García Armesto descubre en León los secretos del Santo Sepulcro de Jerusalén

La historiadora, viajera y divulgadora leonesa investiga desde hace años la relación histórica entre León y Oriente Medio

Armesto.- Muro de las Lamentaciones en el Sabbat
María Jesús García Armesto, ante el Muro de las Lamentaciones.

La iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén no tiene secretos para ella. María Jesús García Armesto, historiadora, investigadora y, sobre todo, viajera, ha recorrido varias veces las tierras de Oriente Medio y, en concreto, Israel y, sobre todo, Jerusalén. Es miembro de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, lo que convierte a esta inquieta leonesa en una auténtica experta y divulgadora de la historia, de la intrahistoria y de los secretos del Santo Sepulcro.

En competencia con varias convocatorias de actos culturales, celebrados a la misma hora y a pocos metros de distancia, García Armesto lograba llenar el Palacio del Conde Luna de la capital leonesa en vísperas de las celebraciones navideñas para hablar sobre el Santo Sepulcro de Jerusalén. La historiadora leonesa apoyó su disertación con fotografías de uno de sus últimos viajes a Jerusalén.

“Que nadie busque en el Santo Sepulcro un ambiente de silencio o recogimiento para rezar en su interior”. Es una de las primeras frases de su conferencia. Y lo explica. Son cientos de personas las que cada día acceden al templo que acoge el Santo Sepulcro y la mayoría de ellas hablan, gritan, lloran, rozan sus ropas y todas las partes de sus cuerpos con las piedras sagradas. Un ambiente de cierta histeria, poco proclive al recogimiento.

El Santo Sepulcro es hoy un lugar santo, cuyo exterior hasta pasa inadvertido entre el puzle de callejas que conforman el centro del casco histórico de Jerusalén. El edificio y el interior han sufrido enormes trasformaciones desde la gran construcción del emperador romano Constantino, una vez que el imperio abrazase el cristianismo. “El edificio está disimulado en un mar de callejas, poco iluminado, no cuenta con fachadas destacables ni torres de alto valor histórico”, asegura Armesto.

Armesto.- 2 La Anastasis y la Edícula
El Santo Sepulcro

Seis comunidades religiosas compiten en la administración del santo lugar: católicos franciscanos, ortodoxos, coptos, sirios, etíopes y armenios. Una auténtica torre de babel, cuya supervivencia depende de un estricto protocolo y de unas medidas de seguridad extremas. El interior es el fiel reflejo del devenir de los seis administradores: un caos ordenado. Un cruce de lenguas, culturas y tradiciones.

El edificio que hoy puede contemplar el viajero son los restos de la última gran reedificación en el siglo XI, en el tiempo de la primera cruzada. Con anterioridad, el templo había sido destruido hasta los cimientos por los persas, primero, y, por los árabes, en segundo lugar. De las primitivas, grandiosas y lujosas construcciones del emperador romano Constantino o del también emperador, pero bizantino y del  mismo  nombre, Constantino IX, apenas queda nada. Son los cruzados los que, sobre los restos de tanta destrucción, reconstruyen el templo que ha llegado hasta la actualidad.

CONOCEDORA DE ORIENTE MEDIO

García Armesto habla con la autoridad que le da su experiencia, sus viajes y sus investigaciones. Siempre ha tenido un gran interés por las relaciones entre el mundo cristiano, el judaico y el musulmán y muy especialmente por las interacciones que entre ellos se generaron en la época de las cruzadas.

Ha efectuado diversos itinerarios por los ejemplos arquitectónicos y culturales más destacados de dicha etapa histórica. Fortificaciones y ciudades amuralladas, alternativamente cristianas y/o musulmanas como Damasco, Alepo, Latakia, Tartús, el Krak de los Caballeros y Masiaf, fortaleza de Rashid al-Din Sinan, apodado el Viejo de la Montaña y de sus seguidores los “hashashin” (Siria) y al castillo de Alamut (Irán).  Kerak, Shawbak y Aljoun (Jordania). Jerusalén, Ascalón y San Juan de Acre (Israel). Trípoli y Beirut (Líbano).

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García Armesto, camino del Santo Sepulcro

Ha realizado otro tipo de viajes recorriendo los diversos destinos que siguieron las órdenes militares ante el avance del Islam, por ejemplo el de los Caballeros de San Juan, desde Jerusalén pasando por Ascalón y San Juan de Acre, a Famagusta (Chipre) y a la isla de Rodas hasta terminar en la isla de Malta.

A nivel de centros espirituales, ha visitado, además del núcleo central de Jerusalén y gran parte del Oriente Bíblico, significativos enclaves históricos, desde Machaerus, la fortaleza de Herodes donde fue decapitado San Juan Bautista hasta los monasterios coptos del Mar Rojo, San Pablo Ermitaño y San Antonio Abad, para finalizar en el Monasterio de Santa Catalina en el Sinaí, en dónde tuvo acceso, en la Biblioteca del Monasterio al Codex Sinaiticus y a la Carta-Salvoconducto del profeta Mahoma.

Ha departido con las escuelas sufíes de Konya y Estambul (Turquía), de Shiraz e Isfahán y con los zoroástricos de Yadz (Irán)  y procediendo de León, ciudad natal de Moisés de León, se ha dedicado a rastrear su pasado hebraico, habiendo localizado diversas Torahs procedentes de las sinagogas leonesas, en Túnez, en Tiberíades y en Safed (Israel).

También tiene su propia teoría sobre el origen del gallo que durante siglos coronaba la torre de la Basílica de San Isidoro de León y hoy guardado y restaurado en el museo de la Basílica. Su procedencia, sin duda, es de los tiempos de las cruzadas en Oriente Medio. Su llegada a León puede ser motivo para otra conferencia de María Jesús García Armesto.