Hace décadas escribí un artículo titulado “El valor político de la conjunción copulativa Y”. Está amortizado y no lo voy a transcribir ahora porque no quiero contribuir a la tontuna intencionada del hasta hace poco mandamás de la política en Castilla y León y ex consejero de Presidencia, José Antonio de Santiago Juárez, “el Pica”, como el mismo reconoció que le gusta que le llamen sus íntimos en unas declaraciones en torno a la red de corrupción Enredadera, en cuyas grabaciones policiales salía en referencia a comidas, encuentros, entrevistas y saraos con directores de medios de comunicación para negociar la publicidad institucional anual.

Por razones que ni la inteligencia ni la razón entienden, Santiago Juárez, derrotado en las urnas y ahora convertido en concejal raso de la oposición (PP) en el Ayuntamiento de Valladolid, ha resucitado el viejo fantasma de la cohesión política de Castilla y León exigiendo la reforma exprés del Estatuto de Autonomía para reconocer a Valladolid como capital oficial de la Comunidad. La estulticia es tan evidente que hasta el presidente de la Junta y del PP de Castilla y León, compañero de partido pero íntimo enemigo político, Fernández Mañueco, se ha desmarcado de tal proposición. Lo mismo ha hecho la mayoría de los líderes provinciales del PP del resto de la Comunidad.

Curiosamente el único beneficiado de esta propuesta es el PSOE local de Valladolid, cuyo alcalde trata de imitar la estrategia aragonesa por la que la región se despuebla y envejece a costa de engordar la capital. Lo que sucede es que Valladolid no es Zaragoza y la capital pucelana pierde población y sus jóvenes también se marchan. Valladolid sufre la atracción competitiva de un Madrid cada vez más cercana, gracias a la red radial de infraestructuras, y, a partir de ahora, a la bajada de impuestos para familias y empresas. Valladolid es cada vez menos competitiva a todos los niveles, por desgracia para todos, y cuando llegue la ya cercana crisis del automóvil, monocultivo industrial de la ciudad, sus líderes pedirán la solidaridad y el apoyo del resto de la Comunidad.

Castilla y León tienen graves problemas de vertebración, de despoblación, envejecimiento, de escasez de servicios modernos y cercanos al ciudadano, de escasa industrialización, de falta de conexiones con los grandes ejes de desarrollo, de poner en valor su rico patrimonio histórico y artístico. Hay muchos problemas y graves, pero ninguno de ellos es la capitalidad de la Comunidad.

Hace más de doscientos años, el rey Carlos IV concedió el título de ciudad a mi pueblo en un intento de compensarlo por una dura crisis económica y por la pérdida de protagonismo político en la región. Aquel título de ciudad no trajo nuevas oportunidades económicas ni favoreció por sí mismo el comercio o la industria. Sólo satisfizo el ego de los políticos municipales de aquel entonces. Es el eterno dilema español: Más vale honra sin barcos que barcos sin honra. Ay, así nos va.

Vamos a ver si este mismo coraje e impulso lo demuestra José Antonio de Santiago Juárez cuando la Comisión de Investigación de las Cortes de Castilla y León sobre la financiación y los planes de medios de comunicación de la Junta le llame a declarar y le pida explicaciones detalladas sobre la red de clientelismo, amiguismo y favoritismo en la distribución de las decenas de millones de euros en los últimos años como publicidad institucional a medios de comunicación de la Comunidad.  Ni en Valladolid le van a reír las gracias.