Al padre de la Constitución Española del año 78, Miguel Herrero Rodríguez de Miñón le gusta León. Se siente cómodo en una ciudad donde todo está al alcance de la mano, incluyendo la Catedral o San Isidoro, monumentos que ha vuelto a visitar y que tan buenos recuerdos le traen. Se apoya en su anfitriona y cicerone, la profesora de la Universidad de León Teresa Mata, ex delegada del Gobierno y coorganizadora del programa de debates “Cuarenta años de Constitución Española. Cuarenta años de la Universidad de León”. Herrero, junto a Fernando Ledesma y Juan Antonio Díaz Ambrona, entusiasmaron a un público diverso, en el que destacaba la presencia de varias decenas de jóvenes estudiantes de Derecho. Se habló y mucho de la Transición, de la Constitución y, claro está, de Cataluña y de la deriva independentista.  Miguel Herrero lo tiene claro: la receta de la solución está en la Constitución.

-¿Qué tal en la conferencia de la Universidad?, ¿se sintió a gusto?

-Muy a gusto, muy agradable. Creo que nunca había visto este modelo de conferencia colectiva informal, con una moderadora, la profesora Teresa Mata, que lo hizo muy bien. Me ha parecido un formato original, cercano y lógico.

-¿Qué tal el cuerpo a cuerpo dialéctico con los jóvenes estudiantes de Derecho?

-Hubo un par de preguntas acertadas. Me agradó que hubiera tantos jóvenes estudiantes. Ya sé que se suele decir que los jóvenes hoy son un poco pasotas, pero los que asistieron a nuestra conferencia no lo eran. Yo estoy acostumbrado a tener gente joven a mi alrededor, empezando por mis tres hijos que los tengo en el ámbito universitario y sí le digo que de pasotismo de los jóvenes nada de nada; hay, como siempre, gente más lista y más tonta y gente pasiva y activa, como la ha habido siempre.

-Usted tiene 78 años y compruebo que anda bien de salud, afortunadamente, pero ¿cómo es la salud de la Constitución del año 78, auscultada por uno de sus redactores?

-Pues goza de una salud mucho mejor que la mía y auguro que va a durar mucho más que yo. A mí me quedan prácticamente 22 años de vida (risas) porque ahora lo normal es morirse a los cien; pero a la Constitución le queda mucho más…

-¿Tal como está o hay que meterse a fondo en su reforma?

-Interpretándola, diría yo. Las normas no hay que modificarlas permanentemente para, como se dice, ponerlas al día. Las más respetadas constituciones, como las de Estados Unidos o Noruega, tienen cientos de años.  La mayor parte de las constituciones europeas no son parlamentarias, sin embargo el parlamentarismo se ha introducido en todas ellas por hábitos y costumbres.

-¿Qué aspectos deberíamos reinterpretar de nuestra Constitución?

-Lo dice el Código Civil en su artículo 3, las normas hay que interpretarlas de acuerdo con las circunstancias  sociales del tiempo en que deben ser aplicadas. Por ejemplo, cuando hicimos la Constitución no existía Internet y cuando se refiere al secreto de las comunicaciones y de la intimidad hay que interpretar que cubre lo que se refiere al uso de Internet. Cuando se habla del derecho a la imagen, entendemos que abarca todos los medios, incluido Internet.

-En los últimos años, desde el Consejo de Estado, usted se ha mostrado partidario de la reforma de los aforamientos de cargos públicos…

-Partidario, no; el partidario ha sido el Gobierno, que ha mandado esa consulta al Consejo de Estado. Pero, tras nuestro dictamen, la propuesta no ha ido a las Cortes.

-Da la sensación de que en España tenemos demasiados cargos públicos aforados.

-Sí, pero la inmensa mayoría de los aforamientos no proceden de los cargos públicos, y es cierto que hay muchos cargos públicos excesivamente aforados; pero la mayor parte de los aforamientos son las fuerzas de seguridad del Estado. Y esos aforamientos se explican porque en España existe la figura de la Acusación Popular que no existe en el resto de Europa. Si la Acción Popular estuviera filtrada, por ejemplo por el Ministerio Fiscal, a lo mejor esos aforamientos no hubieran sido necesarios.

-También es partidario de la reforma de la Ley Electoral, pero parece que predica en el desierto.

-Sí, hay que reformar la Ley Electoral, pero no la Constitución. La Constitución fija unas bases y esas bases tienen que ser mantenidas. Lo decía en la conferencia Ledesma y hoy lo repito yo. Desde 1813 todas las elecciones en España han sido fraudulentas, todas, y en España, por ese hábito de fraude electoral siempre se han impugnado los resultados, ganara quien ganara. Desde el decreto ley de marzo de 1977, que establece unas normas provisionales, se dictaron unas bases que permiten que, gane quien gane unas elecciones, nadie las impugna porque el sistema garantiza que todas las fuerzas políticas estén representadas en todo el territorio, a excepción de las nacionalistas, por mera vocación territorial, y eso lo garantiza la representación proporcional; y, por otra parte, la judicialización del control garantiza, muy mucho, la limpieza de las elecciones. Es una garantía que se da en pocos sitios. Este sistema debe mantenerse, como debe mantenerse el mínimo de la representación en cada provincia, con el fin de evitar que los desequilibrios demográficos lleguen a las instituciones.

Teresa Mata y Herrero
Teresa Mata acompañó a Herrero durante la entrevista

CATALUÑA

-¿Se puede regular de alguna manera la Ley Electoral para que los nacionalistas no sean siempre bisagras y determinantes a la hora de conformar gobierno estables con partidos estatales en minoría?

-No-. Hasta hace muy poco en que, por ejemplo, el nacionalismo catalán ha caído en manos de unos exaltados, ha sido muy importe que el nacionalismo haya estado presente en las Cortes. Ha sido, hasta ahora, un factor de integración. Yo recuerdo la función decisiva que tuvo Miguel Roca en la elaboración de la Constitución. Esa experiencia me ha marcado. Si queremos integrar a los nacionalismo en la tarea común de España no se les deba marginar de las Cortes Generales. Otra cosa es que también los partidos mayoritarios, ya sean PP o PSOE, tienen que tener la prudencia, tanto de no marginar a los nacionalistas como de no sobornarlos. Cuando se dice que los nacionalistas cobran el precio de sus votos es porque usted de lo paga, claro está.

-En esta dinámica ¿cuál ha sido el punto de inflexión, de ruptura, entre el nacionalismo catalán y los gobiernos de España?

-Ha habido una serie de errores encadenados. El Estatuto de 2006 fue un tremendo error por parte catalana; el recurso del PP fue otro error inmenso; la sentencia del Constitucional fue un triple error, pero hay un cuádruple error: el uso que se ha hecho de dicha sentencia.  La sentencia tiene muchos aspectos meramente interpretativos y abría una puerta al sentido común y al sentido positivo, pero en Barcelona no se quiso entender así;  se consideraba que todos los aspectos eran condenatorios. Pero es que Madrid también ha hecho un uso excesivo e inadecuado de esa sentencia al defender con excesivo rigor, por ejemplo, la libertad de mercado, como sucedió en el caso concreto de los horarios de los establecimientos turísticos de determinadas zonas de Cataluña los días 24 y 31 de diciembre. Es decir, ambas partes han cometido errores y en vez de subrayar los aspectos positivos de la sentencia se subrayaron los negativos. Y, claro, tanto error ha terminado en el máximo error, que es el ultranacionalismo catalán, que se salta a la torera todo, la Constitución, el Estatuto… absolutamente todo, incluido el respeto a las minorías.

-Usted que ha trabajado durante años con codo con codo con muchos políticos catalanes ¿se ha sentido defraudado y sorprendido por esta radical deriva independentistas catalana?

-Muchísimo, sí, muy defraudado. Yo no trabajé con Jordi Pujol, por ejemplo, pero sí, y mucho, con Miguel Roca o Jordi Solé Tura y tengo muchos amigos catalanes. Y continuo hablando con ellos, sobre todo con Miguel Roca, con quien he participado en los últimos meses en muchos actos conmemorativos de la Constitución y él siempre ha defendido la vigencia de la Constitución, la unidad española y el consenso entre los partidos políticos.

-Bueno, aún quedan, pues, puentes tendidos para un posible acuerdo en Cataluña…

-Sí, puentes quedan, lo que es importante es que haya gente que los quiera atravesar. No faltan puentes sino gente que los quiera usar.

-¿Y qué se puede hacer para evitar la deriva total?

-Pregúnteselo al Gobierno, que está en Madrid, y al gobierno que está en Barcelona. Son los que tienen la responsabilidad y los que deben dar los pasos. Iniciativas se han puesto muchas, pero hay que querer y, sobre todo, no dar pasos disparatados. El gobierno de la Generalitat ha dado pasos disparatados y así no se puede.

-¿La Constitución tiene aún encaje para un Estatuto catalán más amplio en términos políticos?

-Sin duda, lo que no se puede aspirar es a que en el capítulo primero se ponga que Cataluña es una república independiente, claro está. Eso no tiene cabida.

-Imagino que estará siguiendo el juicio a los políticos independentistas…

Pues, no, no lo sigo. A mis 78 años he decido que sólo voy a ocuparme de las cosas sobre las que tengo responsabilidad o capacidad de influencia. En  aquello en lo que  no tengo esa capacidad prefiero no ocuparme.

-Pero usted es una autoridad política, moral y ética en este país.

-Bueno, yo no soy autoridad de nada. Las autoridades morales son hoy los jueces y los profesionales de la Justicia. A los jueves hay que dejarlos en paz y que hagan su trabajo.

Herrero de Miñón
Gesto de Herrero de Miñón

POLÍTICA

-Desde la atalaya privilegiada que da su edad y experiencia ¿cómo contempla la aparición de los populismos y la fragmentación del mapa político español?

– Hay que tener mucho cuidado en definir los populismos. Cuando se compara el populismo de Podemos, por ejemplo, con el Brexit, se hace con cosas que no tienen nada que ver. En España hay una tendencia hacia la extrema derecha y la extrema izquierda que pueden calificarse de populismo y lo que sí ha habido es una decepción en los partidos clásicos derivada de la economía española por los recortes tan fuertes que hubo y que supusieron la desaparición  de prestaciones sociales. Bueno, y hablar continuamente de esos recortes y de las restricciones sociales. Cuando se dice que la sanidad española no existe se exagera, sí existe y es bastan te menor que la del resto de Europa. La prensa haría bien en moderar sus exageraciones; es cierto que hay problemas, pero si esas problemas se exageran constantemente, pues caro…

-Pero esos recortes al estado del bienestar existen, no son una invención de la prensa.

-Sí, han existido y se han debido a una dura interpretación de los imperativos de la Unión Europea, principios que han sido descalificados por los principales economistas mundiales. La política restrictiva que ha propiciado Europa parece que no era la más adecuada ni eficaz. No hay derecho a equivocarse tanto y seguir en el carro.

-Desde su óptica de político del centro derecha ¿qué le parece el fenómeno VOX?

-Es fruto de lo que acabamos de hablar, como Podemos. Son dos posiciones muy semejantes,  una por la derecha y otra por la izquierda. Ambas son rechazables y ambas propugnan soluciones manifiestamente anticonstitucionales. Cuando VOX dice que hay que cargarse el sistema autonómico está liquidando la Constitución y cuando Podemos dice que hay que acabar con el régimen del 78, pues también se carga la Constitución. Ambas posiciones son muy semejantes en su inconstitucionalidad.

-¿Y la fragmentación del centro derecha en tres partidos?

-No, en dos, PP y Ciudadanos, VOX es la extrema derecha.

AMIGO DE SANTIAGO CARRILLO

-Usted fue muy amigo de un comunista como Santiago Carrillo, ¿echa de menos en este siglo XXI a una clase política como la de la Transición, basada en el diálogo, consenso y respeto por encima de las ideologías?

-Yo fui muy amigo de Carrillo. Ambos participamos en un programa de radio que llegó a tener una media de un millón de oyentes y duró once años. Once años de tertulias semanales fragua una amistad. Siempre he tenido un gran aprecio humano y una gran admiración política por Santiago Carrillo y su inmensa contribución política al éxito de la Transición.

-Esa tolerancia y el respeto por el contrario están ahora en quiebra entre la clase política actual…

-Sí, yo creo que sí. Y lo único que se puede hacer es restablecer esos principios, así de sencillo. Hay que considerar que el otro a lo mejor tiene un punto de razón en algo y eso es lo que permite hablar; si consideramos que el otro es satanás, pues nunca se podrá pactar con él claro está. Los políticos actuales deben tener en cuenta que no debe satanizarse al contrario porque si se le sataniza el otro ya no se fiará de usted nunca y, además, su propio partido no le dejará pactar.

-Usted y sus compañeros de la Transición formaron una clase política irrepetible…

-No, somos una clase política mejorable.