La increíble odisea de la lauda de Alfonso Ansúrez, de Sahagún a Harvard y Madrid

El profesor de Harvard Prado-Vilar resaltó en Sahagún e valor excepcional de los restos de este sarcófago, cumbre artística del románico

La historia de la lauda románica (S.XI) de Alfonso Ansúrez es el prototipo del abandono y expolio del patrimonio histórico y artístico español tras las desamortizaciones del siglo XIX y la ignorancia e incultura de las autoridades del mundo rural español, que propiciaron, por ejemplo, que anticuarios sin escrúpulos como Arthur Wynne y multimillonarios especuladores como W. Randolph Hearst,  saquearan bienes culturales de incalculable valor artístico para engrosar colecciones y museos privados de medio mundo, sobre todo de los Estados Unidos.

Este fue el tema central de la conferencia que ayer tarde impartió en Sahagún el profesor de la Universidad de Harvard, Francisco Prado-Vilar, centrada en “De tumbas, freyes y sabios: esplendor y diáspora del patrimonio artístico de Sahagún”. La historia de la lauda de Ansúrez bien merecería una película a lo Ciudadano Kane.

Alfonso Ansúrez resucitando por la mano de Dios

La lauda de Alfonso Ansúrez fue encargada a finales del siglo X por los padres del difunto a escultores del taller de Sahagún. Formaba parte de un gran sepulcro de mármol, a imitación de los romanos, que fue instalado en la iglesia del antiguo convento cluniacense de San Benito de Sahagún, del que hoy quedan aún bastantes ruinas. Allí permaneció hasta la desamortización de Mendizábal del siglo XIX. Burgueses, comerciantes y propietarios de toda la comarca utilizaron los edificios del monasterio como una auténtica cantera, comprando piedras, ladrillos, maderas y todo lo que pudiera ser reutilizado.

El sepulcro de Alfonso Ansúrez fue desmantelado y su lauda fue comprada por un vecino de Sahagún y trasladada al cementerio municipal, seguramente para ser reutilizada en una tumba. Allí pasó de manos en manos, hasta que su último propietario, Juan Guaza, la vendió al anticuario Arthur Wynne, quien ya había expoliado otras muchas obras de arte españolas. Meses antes de que la lauda fuera cataloga y, por consiguiente, protegida como monumento nacional, Wynne la vendió a la Universidad norteamericana de Harvard. Corría el año 1925.

En el momento de ser vendida, la lauda estaba tirada en medio del cementerio de Sahagún, cubierta de hierbas y tierra, en completo olvido. Allí fue fotografiada por el norteamericano Porter.

Nada vez conocerse la venta fraudulenta, personalidades del mundo de la cultura española, como el historiador Gómez Moreno, y el propi Gobierno español reclamaron la devolución de la lauda, algo que no se conseguiría hasta 1933, en tiempos de la II República y gracias a los esfuerzos del director de Bellas Artes, Ricardo Orueta.  Eso sí, la devolución no fue gratuita. España entregó a Harvard dos columnas románicas. Hoy la lauda puede ser contemplada en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

En 1933, la lauda regresó a España y fue depositada en el Museo Arquelógico Nacional

PIEZA CLAVE DEL ARTE FUNERARIO ROMÁNICO

El profesor Prado-Vilar, buen conocedor del Museo de la Universidad de Harvard, detalló el valor artístico de esta lauda románica, detallando su significado simbólico y destacando que los artistas que la tallaron siguieron modelos del arte funerario romano y escenificando en mármol el mito de Selene y Endimión.

Hizo énfasis el ponente en el fino trabajo de los autores, logrando visualizar la resurrección de Alfonso Ansúrez, quien recibe el impulso divino de la mano de Dios y con un juego de relieves y claros y oscuros dotan a la lauda de una falsa movilidad, dando la sensación de que Ansúrez se levanta resucitado de la tumba. “Los autores logran en la figura de Ansúrez dar la sensación de que resucita ante Dios y mira fijamente al espectador. Se representa el momento en que despierta de un sueño eterno. La impresión en sus padres al contemplar el sarcófago sería de alivio y consuelo”, aseguró el profesor Prado-Vilar.

El profesor Prado-Vilar

En esta lauda es la primera vez en el arte funerario románico que se representa la mano de Dios o de Cristo, en este caso acompañada por ángeles que revolotean por la escena y por los cuatro evangelistas. En el vértice de la lauda se grabaron la fecha y el nombre del fallecido.

El Auditorio  Carmelo Gómez de Sahagún siguió con sumo interés la conferencia, ilustrada con numerosas fotografías, gráficos y mapas. El acto fue presidido por la alcaldesa Paula Conde y organizado por la asociación cultural Sofcaple y el Auntamiento de Sahagún.