Mucho se habla últimamente de la «España Vacía» – un fenómeno que normalmente asociamos a éxodo de población desde las zonas rurales – y nos olvidamos de un fenómeno igualmente grave que podríamos llamar «la España que se vacía».

Se trata de un fenómeno paradójico si pensamos que la población española ha aumentado alrededor de un 36% desde 1975 (pasando de un país con 34,2 millones de habitantes a otro de casi 46,9 millones) pero sin embargo fuera de las grandes metrópolis, son muchas las provincias y ciudades de España que han perdido población.

Es como si las antiguas capitales de provincia – en nuestro caso, incluso de reino – fuesen entrando en estado vegetativo poco a poco y alrededor de las grandes metrópolis – incapaces ya de absorber más habitantes – surgieran núcleos de población casi carentes de historia para sustituir a aquellos que un día la escribieron.

Es como si en el famoso kilómetro cero de la Puerta del Sol hubiese un gigantesco agujero negro que engulle a todo el que pasa por allí y lo escupen a la periferia. Porque siendo realistas, las grandes ciudades no pueden – o simplemente no quieren ya – tener más habitantes.

Y aunque los atraen con promesas de futuro, una mediática prosperidad económica, una efervescente vida social e infinitas posibilidades laborales, la realidad es que la gran mayoría sólo podrán divisarlas en el horizonte. La competitividad, los bajos salarios y el alto coste de la vida les enviarán bien lejos de los brillantes neones de los teatros de la animada Gran Vía o los imponentes edificios del señorial Barrio de Salamanca.

Así la urbe les expulsa a un extrarradio de ciudades que ganan en población y con ella, en riqueza, servicios y recursos a costa de que las ciudades medias que daban equilibrio a la geografía española se precipiten a un vacío que casi presagia la muerte.

León es un claro ejemplo de este fenómeno. Nuestra ciudad ha pasado de tener 147.780 habitantes en 1995 a 124.772 el año pasado. En el mismo período Parla ha pasado de 72.788 vecinos a 125.898. Actualmente, uno de cada tres nacidos en nuestra provincia vive fuera de ella, la gran mayoría de ellos (50.243) lo hace en Madrid.

Llegamos al punto de no retorno y puede ser que la «Mesa por el Futuro de León» sea nuestro último recurso y que mañana defina nuestro Futuro. Esperemos que así sea y que de serlo, sea para el bien de todos.