El arquitecto catalán Antonio Gaudí estaría hoy satisfecho con el mimo, respeto y rigor con el que la Diócesis y las administraciones públicas cuidan, restauran, limpian y sostienen el Palacio Episcopal de Astorga, que él comenzó a construir en 1887. Aunque él no lo terminó, entre otras razones porque murió su mecenas, el obispo Grau, este edificio está considerado como una de las tres grandes obras de Gaudí fuera de Cataluña.

Tras las últimas obras de restauración y accesibilidad, el Palacio Episcopal luce ahora en todo su esplendor. La Junta de Castilla y León ha invertido 276.500 millones de euros y el Gobierno central más de un millón de euros en los últimos años. El resultado es espectacular.  Hasta el punto de que hoy prácticamente todo el edificio es visitable. Un edificio mágico.

Bajo el proyecto “El palacio escondido” se han recuperado para el visitantes salas que hasta hace poco era la vivienda del conserje y ya son accesibles bajo cubiertas, techos de madera de caoba, terrazas, escaleras de caracol y detalles de los muros y vidrieras, hasta ahora inaccesibles.

Gaudí diseñó este edificio como un castillo neogótico, pero nunca fue ocupado por alguno de los obispos que se sucedieron desde 1887. Y el único obispo que lo intentó, murió de forma repentina a las puertas del palacio, lo que provocó una cierta leyenda negra en torno al palacio.

El remate de las obras se prolongó hasta bien entrado en siglo XX. La cubierta se debe al arquitecto Guereta. En su interior destacan las enormes salas con grandes arcos ojivales, el colorido de sus esmaltes, las vidrieras, las columnas de formas vegetales, la suntuosa escalera. También se ha mejorado la iluminación interior y exterior. Todo en una atmósfera gaudiniana, misteriosa, envolvente, mágica.

El exterior es como un castillo de hadas, con torreones espigados rematados con finas veletas, contrafuertes, almenas y terrazas, desde la que se divisa la cercana catedral y el caserío de Astorga.

El interior cobija el Museo de los Caminos, una de las mejores colecciones de arte sacro de toda la Diócesis y de la Maragatería. Se ha eliminado la sección de arte contemporáneo y sus salas, en la planta tercera, se han adecuado para la celebración de actos culturales de todo tipo, con el fin de convertir el Palacio en un edificio vivo, con actividades y accesible a todos los ciudadanos.

En este sentido, la Diócesis y el Ayuntamiento están colaborando en el proyecto didáctico y divulgativo del edificio, con la publicación de guías, fichas didácticas  y diverso material gráfico, con el fin de dar a conocer la historia, el arte y la filosofía que inspiró la construcción del edificio.

Por todo ello, el Palacio Episcopal se ha convertido en uno de los símbolos y señas de identidad de la bimilenaria y Astorga (la romana Astúrica Augusta), la capital de la Maragatería, ciudad declarada conjunto histórico y artístico, con seis bienes de interés cultural y parada obliga del Camino de Santiago.

Más de cien mil personas visitan cada año Astorga, una afluencia que ahora se espera incrementar con la puesta en valor del Palacio Episcopal de Gaudí.