BAJO EL AGOBIO

El Bierzo vive momentos difíciles. El anuncio del cierre de las centrales térmicas ha añadido dificultad a una situación ya muy deteriorada por la convergencia de la crisis financiera, la de la construcción y el ocaso de la minería. Su efecto combinado ha generado un proceso depresivo más intenso y sin duda más largo que el del conjunto de la economía española con efectos muy negativos sobre el empleo y el comportamiento del PIB. En un clima de incertidumbre como el actual no es fácil atraer inversiones y pensar en la recuperación del empleo.

Malas noticias para una comarca que cuenta con una dotación excepcional de recursos, suelos excelentes en el Bajo Bierzo, un sector agroalimentario de calidad, una base industrial relevante y una mentalidad empresarial emprendedora.

Pese a las dificultades, o quizás por ellas, la economía berciana ha sabido diversificarse, fortalecerse y abrirse al exterior a medida que el sector energético perdía envergadura. Y el turismo y la hostelería, la otra gran fuerza motriz, han ganado importancia.

Es un espacio coherente, diferenciado y con un enorme potencial económico que paradójicamente ha encontrado su mayor dificultad en aquello que ha sido su mayor riqueza: la producción energética.

El PARADIGMA DEL DESARROLLO SOSTENIBLE

Entre las singularidades que distinguen a la comarca, hay que destacar, por su arraigo, su relevancia y su historia, el complejo energético. El Bierzo cuenta con reservas de carbón aun significativas, dos centrales térmicas y un proyecto de captación de CO2 aún pendiente de terminación pero con una inversión multimillonaria ya realizada, todo lo cual se sumará en pocos meses la central de biomasa de Cubillos.

Hubo un momento en que parecía que la interacción de estos elementos podría aportar, en el marco del desarrollo sostenible, las sinergias necesarias para apoyar la evolución de la economía hacia un nuevo modelo.

El concepto de desarrollo sostenible, acuñado en 1987 por la Comisión Bruntland, creada a iniciativa de Naciones Unidas, y adoptado ese mismo año por la Comisión Mundial del Medio Ambiente, postula que es posible conciliar los objetivos económicos, sociales y ecológicos del desarrollo. El enfoque, plenamente asumido por la Unión Europea, sostiene que se puede impulsar el crecimiento económico y reducir, al mismo tiempo, los gases de efecto invernadero.

Bajo un enfoque técnico adecuado, el crecimiento de las actividades productivas – incluidas las energéticas – no solo es compatible con la preservación del medio ambiente, sino que este puede constituir un elemento estratégico del desarrollo.

En el caso de El Bierzo, las sinergias potenciales entre reservas energéticas (carbón y biomasa), infraestructuras de generación y sistemas de descontaminación permitirían plantear – al menos en principio – un modelo sostenible capaz de involucrar al conjunto de la economía.

Complicado, pero coherente. En primer lugar, porque la reducción de los costes de extracción y el aumento del precio internacional del carbón favorecen la viabilidad de una parte de las reservas. En segundo lugar, porque la utilización de ciclos combinados de carbón y biomasa permite aumentar la eficiencia de las térmicas y, por tanto, el interés económico de su funcionamiento. Y finalmente, porque la puesta en marcha de la CIUDEM y la instalación de sistemas de filtrado y desnitrificacion permitiría cumplir los objetivos medioambientales de la UE para 2050.

La gradual sustitución de los combustibles fósiles por biomasa tendría un efecto potenciador sobre el ecosistema forestal y, por tanto, sobre los recursos endógenos asociados al mismo, favoreciendo las actividades ligadas a su gestión y, en particular, el turismo.

Un paradigma muy distinto al que sustentó la revolución industrial en El Bierzo abriendo la larga etapa de prosperidad anticipada por el talento de Lazurtegui.

EL DILEMA

Sin embargo, en 2013 Naturgy, propietaria de la térmica de Anllares anunció su cierre por carecer, decía, de la infraestructura necesaria para reducir las emisiones de conformidad con las exigencias de la Unión Europea.

En 2017 la junta general de Enel reunida en Roma aprobó el cierre de Compostilla a junio de 2020 por considerar que la inversión necesaria para su adaptación a los requisitos medioambientales – unos 200 millones – la hacía inviable bajo las condiciones europeas.

Central térmica de Compostilla
Central térmica de Compostilla

Efectivamente, el sector energético requiere grandes inversiones a largo plazo cuya realización exige seguridad jurídica, garantías de suministro y aumento de eficiencia. De ahí, las dificultades derivadas de los interrogantes en torno a la captación y almacenamiento de CO2 y por la imposibilidad de definir el mix energético sin que el Parlamento Europeo hubiera debatido la forma de dar cumplimiento a los acuerdos de París sobre el cambio climático.

La confirmación el 20 de noviembre pasado del cierre de Compostilla supuso una auténtica conmoción pública.

Se han multiplicado las protestas sociales, los foros de análisis, las declaraciones de expertos y políticos y las propuestas. No ha faltado voluntad, pero la multitud de agentes e instancias involucradas ha dispersado los esfuerzos sin que se hayan acordado soluciones concretas.

Pero quizás no esté todo perdido. La disyuntiva se reduce, en definitiva, a optar entre apoyar la inversión en sistemas capaces de mantener el potencial de generación preservando el medio ambiente o asumir un proceso de desinversión que aportará dificultades al futuro. Un dilema de primer orden.

EL GRAN SODOKU

Europa, que acumula el 10 % de las emisiones mundiales – menos, una vez que se consume el Brexit – se dispone a liderar la lucha mundial contra el cambio climático. Las medidas acordadas hasta ahora implican cambios espectaculares en el modelo energético y efectos de gran alcance económico, social y cultural en todos los países y en especial en las regiones productoras.

En el caso de España, donde la dependencia energética exterior supone el 72 % del consumo, el carbón autóctono es un recurso estratégico como fuente de generación y estabilizador de precios lo que hace indispensable alcanzar un amplio consenso en torno a la futura Ley de Cambio Climático y Transición Energética que evite cambios abruptos y errores de coste impredecible.

Se necesita además un Plan de Apoyo que aporte soluciones a los trabajadores y los territorios afectados. Para ello, no bastan políticas sectoriales; es preciso hilar más fino y definir alternativas concretas para cada caso.

En el de El Bierzo, las opciones de futuro forman un formidable algoritmo que integra las infraestructuras, la innovación, la exportación, el turismo, los recursos naturales, el medio ambiente… Un rompecabezas para el que no existe una configuración única ni definitiva, pero que obliga a valorar con realismo las posibilidades de cada tema.

Una realidad tan compleja como la de El Bierzo exige, en todo caso, un periodo de transición que permita concretar sin agobios los objetivos, establecer prioridades y definir estrategias. Es preciso establecer las bases para la implantación de un modelo capaz de atraer inversiones y competir con éxito en un mundo globalizado, de mercados abiertos y en permanente cambio. El Bierzo no podrá abordar por sí solo los retos que ha de asumir para adaptarse con éxito a las nuevas realidades. Por eso, no se pueden escatimar el respaldo de las Administraciones, las ayudas económicas necesarias, ni el tiempo que exige esa adaptación inevitable.