Juan Carlos Vázquez anuncia una nueva novela ambientada en las cuencas mineras de carbón

“El periodismo y la literatura son dos hermanos mellizos, tan parecidos que muchas veces se confunden o incluso son uno mismo”.

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Juan Carlos Vázquez

El periodismo, el buen periodismo, es una buena palanca hacia la literatura, no en vano es un género literario. El periodismo leonés ha dado en los últimos años excelentes ejemplos de periodistas convertidos en novelistas, ensayistas o guionistas. Ahí están, por citar algunos ejemplos, Noemí Sabugal, Emilio Gancedo, Eduardo Aguirre, Joaquín Torné, David Rubio y ahora Juan Carlos Vázquez, quien además tiene el mérito de haber completado la doble cara del periodismo: el reporterismo local y el periodismo de empresa. Vázquez completa ahora su ascensión al mundo de la literatura con su novela “El nombre de los barcos”, que, sin duda, tiene mucho de reportaje periodístico y de lenguaje directo y sin concesiones. Y ya anuncia que prepara su segundo entrega con un texto ambientado en la cuenca minera del carbón, que tantos reportajes le motivaron en su carrera profesional.

Juan Carlos Vázquez aprovechó el acto de presentación en Madrid de su primera novela para desvelar que ya está preparando la segunda, en este caso ambientada en las cuencas mineras de carbón, que él también conoce, primero por haber nacido en la Asturias interior y, en segundo lugar, por haber sido un tema recurrente durante sus muchos años como reportero y redactor jefe de Diario de León.

“Dicen que trae mala suerte hablar de los proyectos que no están acabados –aseguró entre sonrisas Vázquez- , pero como yo aún soy novato en esto y además no soy supersticioso, lo puedo contar. Ahora trabajo en una novela ambientada en las cuencas mineras del carbón. Este país, como el resto del mundo occidental, se puso a funcionar gracias al carbón que durante doscientos años han arrancado generaciones de hombres que se entierran vivos literalmente a cuatrocientos metros de profundidad, que inhalan un polvo que los condena a una vejez prematura con la angustia de no poder respirar, y sometidos a diario a las condiciones más penosas y a un riesgo cierto de morir en cualquier momento atrapados bajo un derrumbe o por una explosión de gas”.

Vázquez quiere retratar un ambiente que él bien conoce. “No estoy hablando –asegura- de esclavos romanos, ni de los mineros del Congo Belga que conoció Conrad en ‘El corazón de las tinieblas’, sino de españoles normales, como usted y como yo, que vivían y viven en amplias comarcas en Asturias, en León, en Palencia o en Teruel, y que ahora que han dejado de ser útiles –o eso creen algunos en este momento- se les deja caer a ellos y a su tierra. Y por si fuera poco, casi se les criminaliza por todos los males medioambientales del planeta. Será un homenaje y un agradecimiento a esta gente, pero también será una novela de aventuras y creo que puede sorprender, porque las aventuras que ocurren en la mina, como los héroes que las protagonizan, son desconocidas porque suceden sin luz, en lo más profundo de la tierra”.

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El autor, con un ejemplar de su primera novela en las manos

“EL NOMBRE DE LOS BARCOS”

Vázquez ganó el Premio Felipe Trigo con su novela “El nombre de los barcos”, editada por una de las marcas de Editorial Planeta. El Premio es convocado anualmente por el Ayuntamiento de Villanueva de la Serena (Badajoz) y se ha convertido en uno de los más prestigiosos de España en su modalidad y es considerado como un excelente trampolín para metas más altas de la literatura de ficción.

Juan Carlos Vázquez (Quirós, Asturias, 1967) es licenciado en Periodismo por la Universidad del País Vasco. Desde muy joven ha colaborado en diversos medios de comunicación, especial- mente en ‘Diario de León’, periódico a cuya redacción se incorporó como reportero en 1992 y del que fue redactor-jefe durante ocho años.

Desde 2007 forma parte de la Dirección de Comunicación y Relaciones Institucionales de ‘El Corte Inglés’ en Castilla y León y coordina las presentaciones editoriales y la actividad de la Sala de Ámbito Cultural en León. Apasionado por el mar, ha navegado por el Mediterráneo desde el mar de Alborán hasta el Golfo de León, el mar Tirreno, el Jónico, el Adriático o el Egeo.

El periodista no abandona su timidez al ser el foco de atención de sus colegas periodistas. Se confiesa nervioso y se le nota más cómodo al otro lado, en la redacción de un periódico o delante de un teclado de ordenador. “Los nombres de los barcos” es su primera novela, pero “es una obra que ha tenido varias vidas antes de nacer, se ha cocido a fuego muy lento durante prácticamente una década. Por lo demás, mis antecedentes literarios vienen de mi condición de lector casi compulsivo y de mi profesión como periodista”, confiesa a los periodistas en el acto de presentación de su novela en Madrid.

“Como a muchos otros, la mar me embrujó desde niño –explica-. Pero ya en mi juventud yo tuve el mal de Don Quijote durante algunos años, sólo que en lugar de las novelas de caballerías, mi obsesión eran las lecturas sobre el mar. Me lo leía todo: novela histórica marítima, diarios de navegantes, ensayos, cuentos y especialmente novelas de aventuras, desde Stevenson, Jack London o el gran Conrad hasta otros más contemporáneos como Patrick O Bryan, Justin Scott, Alejandro Paternain, Nicholas Monssarrat… Me leía todo lo que cayera en mis manos con tal de que oliera a sal. Con el tiempo conseguí también mi Rocinante, un veterano velerito llamado ‘Raitán’ y comencé a navegar. Todo eso ha marcado cada página y cada línea de “Los nombres de los barcos”; quería que fuera una novela sobre el mar, que oliera a yodo, a brea, a puerto y a sentina de barco. La trama del robo en el Thyssen casi es una disculpa para que la historia zarpe y se haga a la mar”.

Le gusta la intriga y el misterio, aunque no se declara un fiel devoto de la novela de intriga: “No sigo especialmente el género negro, aunque tampoco reniego de él; como en el resto de la literatura, hay grandes obras y otras mediocres, aunque es cierto que la novela policiaca vive una eclosión que hace más difícil filtrar el grano de la paja. Las novelas negras sí que son las nuevas novelas de caballerías de Don Quijote. He leído bastante a Fred Vargas, a Camilleri o a Petros Márkaris, sigo con asiduidad a Lorenzo Silva y a sus entrañables guardias Chamorro y Bevilacqua, disfruté mucho con las dos obras del gallego Domingo Villar, del que espero con ansia la siguiente entrega, y de vez en cuando leo alguna obra que me llama la atención, como fue el caso este año de ‘La novia gitana’, pero no lo hago por el hecho de que sean novelas negras; compiten en mi mesilla de noche en igualdad con Alejandro Palomas, con Stevlana Alexievich o con Modiano. La elección depende del momento en que te encuentres”.

Prefiere ser catalogado como un nobel novelista de aventuras, un género que reivindica con pasión. “Las novelas de aventuras son el territorio de mi juventud y todo el mundo quiere volver al territorio de su juventud de vez en cuando. Al menos para mí es una necesidad vital que con los años aparece cada vez más a menudo. Además echo en falta en las mesas de novedades novelas de aventuras más allá de la literatura juvenil; yo creo que por eso escribí “Los nombres de los barcos”’.

PERIODISMO Y LITERATURA

En la conversación ya más distendida tras la presentación madrileña de su libro, Juan Carlos Vázuez reflexionaba sobre el periodismo, la literatura y la unión entre ambos géneros: “El periodismo y la literatura son dos hermanos mellizos, tan parecidos que muchas veces se confunden o incluso son uno mismo. Entre mis grandes referentes hay claros ejemplos de ello, desde Ernest Hemingway o Truman Capote hasta el querido García Márquez, Tom Wolf, o la gran periodista y escritora bielorrusa Stevlana Alexievich que descubrí cuando le dieron el Nobel. En los casos de estos cinco autores –y fíjese que tres de ellos han ganado el Nobel- gran parte de su obra es literaria y periodística a partes iguales. En mi caso concreto, el periodismo me ha dado oficio, que en ocasiones es lo único que puede suplir al talento. Escribir reportajes, crónicas o entrevistas es muy distinto a hacer una novela, pero te da el hábito de sentarte a diario frente al teclado y eso, unido al disfrute de la lectura, ya es un avance importante cuando te planteas dar el salto a intentar hacer literatura”.