La hecatombe económica provocada por la pandemia del coronavirus se traducía esta semana en números: la economía española caía en el segundo trimestre del año un 18,5%, la mayor entre todos los países de economía occidental. Un dato al que se une la cifra del paro, según la EPA: se han perdido más de un millón de empleos, sin contar, claro está, con los trabajadores acogidos a los salvavidas de los ERTEs. La conclusión es que la economía ha entrado ya en recesión en unas proporciones descomunales y desconocidas desde  1936. Y todo hace indicar que la recuperación va a ser más lenta de lo esperado sobre todo por los rebrotes del coronavirus y el temor a que vuelvan a ralentizar la economía, como ya está pasando con el cierre de fronteras al turismo extranjero o los “toques de queda” al ocio nocturno por la irresponsabilidad colectiva de algunos jóvenes, que no acaban de tomar conciencia de que el coronavirus sí va con ellos y no es un juego. Es una auténtica ruleta rusa. A ver si se enteran de una vez.

Una de las causas de la recesión es la caída del consumo. Las familias han dejado de gastar por miedo a un futuro incierto. Y las empresas han dejado de invertir por lo mismo, al igual que el capital extranjero deja de llegar a España por miedo al futuro. Cuando un funcionario, que es el único que en este país tiene seguro el empleo y el salario de por vida, deja de gastar, no va de vacaciones y se aprieta el cinturón, malo. Y eso ya está pasando. Las pensiones de los abuelos fueron auténticos salvavidas para muchas familias en la anterior crisis, pero ¿lo serán ahora? Hay que tener en cuenta que el coronavirus se ha llevado por delante a miles de esos pensionistas. Una auténtica plaga bíblica.

La gran diferencia con la crisis de 2008/2010, que aún no hemos superado, es que la Unión Europa ha optado esta vez una por solución expansionista, sin exigir cumplimientos de déficit o deuda pública, ni de ajustes sino todo lo contrario. La única condición es que el chorro de dinero disponible se invierta con cabeza, con racionalidad y con criterios de rentabilidad en sectores productivos. Gracias a esos miles de millones de euros que se esperan España no ha dado en quiebra como en los tiempos de Felipe II. Tiempos en los que si los galeones de América no arribaban a buen puerto en la península, el Estado se declaraba en bancarrota y no reconocía la deuda a los proveedores. Así quebraron los banqueros alemanes Fúcares y lo pasaron muy mal los italianos Rótulo, por poner sólo dos ejemplos, por no hablar de los prestamistas conversos españoles como los Caballería o los de La Madrid.

Por todo ello hay que estar muy atentos a los movimientos de la banca española, no vaya a ser que la elevada morosidad que se espera debido al aumento del paro y a la insolvencia de familias y empresas obligue a muchos bancos a dotar provisiones muy por encima de sus posibilidades y vean caer sus ratios de eficiencia y de rentabilidad. Por de pronto, el valor en Bolsa de los bancos españoles ha caído ya cerca de un 45%, lo que deja la capitalización de algunas entidades en mínimo, como sucede con Unicaja, ya se sabe ese banco andaluz con pretensiones leonesas y castellanas, que ahora mismo sólo vale en Bolsa unos 758 millones de euros, calderilla para algunos de sus grandes accionistas, como el magnate y multimillonario Tomás Olivo, quien ahora tiene la oportunidad de incrementar a precio de saldo su participación en el banco de Málaga, sentarse en el consejo de administración y cantarle las cuarenta al todopoderoso Braulio Medel, cuyo sacrosanto nombre acaba de figurar en un montón de confidenciales por su presunta relación con el caso del comisario Villarejo y el cobro de unos sustanciosos cheques de Iberdrola a través del BBVA.

Semana horribilis la de Unicaja, cuyos presidentes Medel y Azuaga, han tenido que declarar en el juicio celebrado esta semana en León por la denuncia de Fundos contra Unicaja por presunta apropiación indebida de cien  millones de euros en inmuebles, obras de arte y mobiliario. El juicio ha quedado visto para sentencia, pero Unicaja puede tener la suerte –se ha oído en el juicio- de que hay autoridades de prestigio, como el actual Procurador del Común, que firman documentos de vital importancia ante notario sin leerlos.

A lo que íbamos, que la banca, ante la necesidad de dotar provisiones y no pagar dividendos  a sus accionistas, va a poner en marcha a cambio una dura política de ajustes y recortes de gastos generales, entre ellos cierre de oficinas, reducción de remuneraciones variables, prohibición de viajes de negocio o no cubrir las bajas de sus empleados, entre otros. Ah, y aumento de las comisiones a troche y moche. Nos van a cobrar hasta por respirar. Y no le pidan a su director de sucursal que les anule las comisiones porque les han quitado las competencias para hacerlo. No se olvide que las comisiones van directas a la cuenta de resultados.  Bueno, y el año que viene, nuevos recortes de plantilla debido al aumento de la digitalización de los servicios. La que nos espera.