A veces me da la sensación de que los políticos son incapaces de plantear soluciones a medio plazo a los problemas reales de la sociedad porque sólo importa lo inmediato, el titular, la foto, el tweet.

No hay lugar al diáliogo porque aquellos que tienen el poder en sus manos están tan seguros de ostentar la verdad absoluta y de que su solución es la definitiva que para temas tan importantes como pueden ser la reforma del mercado de trabajo o el sistema educativo muchas veces se actía de forma unilateral dejando al margen a los agentes sociales.

La semana pasada la Consejera de Familia e Igualdad de oportunidades, Isabel Blanco, acudió a escuchar las inquietudes de ASELE (Asociación de Mujeres Empresarias y Directivas Leonesas).

Es un primer paso pero, a pesar de las buenas intenciones, faltaron – quizá por escasez tiempo – debate y diálogo. Porque hace falta escuchar de forma activa y real a quienes sufren de forma directa los problemas para poder plantear soluciones. Porque los techos de cristal no se rompen repitiendo mantras como «SE PUEDE» o con medidas que pueden – en el mejor de los casos – paliar temporalmente la situación (programas como «Conciliamos», premios como los Óptima, códigos de buenas prácticas o ayudas que en muchas ocasiones no recaen en quien más las necesita).

La sociedad necesita cambios estructurales que más mucho más allá de transformar todas las palabras en femeninas. Se necesita avanzar en corresponsabilidad dando pequeños pasos que equiparen las bajas maternales y paternales y racionalicen los horarios para todos, porque sólo cuando de cara a una empresa tenga las mismas consecuencias ser padre que ser madre y el horario de trabajo permita a los empleados disponer de su tiempo, tengan hijos o no, se atacará el problema de base. Pero esto sólo puede saberlo alguien que se haya enfrentado a él y se rodee de gente que lo conoce, fuera de la protección que da la política. Porque la igualdad debe ser para todos, hombres o mujeres, con o sin hijos, ricos o pobres.

Todos sabemos que esto es complicado pero por eso, mientras tanto, las ayudas y medidas deberían repartirse según el criterio de necesidad, por encima del económico, que debería ser el segundo filtro (es decir, primero, las familias que lo necesiten y después, dentro de ellas, primero aquellas con menos recursos).

¿Necesita más una plaza o ayuda de guardería una familia con unos ingresos de 30.000€ en la que uno de los padres no trabaja – y puede por tanto encargarse de su hijo – o una con unos ingresos de 40.000€ en la que ambos trabajan y necesitan a alguien que cuide a su hijo mientras lo hacen?. Si, como ahora, el principal criterio es la renta del hogar, no podemos hablar de ayudas a la conciliación o a las mujeres empresarias cuando en realidad se trata de ayudas a las rentas más bajas ya que ningún baremo tiene en cuenta que esos padres no puedan ocuparse de su hijo debido a sus obligaciones laborales.

ASELE ha lanzado una gran iniciativa buscando el diálogo activo de las empresarias con las instituciones para visibilizar a la mujer en la empresa y dar pasos hacia la igualdad… Ahora sólo falta que éstas escuchen.