Al señor Iceta:

No sé si recuerda la frase del titular. Era el lema de la campaña con la que una conocida marca de muebles y decoración de hogar se ganó la simpatía de casi todos… En la reciente campaña electoral, aunque nadie se ha atrevido a decirlo en alto, más de uno ha jugado a la ambigüedad al respecto para arañar votos. Aquí hay naciones para todos… o bueno, como suele pasar siempre, para casi todos.

Porque ahora resulta que, según usted, España – por primera vez en su historia, porque en estos casos, la historia es lo de menos y cambia a criterio de quien la cuente – es una nación de naciones. De ocho naciones, para ser exactos, o si me apura, nueve. Galicia, Aragón, Valencia, Baleares, Canarias, Andalucía, País Vasco y Cataluña. Y como usted bien sabe, Navarra sería la novena.

Y aquí, de nuevo, la historia es lo de menos… o lo que es lo mismo, empezamos a hablar de nuestra historia en el punto que nos conviene. Como si yo le contase mi vida y decidiese que todo empezó en mi vigésimo tercer cumpleaños y borrase de un plumazo lo demás. Porque habrá notado que regiones muy prominentes, es más, regiones que fueron reinos que dominaron España o si me apuran, el mundo entero, no son naciones. Que alguien – usted, por ejemplo – me explique el baremo. O mejor, no.

No me interesa jugar diseccionar a la gente según sus supuestas diferencias como si se tratase de abrir Matrioshkas. Y sí, por supuesto que un andaluz es, en muchas cosas diferente de un vasco, al igual que un parisino tiene poco que ver con un bretón o, si me apuran, yo tengo poco que ver con mi primo pequeño, por mucho que seamos familia.

Se empieza por pensar en las cosas que nos diferencian como pueblo y se acaba hablando de raza, cuestiones de pureza de sangre y RHs negativos como ya hizo cierto político de principios de siglo (y ojo, que aunque al decirlo así parezca que pasó hace mucho, realmente si lo piensan no hace tanto).

Porque lo que tiene jugar a abrir Matrioshkas es que uno sabe donde empieza pero no donde termina… Porque empezamos independizando León pero entonces, una vez abierta la caja de Pandora, nos damos cuenta de que los de la montaña son diferentes a los parameses y que a los bercianos le pasa lo mismo con los maragatos y claro, eso solo puede terminar, como el anuncio, en la República Independiente de la casa de cada uno.

Y es que nos seguimos empeñando en romper cuando la riqueza viene pecisamente de hacer todo lo contrario. No nos empeñemos en constituir de nuevo Reinos de Taifas, cuando sabemos que su división fue precisamente lo que propició su caída.

Raquel Canseco