“La reina sin reino” es la última novela histórica de José María Pérez Peridis, uno de los autores más queridos por los lectores leoneses. Peridis es un personaje carismático, amable, cercano; un paisano de esta tierra. Disimula una leve cojera y exhibe una amplia sonrisa. Habla con voz pausada y es capaz de hablar y de dibujar al mismo tiempo la caricatura de su interlocutor. Es optimista y cree en la capacidad de repoblación de la España vacía. Habla de doña Berenguela como si fuese su tía abuela, como una mujer adelantada a su tiempo y como prototipo de la mujer actual. “Las mujeres son la retaguardia, la prudencia y la diplomacia”, asegura.

 

– Otra vez las mujeres como protagonistas de su nuevo libro.

-Las mujeres son la retaguardia, la prudencia y la diplomacia. Prefieren arreglar las cosas por la negociación, incuso con un cierto soborno, antes que por las armas. Ellas intentan disuadir a los maridos para que no hagan la guerra, entre otras razones porque les tocaba casarse con el enemigo. Las mujeres son el cuerpo diplomático, las mujeres eran utilizadas para hacer las paces entre dos reinos en guerra. Eran moneda de cambio. Absolutamente, como lo han sido toda la vida.

-Las mujeres se sacrificaron por la unidad de los reinos.

– Hoy, la lección que podemos obtener es que la unidad hace la grandeza de las naciones y la división, el fracaso absoluto. Así se demostró con la unión de los reinos de León y Castilla. La permanente disputa entre Castilla y León en la Edad Media, a partir de la decisión que hace Alfonso VII, por los castillos de Tierra de Campos y por las dotes, convierte la época en un auténtico embrollo, que complica más el Papa cuando, tras la boda de Alfonso y su sobrina Berenguela, les excomulga y les separa. Eso es el desbarajuste.

-Qué poco hemos aprendido de la historia.

-Sí, porque da la casualidad que Berenguela, tataranienta de la Berenguela esposa del emperador, es hermana de Ramón Berenguer IV rey de Aragón y conde de Barcelona y de Ramón Berenguer III, es decir el maridaje en la cúspide era total. Los reyes de la España del tiempo de la novela eran primos hermanos. Se casaban con el vecino por razones estratégicas y ese vecino era tu tío o tu primo.

-Pero ahora no podemos optar por la política de matrimonios.

-Claro, pero podemos optar por una política de pactos, de diálogo y entendimiento. Hay temas actuales que me preocupan, como el Brexit, que va a terminar mal para ellos y para nosotros, ya que Europa se va a debilitar. Y lo mismo pasa en Cataluña. Yo he oído decir  a políticos catalanes que se trata de un divorcio, pero no es así. Cataluña y España somos siameses y para separarlos habrá que pedir permiso a los dos y que la operación no sea de riesgo. Somos siameses y estas novelas mías lo demuestran. Cataluña como reino no existe nunca, sí hubo el condado de Barcelona  y otros condados, pero dependían del reino de Aragón.

-¿Qué pasó con León?

-Que quedó fuera del eje vertebrador de España o de los reinos de España, quedó al margen del puerto de Santander y su conexión con Francia, del eje Burgos-Palencia y Valladolid y Toledo, que ya mira más hacia el sur, con la capital que va Córdoba y luego a Sevilla, con Fernando III el Santo, por razones estratégicas. La pérdida de Portugal para el reino de León fue tremenda. Entonces se descabaló un territorio que tenía salida al mar.

-Y eso nos llevó al centralismo.

-Sí, igual que en Francia o en Alemania. Los reinos sitúan la capital en el centro porque se hace con la suma de reinos y la capital tiene que estar en el centro geográfico.

– Y el centralismo llevó a la marginación, despoblación de grandes regiones, como sucede ahora. La historia se repite.

-Yo llevo cuarenta años apostando por la repoblación a partir del patrimonio y de la cultura, de la innovación. El patrimonio artístico no es una carga sino un gran recurso.  Y la España interior, la España vacía, tiene un gran recurso en patrimonio, entendido como paisaje, arte y personas. Las personas son clave. La solución tiene que salir de dentro. En vez de mirar qué hace el vecino, lo que tenemos que decirnos es qué podemos hacer nosotros, que puedo hacer yo.  Cuando yo me encontré ante las ruinas del monasterio de santa maría la real en Aguilar de Campoo yo me pregunté que podía hacer, yo que soy arquitecto y que conoce a gente ara darle la vuelta. Lo primero fue ver un futuro para el monasterio, como recurso.

Ancho es el territorio de León y de Castilla, con ríos, montañas, de una gran variedad, con una gran unidad, con el Duero como eje vertebrador más Portugal. Y este territorio ofrece al mundo un idioma, una literatura universal, un patrimonio inigualable, unas ciudades modernas –León es una gran ciudad- . Primero, tenemos que creérnoslo; segundo, tenemos que intentarlo; tercero, que el fracaso es no intentarlo; y cuarto, innovar, verlo con ojos nuevos. Estamos en la globalización y podemos vender cualquier producto nuestro en cualquier parte del mundo. Tenemos que sabernos vender.

-¿El modelo de éxito de Santa María la Real es trasladable, por ejemplo, a León?

-Sí, sólo se requiere amor a la tierra, entusiasmo, dar participación a todo el mundo, unidad, visión de futuro, salir fuera a ver que hacen los demás, y todo lo que hagamos hacerlo muy bien.  La calidad es la clave. Ahí están nuestros vinos o la industria de transformación agroalimentaria. Somos una potencia. Por ejemplo, a firma Gullón, de Palencia, que mantiene sus raíces y reinvierte todo.

No podemos perder más población. Yo tengo esperanza en las nuevas tecnologías. La sociedad del bienestar del futuro tiene que repartir el trabajo. Con las ciudades que tenemos y con el campo, entendido como espacio o paisaje, nos permite un sinfín de alternativas. Cuanto más nos tecnifiquemos más vamos a necesitar el contacto con al paisaje y el medio ambiente si de verdad queremos tener un equilibrio emocional y no enloquecer. Necesitaremos volver al contacto con la naturaleza y esta tierra, León y Castila, es propicia para ello.

-A pesar de su trilogía centrada en la Edad Media, usted es un humanista, un renacentista.

-No, yo soy un románico, eso sí la parte renacentista del románico. Yo he ido a mis orígenes, a mis raíces para restaurarlos. Primero he ido a la infancia, para restaurarla; y luego estoy contando la infancia que somos como sociedad. Ahí estamos: de dónde surge nuestra civilización, de civitas (ciudad) y las ciudades qué hacen, las catedrales. Así, los logotipos de León y de otras ciudades, son sus catedrales. La catedral hacia la ciudad, la iglesia cogía excedentes, los reyes ayudaban y los gremios se organizaban para construirla y lo hacían para dar y tener trabajo. Y se investigaba en la metalurgia, en la piedra, en el vidrio, es decir se innovaba. La catedral era un foco de innovación tecnológica, el mayor centro de investigación de su época. El avance de Occidente se debió en gran parte a este tipo de ciudades.

-¿Va a seguir investigando y escribiendo sobre la Edad Media?

-Vamos a cambiar el chip y ponerse en esta época. Quiero afrontar en mis próximas novelas los problemas actuales, el desempleo, la falta de salidas profesionales para los jóvenes, la discriminación de la mujer, la violencia de género y el desarraigo. Y la educación, que es básico.