Las elecciones generales de octubre en el país andino están a la vuelta de la esquina y si algo han dejado claro los resultados de las primarias es que el peronismo regresa con fuerza.

Y aunque muchos se preguntan cómo es posible, lo cierto es que el peronismo tiene algo práctico para todos. Sus tres principios básicos: soberanía política, independencia económica y justicia social siempre han sido lo suficientemente unificadores – y fáciles de utilizar de manera populista – como para hacer sentir identificados a los obreros, la burguesía industrial o incluso el ejército.

Ahora el país se polariza en los extremos representados por el actual jefe de Estado, el liberal Mauricio Macri, y la presidenta precedente, la peronista de centro-izquierda Cristina Kirchner, que es hoy la candidata a vicepresidenta de Alberto Fernández, el ganador de los comicios del pasado fin de semana.

¿Qué opinan los mercados? Si hay que definirlo en una sola palabra, es pánico (y eso que los resultados que de verdad marcarán el destino del país serán los que salgan de las urnas el próximo 27 de octubre). La amplia victoria de Fernández provocó el caos en lo que ya se ha denominado ya un “lunes negro” en la economía argentina, que vaticina unos meses si cabe más complicados. La moneda nacional, el peso argentino, se desplomó un 25% frente al dólar – a pesar de la meteórica subida de los tipos de interés hasta el 74% – y algunos de los valores bursátiles cayeron hasta un 60% (la sesión cerró con una caída media total del 37,9%).

Macri, el actual presidente, pierde apoyo y por tanto autoridad en un país que debe esperar a octubre para votar y depositar de forma definitiva su confianza en un candidato, que no ocupará la Casa Rosada hasta diciembre. ¿Puede permitirse Argentina tantos meses sin gobierno? Si en España ya estamos viendo los efectos perjudiciales que esto acarrea, Argentina está expuesta si cabe a riesgos mucho mayores.

La Casa Rosada, sede del Ejecutivo argentino

Y es que la amenaza y el miedo de que un nuevo gobierno populista hace que se tema por la devolución del mastodóntico crédito de casi 60.000 millones que el FMI concedió al país hace sólo un año. Las medidas intervencionistas del último gobierno peronista, con Cristina Kirchner como presidenta, entre las que destacó lo que se denominó el “cepo cambiario” (o lo que es lo mismo, la intervención gubernamental del mercado cambiario para la adquisición de divisas con el objetivo principal de frenar la fuga de dólares) hacen que la incertidumbre se haya apoderado de unos mercados que todavía no han aprendido a manejar la falta de confianza.

¿Qué pasará en octubre? Todo apunta a que la reelección de Macri es improbable, más aún vista su incapacidad de reaccionar ante la derrota: sin autocrítica, sin propuestas claras y limitándose a responsabilizar al peronismo de todos los males, amenazando con que este “lunes negro” ha sido sólo el principio de lo que le espera a Argentina en el futuro próximo si finalmente Fernández llega a la presidencia en un país que ya está sufriendo una inflación cercana al 50% anual que se dispararía si el peso sigue cayendo.

Hace falta hacer algo y rápido, pero es complicado que Macri y Fernández – cuya relación personal se dice que es pésima – se entiendan. Y es que por mucho que el futuro de Argentina esté en juego, tenemos que recordar que en el fondo ambos son políticos de signos opuestos en campaña electoral luchando por mantener o alcanzar el poder – un poder que desde que se celebraron las primarias, se ha quedado sin dueño – y eso hace casi imposible que se alcance un acuerdo.