El escaso margen de maniobra que tiene un ayuntamiento intervenido económicamente por el Ministerio de Hacienda debido a su abultada deuda obliga a un ejercicio de un mero postureo político cuando se trata de abordar la aprobación del presupuesto para el próximo año. Es lo que ha pasado esta mañana en el Ayuntamiento de León. Como ha reconocido el alcalde al final de un debate de más de una hora, no hay más cera que la que arde. El presupuesto consolidado para 2020 es de 135,2 millones de euros, diez millones menos que el pasado año porque se ha eliminado –como no podía ser de otra manera- la participación municipal en el mastodóntico proyecto del Palacio de Congresos. El alcalde, el socialista José Antonio Diez, ha reconocido que es un presupuesto “continuista” y que “no hay capacidad para innovar”. Ante ello el único objetivo posible para intentar salir de la férrea vigilancia del Ministerio de Hacienda es apretarse el cinturón  y a partir de 2021 elaborar ya unos presupuestos más acordes con la idea de ciudad que el PSOE tiene en la cabeza.

El alcalde ha insistido en que la única diferencia con años anteriores, es que “hay que saber gestionar”, en este caso, las vacas flacas. Las inversiones van a ser muy limitadas, unos 12 millones de euros, destinados a temas muy concretos: plan Edusi, expropiaciones de terrenos para la ronda interior y para el mantenimiento duro y puro de la ciudad. No hay para más. Sólo las concejalías sociales y la de Cultura tendrán un ligero repunte presupuesto. Las demás asumirán recortes.

En base a que en 2020 los presupuestos de León serán un plato de lentejas, es decir, “las comes o las dejas” porque no hay otra cosa, las bancadas de la oposición han centrado sus críticas al tripartido de hecho PSOE-Podemos-UPL en la falta de diálogo para negociar estos presupuestos. Bien.

Los portavoces del PP y Ciudadanos han tratado de rentabilizar políticamente al máximo una pretendida subida de impuestos, cuando la verdad es que a nivel global, la carga impositiva se mantiene estable. Lo que sucede es que se  creará una tasa medioambiental para empresas y comercios y se volverá a cobrar la tasa de apertura de empresas. Para el PP y Ciudadanos, estas nuevas tasas son una catástrofe, que impedirá la regeneración económica de la ciudad. Una crítica exagerada y alarmista. Entre otros motivos porque aún no existe una ordenanza que regule  las nuevas tasas por lo que no se conoce su importe y cómo incidirá en comercios y empresas.

Ciudadanos y PP han insistido en que los nuevos presupuestos no promueven la igualdad, el empleo y la calidad de los servicios públicos de la ciudad. En fin, una postura lógica para quien debe hacer oposición y, sobre todo, transmitir una postura de fuerza hacia su electorado.

Lo que ha sorprendido en este pleno ha sido el papel de la UPL, partido convertido en el arma arrojadiza del equipo de gobierno contra la oposición. Hábil maniobra del PSOE, que deja en manos del portavoz leonesista, López Sendino, el desgaste en debates de este tipo. Ha sido Sendino y no el portavoz socialista quien ha ejercido de protagonista y activo replicante a la oposición y lo ha hecho con eficacia y contundencia. Hasta el alcalde ha aplaudido con una sonrisa.

En resumen, un debate que sólo ha servido para dejar claro que los presupuestos de 2020 son muy ajustados, de transición y que el objetivo socialista de poner en marcha un nuevo modelo de ciudad, tal y como había prometido en campaña electoral, queda pospuesto para el año 2021.

Hasta entonces, también queda de manifiesto la fortaleza política del tripartido POSE-Podemos-UPL frente a un quiero y no puedo de la suma de PP y Ciudadanos, dos partidos más pendientes de la actualidad nacional, que, al mismo tiempo, se miran de reojo y con recelo mutuo ante la debilidad manifiesta de un Ciudadanos en plena decadencia tras el 10N. Se agradece el intento de la portavoz naranja, Gemma Villarroel, de mantener la iniciativa política, utilizando una desmesurada dureza dialéctica, pero ya se verá si ese intento es suficiente. En definitiva: dos bloques políticos muy definidos.

Una última apreciación. El popular Silván ha traspasado hoy de hecho los trastos de líder de la oposición a su compañero Fernando Salguero, pensando sin duda ya más en sus nuevas responsabilidades como senador y en la batalla que deberá librar por el control interno del Partido Popular que en su posición de ex alcalde y concejal residual del Ayuntamiento.