Al frente del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro desde el 1 de enero de 2018, el director teatral, Ignacio García, ha llegado como un soplo de aire fresco y consiguiendo hacer que todos los almagreños se sientan más que nunca, partícipes y orgullosos de un festival que se ha convertido por derecho propio en referencia a nivel mundial. García visitó recientemente León para asistir como invitado a la Asamblea de Festivales de Música Clásica (FestClásica) celebrada en la capital leonesa y organizada por la Fundación MonteLeón.

¿Por qué acude el director de un Festival de teatro Clásico como invitado a una Asamblea de Festivales de Música Clásica?

Para compartir y derribar fronteras, escuchar, tender puentes, plantear espacios de conviencia y sinergias. Yo era músico y ahora hago teatro, no entiendo una división entre manifestaciones de la cultura como son la música y el teatro.

Los festivales y los certámenes de cultura deben ser un modelo de convivencia para la Sociedad Civil, donde todas las personas y todas las ideas tengan cabida y puedan ser entendidas, debatidas y respetadas.

¿Qué ha cambiado desde que usted llegó al Festival de Teatro Clásico de ALmagro?

Hay cosas que han cambiado mucho y otras que no han cambiado nada.

Las que no han cambiado son, afortunadamente, todas buenas: seguimos teniendo el mejor corral de comedias del mundo, seguimos siendo el centro del teatro clásico hispánico a nivel mundial, que seguimos contando con uno de los patrimonios culturales más ricos de nuestra lengua… intentamos ser dignos herederos de esa tradición de más de 40 años.

Lo que ha cambiado es que tratamos de dar más relevancia al hecho de que Almagro sea un lugar de referencia a nivel mundial para ese patrimonio hispánico, que sea la casa común donde los hispanohablantes saben que pueden disfrutar de autores como Lope o Calderón de forma abierta y que es un festival que cada día le pertenece a más gente: también a toda Latinoamérica, a las mujeres – que tenían también su lugar en el Siglo de Oro – o a las personas con discapacidad. Hemos roto barreras.

¿Cuál es el secreto de hacerlo con tan poco presupuesto?

El secreto es la gente, gente que aporta su cretividad, su ilusión, su visión, su participación… También hay instituciones como las agrupaciones locales y provinciales, el Ayuntamiento, la Diputación, el Ministerio de Cultura, el país invitado que nos apoyan. En Almagro cabe todo el mundo y cada uno aporta lo que tiene: eso es lo que hace grande el Festival. Nuestra grandeza no se mide tanto en tamaño como en calidad.

Almagro es un Festival Internacional, pero que no deja de lado a las lenguas cooficiales y la riqueza lingüistica de nuestro país.

Por supuesto. No tendría sentido que hagamos a Lope de Vega en polaco o en estonio y no busquemos en los patrimonios lingüisticos que tenemos más cerca. ¿Por qué no utilizar lenguas como el gallego, el euskera, el catalán…?. Tenemos que, como decía, romper barreras, barreras que son sobre todo mentales.

Uno de sus mayores logros es precisamente, la implicación que Almagro y los almagreños tienen hoy en el Festival. ¿A qué cree que se debe?

Es un orgullo poder disfrutar de Almagro durante el Festival: cómo está el municipio de cuidado, las calles, las fachadas… Es imposible valorar cuánto aportan los almagreños al Festival igual que es imposible valorar cuánto aporta el Festival al municipio.

Ha crecido la visibilidad del talento local: el Corral de Comedias – que ha cumplido 25 años – y otras compañías más jóvenes como El Taular, las visitas teatralizadas, la banda municipal, el club de lectura, el aula de tertulia, la asociación folclórica Tierra Roja… Lo único que tenía que hacer el Festival era aprovechar toda esa vida cultural – casi impensable para un municipio de poco más de 9000 habitantes – y darle cabida dentro del Festival. Antes parecía que todo ese talento debía quedarse relegado para dar cabida al que llegaba de fuera.

Usted se mueve por Almagro en bicicleta ¿por qué?

Creo que no sólo es el mejor medio para moverse por una ciudad como Almagro, sino que sobre todo es una manera de estar en contacto con la gente, ver cómo reaccionan, lo que piensan. Una manera de hacerles ver que estoy cerca, que les escucho y que soy un almagreño más.

¿Qué se siente al representar una obra en el Corral de Comedias?

Yo he tenido el privilegio de vivir ese sentimiento primero como director de obra y ahora de forma indirecta como director del Festival, presentando los actos y las representaciones. Es un lugar cargado de historia, de energía y con un valor patrimonial incalculable.

Este año tuve el privilegio de poder mostrárselo por dentro a Su Majestad la Reina Letizia, es un edificio muy peculiar y único en Europa. Sin él el Festival no sería lo mismo, quizás ni existiría.

Por eso es importante para nosotros y para el Ayuntamiento conseguir ese reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO para garantizar que se le da buen uso e impulsar su proyección internacional.

¿Cree que se está perdiendo el aprecio por la cultura en la juventud?

Para nada, pero la cultura debe adaptarse. En nuestro Festival hay un certamen para público infantil y familiar que está siempre lleno, también un certamen de nuevos creadores dirigido a los jóvenes… Nosotros creemos que no podemos decidir cómo debe ser la cultura o el teatro para los jóvenes, lo deben decidir ellos. Nuestra labor es estimularles, darles un espacio y ayudarles a que puedan expresarse.

¿Cree que hoy día se ha recuperado ya el teatro clásico en España? ¿Podríamos decir que “está de moda”?

Absolutamente. Hemos encontrado fórmulas modernas para transmitir ideas universales y obras magistrales de nuestra literatura a través del rap o la danza. Actualmente nos hemos sacudido muchos comlejos y hemos logrado que nuestro Siglo de Oro se valore a nivel internacional como merece, un nivel que en algunas ocasiones ha estado reservado a determinados autores de la literatura anglosajona como Shakespeare.

La cuna del Siglo de Oro español está en Almagro y Almagro debe estar a la altura del desafío de ser la reserva natural de todo ese pensamiento.