GALA: “MOI NON PLUS”

Luis-Salvador López Herrero, médico, psicoanalista y autor del libro La cara oculta de Salvador Dalí, reflexiona acerca de la reciente exposición dedicada a Gala, en Barcelona, para destacar la potencia de la ideología en la construcción de personajes, a la vez que contrasta la imagen ofrecida, en dicho evento, con su particular versión sobre el valor que esta mujer ocupó en la vida del afamado pintor catalán.

No hay época sin discurso ni tampoco discurso sin su interpretación y ansia de supremacía o de poder.

Dicho así, la reflexión acerca de cualquier personaje histórico, sea el que fuere, lleva siempre el sesgo interpretativo de la era a partir de la cual se expresa la elucidación de la celebridad; lo cual, conviene recordar, puede ser fuente de distorsión, cuando no, de cierto desliz especular en función de nuestras ideas o intereses.

No cabe duda de que los matices y pormenores acerca de la existencia, de cualquier persona, deben pasar por el filtro analítico de nuestras reflexiones, el problema es que, a veces, las ideas están demasiado encorsetadas por la potencia ideológica del momento o el hechizo reivindicativo de actualidad, lo cual facilita, con relativa frecuencia, el forzamiento o distorsión de los sucesos del pasado. Esto es algo que puede acontecer con cualquiera de nuestras construcciones, pero mucho más cuando nos confrontamos con el análisis de sujetos desaparecidos, germen de nuestras conjeturas. De ese modo, la oportunidad de rescatar del baúl de los recuerdos la vida de ciertas personalidades, para mostrar ahora que, tras sus actos o silencios, se revelan nuevas fuentes de autenticidad o insospechados fenómenos ocultos, o baluartes originales y no reconocidos, no deja de ser, con asiduidad, sino que la consabida instrumentalización de los hechos en función de lo “políticamente correcto”, según la doctrina en boga. Se primaría así, nuevamente, la realidad al servicio de la ideología más que la realidad de una supuesta verdad, que siempre se nos escapa.

Libro La cara oculta de Salvador Dalí
Portada del libro de López Herrero «La cara oculta de Salvador Dalí»

Es cierto que el empuje de las mujeres hacia su propia emancipación social y subjetiva -que arranca en el siglo XIX con las fuentes de liberación social, marxistas y socialistas libertarias, para afianzarse decididamente en el siglo XX, mediante el prisma de todas las corrientes culturalistas que promovieron la libertad, incluido el psicoanálisis-, ha sido y es uno de los últimos reductos en lucha contra un modelo patriarcal que desfallece. Hace ya tiempo que la virilidad se tambalea, y que los hombres la sienten -la guerrilla de la violencia de género es su ejemplo más paradigmático-, y es hora, según las féminas, de que sean ellas las que comiencen a reescribir la historia, reconstruyendo ahora todo ese pasado incendiado de terca arbitrariedad  masculina.

Toda esta reflexión viene a propósito de la mujer Gala, convertida ahora en artista y coautora, en una reciente exposición celebrada en Barcelona, bajo el título Gala Salvador Dalí. Una habitación propia en Púbol, que pretende afianzar un tipo de imagen, que me resulta extraña a la luz de mi trabajo.

Que Gala fue una mujer, es un hecho; que fue la esposa de Dalí, también; que permitió que éste no enloqueciera, es algo que consideré de forma extensa en el libro La cara oculta de Salvador de Dalí. Ahora bien, que Gala supuestamente fuera una artista, es un asunto mucho más que cuestionable. Y desde luego, que ésta, como mujer, deba ser considerada ahora como baluarte artístico del nuevo feminismo, es una hipótesis que roza con la ingenuidad, el interés comercial o ideológico, o el desconocimiento acerca de lo que esta dama pretendió abanderar a lo largo de su existencia.

Mientras que los hombres fueron esenciales en su vida, su relación con las mujeres o su papel de madre fueron, desde luego, mucho más ambivalentes, cuando no controvertidos o detestados. Y ahora una afirmación clarificadora para situar mi premisa: Gala fue una mujer decididamente entregada a los personajes masculinos; estaba en ello, quizá, una huida de sí misma. Que algunos no se dejaran en absoluto o que otros siguieran su propio camino con celeridad, esto es algo que forma parte del affaire Gala y de sus enredos fantasmáticos. Sin embargo, en esa búsqueda imperiosa por salir de la desdicha, tanto como de la miseria, supo encontrar a un personaje atrapado en un fantasma singular, que precisaba para sobrevivir de la presencia constante de una señora. No cabe duda de que Gala tuvo la habilidad de intuirlo tempranamente en su primera visita a Cadaqués, y que supo adoptarlo, de la manera más sutil y conveniente para ella, pero también, todo hay que decirlo, para él, hasta el punto de que si el artista mantuvo dudas sobre demasiadas cuestiones, jamás, por mucho que las relaciones se tornaran cada vez más endiabladas, creyó poder vivir sin su presencia. Y desde luego, su gran temor, y así lo percibí en mi encuentro con la pareja en los años setenta, fue que ella pudiera abandonarle. De ahí la complacencia, perseverancia y entrega de nuestro pintor hacia esta fuente de inspiración, convertida en elixir vital, que supuso Galarina. Que esto pueda ser entendido como el hechizo que la musa ejercería sobre el artista, bien podría ser, aunque en ningún caso esta fascinación daliniana y su decidido trabajo pictórico, perseverante y de limpia como incansable pincelada, puede ser entendido como una faceta artística de Gala; por más que la consideración de artista, se vea sometida, en la actualidad, a múltiples y diversos devaneos o valores. Al contrario, si en algo destacaría esta mujer por encima de todo lo demás, fue en la labor terapéutica que ejerció como partenaire de un hombre “loco pero anudado”, incapaz de sostener su existencia sin la presencia de su mirada. De ahí que el símbolo manufacturado Gala Dalí, no deba ser planteado como una creación propiamente femenina, sino como el acto más auténtico de amor, generosidad, entrega y reconocimiento, que el pintor tuvo hacia esta señora y lo que ella representaba: su salvación, su sostén y muleta esencial. Que Gala se convirtiera más tarde en la maquinaría controladora de sus finanzas y demás cotidianidades humanas, así como en el tormento de los múltiples pretendientes de la empresa Gala Dalí, da cuenta de su capacidad de autoridad, a veces desenfrenada, pero relativamente eficaz. No en vano fue ella la que logró transmutar la época más creativa de Dalí, en un mundo que acabaría ahogado en la pura especulación; algo que, como comprenderán, no sólo continua y embadurna a este icono Gala Dalí, sino también a toda nuestra época hipermoderna tan sedienta de éxito y dinero.

Gala Dalí
Dalí y Gala

De ahí que, en ningún caso, fueran las mujeres, ni cualquier otra propuesta moderna de liberación social o cultural, lo que realmente interesara a Gala en su búsqueda particular, sino más bien elementos mucho más prosaicos, esto es, su afán monetario y, sobre todo, los hombres, y con el tiempo, los más jovencitos y bellos. Estaba en juego, tanto en ella como en Dalí, el intento por suprimir el acecho de una vejez, imparable, que les asediaba lentamente. El deseo de inmortalidad en nuestro pintor o el amor de su musa por toda esa gama de almas jóvenes, que les servían de descanso y de ocio, se articulan aquí, perfectamente, con la succión de esa savia vital a la que parece invitar la divina juventud.

No sé qué pensaría Gala de una exposición en la que ella figurara como artista genuina, aunque creo, con toda la delicadeza y prudencia que este tema sugiere, que no sería de su agrado, entre otras cosas, porque siempre quiso estar a la sombra de Dalí; que fuera él quien trabajara, expusiera, disertara y complaciera a la audiencia con sus veleidades y fanfarronadas, difundiendo también miles de teorías a propósito del “Divino Dalí”. Ella siempre en penumbra, bien resguardada, misteriosa, pero con un férreo control del producto Gala Dalí, su empresa, mientras le insinuaba a su infatigable pintor con una tenue sonrisa: “Hazme un cuadrito”.

Por eso, pienso, que si se le formulara una pregunta acerca de si ella se consideraba una verdadera artista, su respuesta, enigmática y daliniana, sería más bien: “Moi non plus”.

Para concluir quisiera señalar una frase que, quizá, nos acerque al misterio de esta pareja tan singular, que pudo brillar mientras la ilusión omnipotente planeó entre sus vidas: “Una madre que no ama a sus hijos, no puede amar verdaderamente a nadie. Pero un padre que no desea a su mujer convertida en madre, no puede ser un auténtico padre”.

Luis-Salvador López Herrero
Médico y Psicoanalista

Luis-Salvador-López-Herrero
Doctor Luis Salvador Pérez Herrero