La Historia no ha tratado bien a los habitantes de Renedo de Valdetuéjar, corazón del Valle del Hambre, en el Ayuntamiento de Valderrueda, antigua zona minera y ganadera, a tiro de piedra del imponente santuario mariano de la Virgen de La Velilla y de Puente Almuhey, corazón subcomarcal de una zona muy venida a menos por el ocaso de la minería y la decadencia del ferrocarril de vía estrecha. Dice el último catastro que en Renedo hay censados 21 habitantes, 14 menos que en el año 2000. Pero en sus calles, bien adecentadas, hay poca vida. Muy de vez en cuando algún coche serpentea por la estrecha carretera y poco más.

Los vecinos de Renedo sufrieron durante siglos el despotismo de los marqueses de Prado, auténticos señores feudales, amos de vidas y hacienda, señores de horca y cuchillo que sojuzgaron a los habitantes de todo el valle con impuestos abusivos, hasta tal punto de que estaban obligados a pasar hambre para poder pagar el vasallaje. Les iba la vida en ello. Y para dejar bien claro quien mandaba en el valle y en toda el oriente de la provincia, los Prado construyeron un impresionante y suntuoso palacio. Un gran complejo palaciego, de grandes fachadas de piedra, con enormes escudos de leones, columnas y retorcidas portadas  barrocas. Y todo el complejo rodeado de una alta muralla, con cubos defensivos, y una gran  huerta rodeada de una sólida cerca.

Muralla en reconstrucción e iglesia/ MC

Y así durante siglos, hasta que los efectos de la Ilustración y de las revoluciones burguesas obligaron a los marqueses a finales del siglo XVIII a ir aflojando un poco su tiranía y convertirse en absentistas. El palacio entró en decadencia, fue abandonado y antes de que la ruina acabase con la magnífica construcción –el mayor palacio de toda la provincia- los marqueses vendieron sus propiedades a burgueses y comerciantes emergentes, a indianos enriquecidos y a propietarios de la capital.

Los vecinos lograron liberarse del yugo del marquesado y hasta consumaron su venganza comprando piedras, puertas, ventanas, marcos y todo lo que se podía aprovechar del palacio para construir sus casas. El enorme palacio se convirtió en una auténtica cantera, donde los agricultores y ganaderos iban con sus carros y cargaban con materiales para construir sus casas.

Piedras nobles y escudos del palacio están hoy desperdigados por media España. Hasta un vecino de Renedo utilizó el antiguo patio del palacio para construir su casa. Para acceder a su morada utilizó una preciosa puerta barroca del palacio. La muralla y la cerca se fueron derrumbando, ante la indiferencia cuando no satisfacción de los vecinos

Casa construida en el patio del palacio/ MC

RESTAURACIÓN QUE LLEGA TARDE

La propiedad pasó de mano en mano hasta que a mitad del pasado siglo el ilustrado y franquista obispo de León, Luis Almarcha, otro señor de horca y cuchillo, se fijó en los restos de este palacio y, sobre todo, en las enormes fachadas que, milagrosamente, aún conservaban su verticalidad. Pensaba el obispo utilizar estas piedras en la construcción del nuevo santuario de La Virgen del Camino, pero los dominicos, de ideas más liberales y vanguardistas, le dijeron que no. Así que esas fachadas barrocas de Renedo de Valdetuéjar acabaron adornando el nuevo hospital de La Regla en la capital leonesa, al lado de la catedral.

Almarcha terminó por asolar el solar de los Prado. Y en el pueblo quedó sólo el arruinado recinto amurallado. Antes, los vecinos y la propia Diócesis lograron salvar algunos retablos e imágenes de la antigua capilla del palacio y trasladarlos  a la pequeña iglesia del pueblo. Ahí siguen, a oscuras y casi olvidados ante la escasa feligresía que va quedando.

Sorprendentemente ahora, en este inicio del siglo XXI, la herencia de los Prado, que nadie quiso, y perdido ya el recuerdo de tanta injuria contra los vecinos, se ha convertido en una oportunidad, quizás la última, de desarrollo para la veintena de vecinos del pueblo.

Diputación y Ayuntamiento han puesto en marcha un proyecto para reconstruir las murallas y las cercas del palacio de los Prado. El recinto está ya en obras. Los andamios cubren los viejos torreones.  Hay un presupuesto de cerca de 200.000 euros.

Los andamios cubren la muralla/ MC

El proyecto abarca la reconstrucción de los cubos de la muralla, la elevación de las mismas murallas para igualar su altura, la limpieza de todo el solar, el análisis de material arqueológico y hasta el diseño de un recorrido de futuras visitas guiadas, mediante la colocación de paneles informativos. Hasta hay en mente la posible construcción de un centro de recepción de visitantes.

Un plan que quizás llegue demasiado tarde por la despoblación, el envejecimiento, la caída de la actividad económica de toda la zona y la huida de los jóvenes. Sólo queda la esperanza de que la puesta en valor del solar de los Prado, unido al cercano santuario de La velilla, la iglesia románica de San Martín y el valor ambiental y ecológico de todo el valle pueda ayudar para evitar la quiebra humana y material del antiguo Valle del Hambre, hoy convertido en un valle más del olvido de esta provincia.