Conocíamos casos como el de Valle de la Vaduerna, la localidad leonesa que fue aislada por la Subdelegación del Gobierno debido al contagio masivo por coronavirus que se cree alcanzó a más de un tercio de los vecinos del pueblo.

Pero el pueblo de Maraña, en la montaña leonesa, ha decididido aislarse del mundo por iniciativa propia a pesar de no contar a día de hoy con ningún caso positvo por COVID-19. Hasta nuevo aviso, de allí no se podrá entrar ni salir.

Su alcalde, Omar Rodríguez Bulnes, defiende la medida como medio para «salvarse» y evitar que ninguno de sus cincuenta vecinos de contagie ya que todos ellos pertenecen al espectro de población denominado «de riesgo».

Así, tres de las cuatro entradas que hay al pueblo han sido bloqueadas y la única que queda abierta – que atraviesa el pueblo por el centro – se vigila cuidadosamente. Sólo aquellos vecinos con causa justificada o las Fuerzas del Orden pueden transitar por ella.

A Maraña sólo llega, cada día, el panadero y el único establecimiento abierto al público es la pequeña tienda de la localidad. Quien precise de acceso a través de los tres pasos cerrados, tendrá que pedir la llave, de la que sólo disponen los ganaderos de la localidad.

Además su Ayuntamiento ha habilitado un teléfono móvil para que cualquier vecino pueda pedir ayuda si la precisa con sólo una llamada.
Una de las entradas al municipio de Maraña, bloqueada.
Pero los «marañones» – como se conoce a los habitantes de este pequeño municipio montañés – están resignados. Según su alcalde, ninguno ha alzado la voz para protestar contra el bando municipal, más bien al contrario.
Quizá, porque todos saben, por las noticias de la radio y la tele, que renunciar a la alegría de la gente en las calles o a las charlas con los vecinos en la plaza no supone un precio tan alto si consiguen evitar que el coronavirus llegue al pueblo.
Tarde o temprano volverán los paseos y las risas, se volverán a llenar las casas de aquellos que vienen a pasar fines de semana o vacaciones y volverán también las visitas de los «domingueros» que acuden a disfrutar de la naturaleza en este rincón privilegiado de la montaña leonesa. Tarde o temprano todo volverá a ser como era y para entonces, el mayor motivo de celebración será que todo ha pasado y en Maraña no falta nadie.