Esa cabellera blanca y rizada le da un perfil de clásico senador romano. Habla de forma pausada, en tono coloquial, meditando las palabras, con  cautela. Le brillan los ojos cuando reflexiona sobre  arqueología, su trabajo, su pasión, su forma de vida. Jesús Celis es arqueólogo, técnico responsable de Patrimonio del Instituto Leonés de Cultura (ILC) de la Diputación Provincial. No tiene pelos en la lengua y le duele Lancia, yacimiento arqueológico que excava y estudia desde hace 25 años y que ahora puede estar ante el proyecto definitivo. Prototipo identitario de lo leonés, Lancia tendrá este año el definitivo proyecto de musealización.

-¿Lancia es el proyecto estrella de 2019 de la Diputación?

-Digamos que es prioritario. No se concibe como un plan director, en Lancia ya hemos trabajado desde hace muchos años y ya se hizo un plan director, donde se marcaban las líneas de actuación; ahora se trata de concretar y redactar un proyecto de intervención en el yacimiento, un proyecto de cara a la restauración y, como último objetivo, la visita pública. Queremos hacer visitable Lancia y para eso hay que acondicionar, restaurar, consolidar, musealizar y crear un circuito para que la gente pueda ver lo que hay debajo de la autovía y lo que hay en las fincas de la Diputación, que es donde se ha excavado en todos estos años.

-Es decir habrá un museo o, como ahora se dice, un centro de interpretación de Lancia.

-Sí, es básico tener un centro de interpretación que ponga en valor el yacimiento.

-¿Estará ubicado en el mismo yacimiento?

-Eso dependerá del proyecto. Primero tiene que haber un concurso y quienes concurran  deberán diseñar y proyectar ese centro de interpretación, así como su ubicación.

-¿Hay dinero para llevar a cabo todo este proyecto?

-Hay dinero para convocar el concurso, luego de ahí, una vez aprobado el proyecto ganador, se derivará el presupuesto necesario. El proyecto deberá contar con distintas fases, con el fin de que el presupuesto también se pueda aprobar por fases.

-Largo me lo fiais, pues

-No, ahora se trata de aprobar el proyecto, entre otras razones, para solicitar al Ministerio de Fomento las ayudas correspondientes al 1,5% Cultural. La autovía atraviesa parte del yacimiento, una autovía que ha financiado el Ministerio de Fomento, por lo que creemos que el Ministerio estaría interesado en colaborar con este proyecto, al menos en conservar, proteger y musealizar los restos que la propia autovía ha ayudado a localizar y excavar.

-¿Cuánto daño ha causado la autovía al yacimiento?

-Sí, ha provocado daños, claro que sí, no cabe la menor duda. Es una infraestructura de gran porte que pasa por encima del yacimiento, que, ojo, está declarado bien de interés cultural. Dejemos la autovía donde está, pero paliemos el impacto que ha provocado y, sobre todo, rescatemos los restos que han aparecido y que son de muy alto interés. La parte monumental del yacimiento se ha salvado y está enterrada debajo de la autovía. Esos restos deben integrarse en la musealización. Yo llevo trabajando 25 años en Lancia y que hiciesen por ahí la autovía no me gustó nada, pero en su momento todos los interlocutores votaron en su momento por esta solución, que era la menos mala.

-¿Este proyecto sobre Lancia va a ser el definitivo?

-Para el mundo de la arqueología va a ser un hito. Lancia lleva excavándose más de siglo y medio, en distintas etapas, y los leoneses lo han asumido como un elemento identitario de lo leonés. Lancia se considera el origen de lo leonés, aunque siempre con el prurito del abandono, de la destrucción y del expolio. Lancia ha sido un yacimiento muy maltratado, expoliado, que ha sufrido todos los rigores de infraestructuras como canales de riego, tendidos eléctricos, concentraciones parcelarias, plantaciones de pinos y ahora la autovía. Lancia es una asignatura pendiente.

ARQUITECTURA TRADICIONAL

-Además, de Lancia, a usted le duele el estado de conservación de la arquitectura tradicional o popular leonesa ¿tan mal está su conservación?

-Bueno, nos estamos olvidando de ese tipo de arquitectura. La arquitectura tradicional tuvo un sentido en la época autárquica y agrícola. Las casas se las construían los propios vecinos, sin arquitectos y con un lenguaje propio de la arquitectura pobre, entre comillas, que se adaptaba perfectamente a sus necesidades. Esa sociedad se ha disuelto, la gente ha emigrado, y ese tipo de arquitectura ha quedado en el olvido. Y en muchos casos, cuando los hijos o los nietos de quienes emigraron han vuelto y han recuperado la casa, lo han hecho en muchos casos olvidándose de la arquitectura tradicional e imponiendo modelos contemporáneos.

-Pero en los pueblos se ven intentos conservacionistas.

-La verdad es que los pueblos están bien conservados, pero la arquitectura popular ocupa cada vez un lugar menos importante. Quedan ínsulas en las que se conserva parte de la arquitectura popular. Y esta tendencia es también perversa porque se pretende conservar ese tipo de arquitectura como monumento, como islotes monumentalizados dentro de un tejido urbano moderno.

-Afortunadamente quedan conjuntos urbanos, típicos de la arquitectura popular o tradicional.

-Bueno, son más bien pequeños parques temáticos. Ahí está por ejemplo Santiago de Peñalba, el caso más paradigmático de espacio apartado y con características arquitectónicas preciosas, pero cuyas casas restauradas se han llevado a un estado idealizado de cómo pudo ser aquello. Pero se ha perdido la esencia. Tienen utilidad como casas veraniegas, que no tienen nada que ver con la gente que vive allí.

Sin embargo, otros lugares, como Castrillo de los Polvazares, Santiagomillas o Valdespino se han conservado mejor, donde la arquitectura popular es de mejor calidad.

-¿La despoblación es la puntilla a este tipo de arquitectura?

-Desgraciadamente sí, junto al hecho de que la propiedad esté cada vez más repartida debido a las herencias y los herederos no se ponen de acuerdo, la casa se arruina y se cae, es un proceso que se repite en muchos pueblos. Y en algunos de esos solares luego se han construido chalés que nada tienen que ver con el entorno.

MUSEO ETNOGRÁFICO DE MANSILLA

-¿Qué importancia tiene el Museo Etnográfico de Mansilla de las Mulas en la conservación no sólo del patrimonio  sino de la memoria y hasta del lenguaje y hábitos populares?

-Fundamental. El Museo no sólo recoge sino que estudia y expone la cultura tradicional, es un depósito de la sabiduría popular. Custodia objetos de alto valor etnológico y ya casi arqueológico. Ahí está depositada nuestra cultura más genuina para que no se olvide y explicarla a nuestros hijos. Este Museo es imprescindible, sin duda de las cosas que mejor ha hecho la Diputación en materia cultural.

-Sin embargo, su impacto en el entorno es muy reducido.

-Lamentablemente no es fuerte en Mansilla, un pueblo que está en vías de decadencia y de despoblación, no sé muy bien porqué. Ahora la única fuente de vida es el Camino de Santiago y los negocios que pivota en torno a los peregrinos. Nosotros pensábamos que los peregrinos podían interesarse por el Museo, pero no es así; el peregrino no tiene tiempo de ver museos.

El Museo no ha tenido ese efecto llamada que se esperaba sobre el entorno. El Museo atrae a gente de la provincia y ha habido experiencias como el Día de… un pueblo y se traía a vecinos o a grupos de danzas, asociaciones, etcétera. Hay que seguir por esa línea.

COMISIÓN PROVINCIAL DE PATRIMONIO

-Otra de sus facetas profesionales la ocupa su pertenencia a la Comisión Provincial de Patrimonio, cuyos acuerdos suelen levantar polémica.

-Yo creo que es una Comisión que se entiende mal y que tiene muchas críticas, sobre todo entre los periodistas. Yo soy simplemente un vocal, pero el trabajo no es fácil porque hay muchos intereses contrapuestos cuando hay que tomar una decisión sobre un bien que tiene un propietario y que quiere hacer algo con él. En muchos casos se aplica la Ley y el problema se sustancia sin problemas. En pocos casos se llega a posturas encontradas y hay que votar; se debate mucho porque hacemos un trabajo serio y al final se decide. Y cuando hay desacuerdos directamente se acude a la Comisión regional para que decida.

-¿Ha habido muchos de estos casos?

-Yo llevo diez años en la Comisión y puedo contar los casos con los dedos de una mano, por ejemplo el tema de Lancia ha sido uno de ellos.

-El caso de la Plaza del Grano ha sido el más famoso.

-Sin duda, se han vertido ríos de tinta y de mala información. Es un asunto para escribir un libro. Es un caso típico de cómo actúa la opinión pública mal informada y muy dirigida…

¿Por culpa nuestra, de los periodistas?

-Sin duda, ha habido posicionamientos muy claros de algunos periodistas y de algunos medios de comunicación sobre este asunto sacando de contexto informaciones y opiniones. No tiene el mismo valor la opinión de un profesional de la construcción, con todos mis respetos, que la de un arquitecto que lleva años estudiando el proyecto. No se debe dar pábulo a informaciones poco formadas. Hay que contrastar elementos y situaciones comparables.

Hubo hasta presiones personales; en fin una situación increíble que yo no había vivido nunca, ni con el caso polémico de Lancia. La Plaza del Grano ha sido un enconamiento, algo así como un intento de parar el proyecto por cojones.

-¿El resultado final es satisfactorio?

-Yo creo que sí. La Comisión lo que dilucidó es si esa obra afectaba al patrimonio cultural de la ciudad de León y  nosotros determinamos que no afectaba. Se ampliaron las aceras para cumplir con la normativa, se repuso el empedrado por métodos tradicionales, algo que no iba en contra del espíritu del lugar, no lo pervertía ni se convertía la plaza en otra cosa. Ahora, eso sí, hay que estar vigilantes y manteniendo la plaza y obligar a los negocios que están allí que limpien y cuiden el entorno. Si es verdad, que la degradación de la Plaza se pudo deber a la dejación de su necesario mantenimiento por parte  del Ayuntamiento y se permitió entrar allí a toda clase de vehículos y celebrar todo tipo de eventos, como botellones.

Es verdad que esta Plaza tiene un equilibrio bastante difícil de mantener, hay que tener mucho cuidado porque es muy frágil.

-¿Con las excavaciones en León de yacimientos romanos, como el caso reciente de la plaza de San Pelayo, pasó algo parecido?

-Es la eterna problemática de las ciudades históricas. La arqueología se tiene que adecuar al callejero y al urbanismo actual, que es lo que permite que la ciudad funcione. No se puede convertir en un museo romano permanente el casco histórico, no se puede obviar todo lo demás.  En el caso de la Plaza de San Pelayo, la Comisión decidió que mientras no hubiese un plan especial que contemplara la exhibición pública de esos restos, los Principia, el cuartel general de Pretorio, lo mejor era taparlo.

El casco histórico debe tener vida, no se puede convertir en museos que se cierran por la noche ni en parques temáticos. Hay que buscar el equilibrio de todos los intereses, sobre todo con los criterios de la vida actual.