El leonés Emilio Blanco es uno de los grandes coleccionistas de plumas estilográficas y desde su experiencia y profundo conocimiento en la materia prepara una próxima exposición de estilográficas en el Museo Casa Botines Gaudí de la capital leonesa. A la espera de que la situación epidemiológica permita concretar esta exposición, que será única en la provincia, el autor adelanta una breve historia de la pluma estilográfica. Blanco posee una colección de 3.000 estilográficas y 30.000 plumillas.

Emilio Blanco, coleccionista

HISTORIA DE LA PLUMA ESTILOGRÁFICA

El año 1884 es clave en la historia de la pluma estilográfica: En el mes de febrero L.E. Waterman patentó su creación. Sin embargo, él no puede ser considerado como el “inventor” de este sorprendente objeto.  Ya en los últimos años del siglo XVII, circulaban por Italia unos artilugios que básicamente estaban constituidos por una plumilla rígida, un tubo cilíndrico de metal donde se almacenaba la tinta y un tapón en su parte superior que impedía que aquella se derramara. No es fácil etiquetar su autoría.

El primer intento serio e ingenioso para construir una estilográfica se debe a Frederick Fölsh, quien en el año 1809 registró su invento: una plumilla, un tubo hueco que hacía de reservorio para la tinta y un botón provisto de un muelle que empujaba la tinta hacia la plumilla. Los años discurrieron y hasta 1884 se sucedieron numerosos intentos para mejorar aquel artilugio diseñado para escribir, pero todos, incluida la pluma de Fölsh, tenían los mismos y desesperantes problemas: unas veces la tinta salía a borbotones y dejaba sobre el papel ostensibles manchas, en otras la tinta no fluía como era necesario, y en no pocas ocasiones la tinta no llegaba a la plumilla y volvía imposible la escritura.

Cajitas con plumillas

Fue entonces cuando Waterman, provisto de pocas herramientas pero con  mucho sentido común, encontró la solución que marcó “un antes y un después” en la historia de la estilográfica.

La pluma que inventó era un cilindro hueco de madera que se cerraba por su extremo posterior con un tapón realizado del mismo material, en la parte opuesta iba colocada la plumilla y el “alimentador”. El alimentador era, por tanto, una especie de canuto que presionaba en la parte interna de la plumilla y que tenía un surco a lo largo de la misma y en contacto con esta, y en cuyo fondo estaban dibujadas algunas estrías finísimas. Algo tan sencillo, resolvió el problema. Aquellos finos canales, cumpliéndose el principio de la capilaridad, aspiraban la tinta y mantenían “húmedo” el alimentador. La  tinta de la pluma de Waterman fluía con la cantidad necesaria, evitaba la aparición de los borrones y ofrecía una escritura uniforme en los trazos. Por fin, se había conseguido la “pluma perfecta”.

Ejemplos de tinteros

Durante los años que siguieron a 1884 fueron muchas las estilográficas que vieron la luz y bastantes las industrias que nacieron alrededor de este objeto, y cada cual trató de mejorar tanto el diseño interno de la pluma como su aspecto exterior. Conviene destacar la aportación de Georges S. Parker, cuando en 1889 patentó su primera pluma, y en 1894 concibió un nuevo sistema de alimentación denominado “Lucky-Curve”,  que consistía en un conducto encorvado el cual se unía a la parte interna de la pluma y así garantizaba que la tinta no se derramara.

Todos estos acontecimientos ocurrieron en Estados Unidos, de manera que se ha considerado a este país como la cuna de la estilográfica. En Europa, y más concretamente en Italia, Francia y Alemania, aparecieron los primeros fabricantes unos años más tarde.

Después de las aportaciones de Waterman y Parker, las investigaciones se encaminaron hacia la obtención de una estilográfica que fuera un instrumento popular, accesible y de fácil manejo. Conviene recordar que las primeras estilográficas se cargaban de forma manual, se quitaba el tapón posterior y con un cuentagotas se llenaba el cuerpo de la pluma, procediéndose después a cerrar el depósito. Hasta llegar al familiar “cartucho”, han sido innumerables los métodos de llenado: pistón, pistón y rosca, pistón tipo jeringuilla, respiradero membrana, goma con pulsadores, convertidor aerométrico, émbolo….

Despiece de una estilográfica

Además, la necesidad de crear un objeto bello por encima de todo, ha supuesto la aparición de una carrera desenfrenada en la búsqueda de materiales y formas. Así, una vez superada la “ebonita” por no ofrecer ésta una suficiente gama de colores, hoy en día se utilizan nuevos materiales: baquelita, galatita, resinas termoplásticas y celuloide. El oro y la plata, naturalmente, así como otros materiales preciosos, se han incorporado para solaz inquietud de los coleccionistas. De la primitiva Waterman, se ha pasado a estilográficas precisas y preciosas, verdaderas obras de arte en algunos casos. A partir de los años 90, los fabricantes de estilográficas han optado por lanzar al mercado, junto con las piezas habituales, series limitadas o numeradas con unos precios realmente desorbitados, y que en muchos casos, no existe el equilibrio necesario entre la cuantía del objeto y la calidad de la escritura.

Estilográficas

CONSEJOS

Para aquellos que se introducen en este fascinante mundo de la estilográfica, unos consejos para que este bello instrumento resista el paso del tiempo y respete con fidelidad la calidad de la escritura:

  • No dejar que la tinta se acabe por completo
  • Evitar que entre aire en el depósito en el momento de cargarla
  • Usar solo tinta para estilográficas
  • Procurar evitar los cartuchos, hay convertidores que se adaptan a prácticamente todos los modelos
  • Cuando no se vaya a utilizar durante un periodo largo de tiempo, guardarla completamente limpia

Emilio Blanco Rodríguez. Coleccionista