiva, de proponer ideas o planificar a medio y largo plazo. Un equipo hecho a su medida. Fiel reflejo de sí mismo. Lo ideal para navegar en el mar en calma que le ha supuesto gobernar con mayoría absoluta. Y con el absoluto control de su partido, el PP.

Su despedida es un fin de ciclo. No sólo el PP provincial debe reinventarse, también lo debe hacer la propia Diputación, una entidad con la maquinaria oxidada y que navega al pairo desde hace muchos años. La provincia, en plena decadencia, necesita que Diputación marque el rumbo.