La iglesia de San Juan de Valderas (siglos XVI al XVIII) es un caso único de la provincia. Cerrada al culto desde hace décadas conserva en su interior sus retablos, mobiliario, imágenes y tallas. Eso sí, todo cubierto de una gruesa capa de polvo y de viejas telarañas. El propio titular, una bella talla barroca de San Juan, contempla desde el sucio altar mayor, también barroco, sin policromar, tanto abandono y desidia. Ahora, a este panorama desolador se suma la amenaza de que las grietas aparecidas en la torre provoquen desprendimientos.

El alcalde Agustín Lobato ya ha dado la voz de alarma sobre el deterioro de la torre de la iglesia de San Juan. Derrumbes de las abandonadas galerías de las bodegas subterráneas que recorren todo el pueblo desestabilizan los cimientos de la torre y provocan las grietas que recorren sus muros.

En el Obispado, propietario de la iglesia, ya han puesto en conocimiento del arquitecto diocesano el deterioro de la torre. Se espera una inspección en las próximas semanas y la elaboración de un informe técnico. El problema es que no hay dinero. El Ayuntamiento no puede hacer frente a ningún tipo de inversión para reparar la torre y desde el Obispado se alega que tampoco hay recursos.

Interior abandonado de San Juan/ MC

Así que tanto Ayuntamiento como Obispado miran a la misma dirección, a la Junta de Castilla y León, como única alternativa real y posible para actuar tanto en la torre como para poner en valor el interior de la iglesia.

Desde el Obispado se recuerda con tristeza el intento llevado a cabo hace ya cerca de quince años para repetir en la iglesia de San Juan de Valderas el proyecto que con tanto éxito se materializó en la localidad palentina de Becerril de Campos, cuya iglesia es hoy un museo de arte sacro de gran importancia histórica y artística. Se formó una comisión tripartita entre Obispado, Ayuntamiento y Junta, pero no se pasó de ahí. El proyecto de restauración de la iglesia se limitó, que no fue poco, a los tejados y a la torre, pero no se intervino en su interior. Aquellas obras costaron cerca de medio millón de euros.

Algunas de las piezas más importantes de esta iglesia se restauraron y se trasladaron a lo que iba a ser el museo sacro de Valderas, instalado en otra iglesia del pueblo. Al final, este proyecto también ha quedado a medias.

Una de las tallas que se conservan el interior, cubierta de polvo/ MC

IDEA DE UN MUSEO DE ARTE SACRO

Han pasado cerca de quince años de aquella intentona para rehabilitar el interior de San Juan y ahora se presenta una nueva oportunidad para llegar a un acuerdo, toda vez que hay que actuar sobre la torre. El Obispado estaría dispuesto a ceder el uso de la iglesia para conformar el gran museo de arte sacro que necesita Valderas y que pudiera ceder, asimismo, la colección de etnografía, propiedad de la parroquia, cuya importancia puede ser mayor que la colección del Museo Etnográfico de Mansilla de las Mulas.

La iglesia se abre esporádicamente y siempre antes de la Semana Santa, ya que la cofradía del Nazareno tiene su sede en su interior y ahí prepara sus pasos y las salidas de las procesiones. La falta de vigilancia constante ha provocado algún expolio de tallas e imágenes. No hay un inventario actualizado y parte de su mobiliario, como bancos, confesionarios, retablos o cajoneras se amontonan en capillas utilizadas como auténticos trasteros.  El polvo y el olvido se señorean en esta auténtica  cápsula del tiempo.

El futuro de San Juan pasa por el acuerdo entre Obispado, Ayuntamiento de Valderas, Junta y Diputación para diseñar un proyecto de recuperación y musealización a medio y largo plazo. La iglesia está declarada Bien de Interés Cultural (BIC), declaración que no ha impedido su olvido, degradación y ahora la ruina de su torre.

Valderas
Un retablo desvencijado

LA IGLESIA

La fábrica de la iglesia es del siglo XVI, aprovechando restos de construcciones anteriores. Es la típica iglesia de salón, de tres naves iguales separadas por unas enormes y gruesas columnas, y pintadas de azul, pero que se adivinan de piedra. El techo está cubierto por bóvedas de yeso. La iglesia es un tesoro por descubrir.

La capilla mayor, presidida por un enorme retablo sin policromar del siglo XVIII, está rematada por una cúpula estrellada plateresca. San Juan, resignado, ve como el polvo va cubriendo su mirada. Para lo que hay que ver, pensará el santo.

Los vecinos que aún recuerdan el esplendor de esta imponente iglesia advierten que el auténtico valor no está ni en los retablos, ni en sus tallas ni en las bóvedas estrelladas sino en el suelo. Un  suelo de madrera, dividido en rectángulos que no son sino tumbas, todas ellas numeradas, lo que convierte a este edificio en una auténtica iglesia funeraria, de las pocas que quedan en España.

Retablo mayor de San Juan/ MC

Ante de generalizarse el uso de cementerios a las afueras de los pueblos, las iglesias servían como lugar de enterramientos. Esta iglesia da fe de ello. Aquí hay decenas de tumbas en sus suelos. Enteramientos de caballeros y personalidades cerca de las capillas principales y de gente humilde a los pies y a las entradas del templo. Que siempre ha habido clases. Hay quien asegura que estas tumbas están orientadas según el recorrido de la luz que entra a la iglesia por la linterna de su cúpula.

En el interior quedan restos de viejas goteras, ya  secas y  convertidas en manchas de la historia. Sólo la sacristía amenaza ruina. El magnífico pórtico de entrada luce hoy también su esplendor, mirando a la vieja plaza de ganado, la misma que en la Edad Media y en el Renacimiento ofrecían a los mercaderes de Flandes las mejores ovejas de la comarca, con lana de muy alta calidad.