El Panteón de los Reyes de San Isidoro es una de esas joyas de nuestra cultura que muchas veces pasamos por alto, buscando lejos tesoros que en realidad están aquí mismo.

Tras numerosas restauraciones para que los reyes, reinas, infantes, condes y nobles que allí reposan puedan recibir el merecido homenaje y la admiración de cuantos visitan esta maravilla del románico español, que actualmente puede visitarse cumpliendo ciertas normas de seguridad: en grupos reducidos de máximo 12 personas, con distancias de seguridad y mascarilla.

Así, tras el parón provocado por la pandemia, este verano se ha podido ya disfrutar de nuevo de sus frescos, repletos de historia y color. En cada bóveda de la cripta se pueden admirar escenas del cristianismo (Navidad, Pasión y Resurrección) que conviven con escenas paganas como el calendario agrícola.

La Anunciación de los pastores, La Santa Cena, La Crucifixión o la representación paradigmática de Cristo en el románico, el pantocrátor, situado en este caso el centro del calendario agrícola, actúa como protector de los leoneses y de los campos. No deja de ser curioso que la escena en la que se enmarca esta imagen sea la del Apocalipsis de San Juan, que simboliza el miedo al castigo y la petición de protección en una misma obra.

Aunque resulta inevitable que los ojos se vayan hacia estas maravillosas pinturas, no se debe dejar pasar la oportunidad de contemplar los capiteles. A lo largo de los años, se ha popularizado el reto de hallar la conocida escena de la resurrección de Lázaro.

Vista exterior de San Isidoro.

LA HISTORIA DE LA BASÍLICA

La Real Colegiata de San Isidoro de León es uno de los conjuntos románicos más importantes de Europa y supera los mil años de historia. Desde el siglo X, San Isidoro y su Museo se han convertido en un referente turístico y cultural para la ciudad de León.

El claustro de San Isidoro albergó las primeras Cortes de la historia de Europa en 1188, bajo el reinado de Alfonso IX. Gracias a lo cual en 2013 fue reconocida por la UNESCO como Cuna del Parlamentarismo.

Se cree que el verdadero origen de la Basílica de San Isidoro es un antiguo templo romano dedicado al dios Mercurio sobre cuya base se construyó posteriormente una iglesia dedicada a San Juan Bautista y a su lado – en el año 966 – se comenzó  la construcción de un monasterio para albergat los restos de San Pelayo.

Ambos fueron arrasados por Almanzor en el año 988, pero tras la reconquista y bajo el mandato del rey Alfonso V, se recontruyeron como el Monasterio de San Juan y San Pelayo, de estilo prerrománico.

Ya en el siglo XI siendo rey Fernando I el Magno, se reconstruye el templo sustituyendo el ladrillo por piedra sillar dando a la basílica un aspecto similar al actual, ya consistente con el estilo románico y adoptando el nombre de San Isidoro, al trasladarse los restos del santo sevillano al monasterio en el año 1063.

Fernando I y su esposa, Doña Sancha, comienzan la construcción del Panteón Real que alberga en sus sepulcros a 33 miembros de la Corte Leonesa – 11 reyes, 12 reinas y 10 infantes, además de 9 condes y diversos nobles –  y que tras su muerte verá sus murales decorados gracias al encargo de su hija la Infanta Urraca, que continuó también con la labor de ampliación del templo.

Tras fallecer esta, fueron el rey Alfonso VII y su hermana Sancha los continuaron con el proceso de construcción de la basílica, que fue consagrada el 6 de marzo de 1149.